Lunes, 18 Abril 2016 00:00

Cartas a mis hijos

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CARTA A MIS HIJOS JESÚS Y RODRIGO ANTE SU PRIMERA COMUNIÓN

Mis queridos Jesús y Rodrigo:
En este mes de abril vais a recibir vuestra Primera Comunión. Desde hace ya tiempo queréis participar plenamente en la Eucaristía como el resto de la familia y ahora que se acerca el día, sé que estáis nerviosos e ilusionados esperando este momento tan importante en vuestra incipiente vida.

Nos hemos estado preparando durante estos últimos años, en el colegio y en casa a través de la Catequesis familiar. Hemos hablado, reflexionado, rezado… Nos hemos reído y emocionado… pero permitidme estas reflexiones y consejos.

Me siento orgulloso de vosotros. De Jesús por compartir con gran generosidad este día tan especial con tu hermano pequeño. De Rodrigo por el interés y el esfuerzo demostrado al incorporarte a las actividades catequéticas de la clase de tu hermano mayor en el colegio. Y de los dos por manifestar que no queréis regalos, que el mejor regalo es recibir a Jesús. 

Pensáis que cuando hacéis de monaguillos sois los que más cerca estáis de Jesús a la hora de la Consagración, la fracción del Pan, la Inmixión o mezcla, o cuando el Sacerdote muestra a los fieles el Pan Eucarístico… y en parte es verdad. Pero ahora Jesús va estar más cerca que nunca, va a entrar en vuestros corazones, en vuestro interior. Es la relación más íntima que se puede tener con Jesús. Es un anticipo del Cielo. Por eso mismo, vuestros corazones tienen que estar “limpios”, puros, y es por eso que habéis recibido ya el Sacramento de la Reconciliación.

Recordad que cuando el sacerdote repite las palabras y los gestos de Jesús en la Última Cena, el pan y el vino se “convierten” verdaderamente en el Cuerpo y la Sangre de Jesús (a esto se llama transustanciación). Pero no sólo su Cuerpo y su Sangre, sino también su Alma y Divinidad, Cristo entero, puesto que Cristo no está muerto, sino glorificado, resucitado. Cristo entero está en cada una de las partes en las que se pueda dividir el pan y el vino. Es el gran regalo que Jesús nos dejó en la Última Cena, junto a la gran enseñanza de servicio y humildad con el lavatorio de los pies y el mandamiento del amor. 

Después de recibir al Señor es momento de hablar con Él, de dialogar con Él. No hagáis un monólogo. Haced también un silencio para poder escucharle. Y ¿qué le podéis decir? Todo lo que se os ocurra: pedidle perdón por todos vuestros pecados, aunque os hayáis confesado; pedidle ayuda para ser mejores cristianos y personas; dadle las gracias por todo: por el regalo de la vida, de la fe, por su amor infinito e incondicional, por su sacrificio en la Cruz, por todo lo que ha hecho por vosotros, lo que hace y lo que hará, por nuestra familia, por los amigos, por el colegio, por los profesores…;pedidle por todas las personas ancianas, enfermas o necesitadas que conocéis, por todos aquellos que os han pedido oraciones y sus intenciones, por los abuelos y familiares, por los profesores ( por D. Alberto, D. Jaime, D. Borja y D. Joseja) por todos los sacerdotes ( en especial por D. Pablo y D. José Luis) y por el Papa, por los cristianos perseguidos, por la paz en el mundo…; decidle a Jesús lo mucho que le queréis y lo contentos que estáis...

Luego vendrá la segunda comunión y la tercera, y la cuarta… pues la Eucaristía es el centro de la vida cristiana y la Comunión el alimento del alma.

Termino con la historia de Emérito. Emérito vivió en Abitene, al norte de África, allá por los siglos IV – V y aunque estaba prohibido celebrar la Eucaristía en las casas, él ofrecía la suya. Un día le arrestaron y le amenazaron con grandes castigos. Emérito respondió que les podían quitar el ganado, las casas, el dinero, pero la Eucaristía no, porque sin la Eucaristía no podían vivir.

Estoy rezando por vosotros y vuestra Primera Comunión. Que el Señor os bendiga.

CARTA A MI HIJO ALBERTO ANTE SU CONFIRMACIÓN

Mi querido hijo Alberto:
Por casualidad, dos días después de la Primera Comunión de tus hermanos, recibirás el Sacramento de la Confirmación. Espero que esta circunstancia no eclipse este momento tan importante de la vida cristiana. 

Me enorgullece que hayas tomado esta decisión libre y maduramente tras una reflexión serena, como también lo hizo tu hermana. Sé que es así y lo has demostrado con los criterios que has utilizado para elegir el padrino que te acompañará en la ceremonia. Cuando nacisteis, tu madre y yo decidimos daros el Bautismo, pero en tu caso fue muy especial. Cuando a la semana de nacer estuviste tan enfermo y no sabíamos que iba a pasar, te bauticé yo mismo de urgencia en el hospital con un poco de agua, lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta. Unos meses después ya recuperado, te bautizamos “como Dios manda”. Y te bautizamos porque creíamos y creemos que era lo mejor para ti (como para tus hermanos), porque te “limpiamos” el pecado original, te hicimos hijo adoptivo de Dios en Cristo mediante el Espíritu Santo y te incorporamos a la Iglesia para que participaras así del sacerdocio de Cristo, quedando impreso en ti un sello indeleble de pertenencia a Cristo.

Pero lo hicimos sin tu permiso. Ahora eres tú el que decides continuar con el camino que te ofrecimos entonces, proseguir con la vida que te presentamos aquel día y en la que te hemos educado y criado, espero que con coherencia. Ahora el compromiso es tuyo. Compromiso de ser testigo de Jesús, de anunciar el Evangelio y trabajar por un mundo mejor.

Piensa que vas a vivir la misma experiencia de los apóstoles en aquella festividad hebrea de Pentecostés: vas a recibir el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús resucitado. Igual que los apóstoles recibirás la fuerza y valentía necesarias para llevar a cabo el triple compromiso que has adquirido y te unirás más firmemente a Cristo. Así mismo serás ungido, como se hacía con los reyes, profetas y sacerdotes en el Antiguo Testamento y con todo aquel que tenía una misión divina que cumplir. Tu misión será ser el reflejo del amor de Dios para los demás.

En los tiempos que vivimos de hedonismo, de materialismo, de hipocresía y tibieza, de neopaganismo y postcristianismo, es de admirar tu determinación. La Iglesia está necesitada de jóvenes valientes y auténticos como tú, pues estoy convencido de que la nueva evangelización será a cargo de jóvenes así o no será.

Que el Señor te bendiga.

Modificado por última vez el Viernes, 15 Abril 2016 20:42
Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

 

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