Mezcla de tristezas y esperanzas

Según acumulo años y experiencias, se me pega más la mirada al pasado contemplando todo lo que queda atrás en el año que acaba y me cuesta más mirar hacia delante al año nuevo. Este 2014 ha terminado para mí con una mezcla de tristeza y esperanza.

Ha muerto mi tía Pili. Era la hermana soltera de mi padre. Una mujer de carácter, castellana, que emigró a Bélgica en su juventud para ganarse la vida, que cuando volvió a España, se convirtió en la ayuda eficaz de todos sus hermanos y sobrinos. Yo siempre estaré en deuda con ella. Fue mi apoyo para acompañar, en su última enfermedad, a mi padre y a mi madre. ¡Cuántas horas de hospital compartidas! Con 84 años mi tía seguía viviendo sola y nadie hubiera dicho que pasaba de los 70. De la noche a la mañana le descubren un cáncer de útero. Ella seguía diciendo: "Si yo me encuentro bien, si no me duele nada...". Tenían que operarla y yo empecé a dar vueltas sobre cómo decirle que se confesara, que uno nunca sabe... Yo soy "la beata" de la familia y me tocaba a mí. El caso es que, en el hospital, siempre estaba rodeada de gente, así que ataqué el tema por teléfono. No me salió bien y se rió porque ella no lo necesitaba, me dijo. Aparentemente la operación fue un éxito, pero a las 72 horas se descubrió una peritonitis que la llevó otra vez al quirófano y de ahí la UVI. Ya no salió. Cuando entré la primera vez a verla con la tía Tere, impresionaba tanto que mi tía se derrumbó al verla tan llena de tubos y tan hinchada. La ayudaron a salir y yo me quedé sola con tía Pili. Era la ocasión que había estado esperando: ¡solas las dos y además ella no podía hablar! Le hablé de la misericordia de Dios, de que era su Padre, de cuánto la quería, que no debía tener miedo, que Él la ayudaría, que confiara en su bondad, que le pidiera perdón, que su hermano Félix (mi padre) desde el cielo también la cuidaba y la esperaba... Le hablaba al oído con la esperanza de que me oyera y le acariciaba la mano mientras tanto, las lágrimas me corrían por la cara. La misma situación se repitió en tres ocasiones, hasta que Dios se la llevó. Sé que recibió el sacramento de la unción de enfermos. Yo, como le dije a ella, confío en la misericordia de Dios. Él, que no se deja ganar en generosidad, habrá registrado en el libro de su vida todas las buenas acciones que realizó...

En cuanto a mí, me hubiera gustado poder ayudarla y acompañarla más para sentir que, al menos en parte, saldaba la deuda de gratitud que tenía con ella. No pudo ser. Ella, que nunca quiso molestar a nadie, apenas estuvo un mes enferma. Con su muerte me he sentido un poco más huérfana y mis hijos han visto mi tristeza. Como casi siempre, mi filósofo de 8 años, Rafa, dijo la frase clave para entender el  momento:

Mamá, qué triste es que se mueran las personas que quieres, ¿verdad?

Sí, Rafa, muy triste.

Pero, mamá, ¡qué alivio es creer en Jesús!

María José Arranz

Mi blog "Andar por casa" 

Me llamo Mª José tengo 48 años, llevo casada con Juanjo casi 24 y tengo 7 hijos: Itziar de 20, Ignacio de casi 18, Javier de 16, “Juanjito” (es para distinguirlo de su padre, ¡en fin!) de 14, Pablo de 13, Mª Maravillas de Jesús (con todas las letras, que su nombre es el cumplimiento de una promesa) con 10 años y Rafael, el benjamín, de 8.
Ah, se me olvidaba, también soy licenciada en Derecho y, en mis ratos libres, trabajo en la administración de una revista.

María José Arranz es autora, editoray responsable del Blog Andar por casa, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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