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Martes, 06 Abril 2021 00:00

Resurrección

Escrito por

Empiezo a escribir este artículo teniendo dentro de mí el recuerdo y la emoción de lo que he vivido, ante el acontecimiento que estábamos esperando con gran inquietud. Me refiero al encuentro personal con el joven que aceleró la marcha de mi hijo al Cielo.

Es inefable expresar con palabras esta experiencia y tampoco puedo hacerlo, para no herir la sensibilidad de los más cercanos, que es imposible que la puedan entender si no la han vivido.

Apoyados en la oración de muchas personas y viviendo la Comunión de los Santos, los de aquí abajo y los del Cielo, hemos experimentado la presencia del Espíritu Santo asistiéndonos con toda su fuerza. Creo que ha sido, para nosotros y también para él, un sello en el corazón que no se podrá borrar en nuestras vidas.

Hemos visto, como dice el Salmo 51, 17, que un corazón quebrantado y humillado no lo desprecia el Señor, como ha sido el caso de este chico que, arrepentido y con el corazón compungido, lloraba la acción que había cometido, sin ni siquiera querernos mirar. He experimentado la ternura de Dios, que no mira las apariencias sino el corazón. He sentido esta ternura con él y hacia él. Estoy segura de que en el Cielo hay más alegría por un pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos, como dice el Evangelio de Lucas 15,7 y la Bienaventuranza de que “los que lloran serán consolados”. Los que lloran sus pecados, no otras cosas. Sus lágrimas eran consecuencia de su arrepentimiento profundo y verdadero; así lo he percibido. Es una bendición el arrepentimiento que hace que el hombre se vuelva a Dios, como ha pasado con los elegidos de Dios: con Moisés, con el rey David y, sobre todo, con Pablo, que pasó de perseguir a los cristianos a dar su vida por ellos. Todo esto es para que podamos ver la misericordia y el perdón. ¡Bendito arrepentimiento que nos eleva a experimentarla y a cambiar nuestra vida!

Dentro del dolor, hemos sentido el consuelo y la alegría profunda del corazón: como dice San Francisco, “la perfecta alegría”.

He visto que, cuando el grano de trigo muere, da mucho fruto, si no, queda infecundo, y también que era necesario para este chico esta terrible experiencia para encontrarse con el Amor verdadero que da sentido al sufrimiento. Si la muerte de nuestro hijo ha servido para dar vida, mi hijo ha cumplido su misión y es el primero que le ha perdonado.

Por supuesto, esto no ha estado exento de mucha tribulación, persecución y sufrimientos en nosotros, ya que no se entiende nada más que lo que se vive. A nosotros, se nos ha permitido el vivirlo con la luz del Evangelio y mediante la fe. Hemos recibido esa gracia, pero, como decía, llena de contradicción y arriesgando hasta el cariño y la confianza de mis propios hijos que no han vivido esta experiencia igual que nosotros, creando barreras que espero que el Señor pueda romper. Están en otro proceso y no lo pueden entender.

El Señor nos ha dicho en su Palabra de Mateo 10,37: “El que quiere a su hijo o a su hija más que a Mí, no es digno de Mí. El que no coja su cruz y me siga, no es digno de Mí”. Esta dignidad no es nuestra, sino Suya, pues nos ha hecho partícipes de ella gracias a Jesucristo, que ha perdido su vida por el hombre para abrirnos el Cielo, el cual podemos experimentar porque Él ha resucitado como cabeza, y nosotros somos su cuerpo y nos espera lo mismo: la Vida Eterna.

Por todo esto y mucho más, hemos podido vivir esta situación creyendo que nos llamaba a ser testigos, por encima de los juicios o críticas de los demás. Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres, aunque estos sean los más cercanos, porque Él no se equivoca y, por encima de todo, es bueno, y todo lo permite para un bien mayor. Es el único que puede sacar el bien del mal.

Esta experiencia que nunca hubiéramos pensado poder tener ha ocurrido para su Gloria, no para la nuestra.

Gracias, Padre, por sostenernos en este combate, y que cada día podamos coger la Cruz, que no es una condena, sino la salvación y la unión contigo.

¡Que el Señor os bendiga y rezad por mí, que soy un pecador!

Reyes Sánchez

20200920 180210Reyes Sánchez vivió una de las experiencias más dolorosas que una madre puede sufrir. Su hijo Juan, a los 19 años, murió defendiendo a un amigo durante la Feria de Sevilla. A la luz de lo que vivió en esos momentos, escribe hoy.

https://www.infofamilialibre.com/index.php/reyes-sanchez

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