Jueves, 22 Septiembre 2016 00:00

La mies es mucha...

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Dice mi amiga Carmen que no hay nada mejor que viajar para descubrir otras realidades, e incluso la nuestra, que además se enriquece la persona al vivir situaciones y con personas distintas a las habituales, creciendo, entre otras cosas, en el respeto, la solidaridad y la empatía y además amplía nuestra mente.

Cualquier padre sabe que cuando un hijo regresa de un campamento de verano valora de manera especial las comodidades de la casa, la comida de mamá y, al menos durante unos días, se muestra más colaborador y solidario con el resto de la familia.

Este verano, en ese maravilloso rincón de España que es Raxó, en las Rías bajas, nos hemos dado cuenta de la suerte que tenemos aquí en Madrid, viviendo rodeados de iglesias en las que poder celebrar los Sacramentos y de contar con un buen número de sacerdotes. Me explico. Durante el verano, mi mujer y yo nos proponemos asistir a la Santa Misa todos los días, sin el estrés del trabajo, cursos, reuniones, deberes de los niños, quehaceres domésticos… Durante el mes de julio, en Madrid, es fácil: en las iglesias cercanas a nuestro domicilio hay diversas Eucaristías tanto por las mañanas como por las tardes, aún faltando sacerdotes por los campamentos de verano, JMJ, y otros motivos. En Raxó, durante el mes de agosto, y me consta que durante todo el año, no es tan sencillo. Los días de diario solamente se celebra una Misa a las 21 h, pero que se suspende si hay un funeral, o si ha habido una Misa corpore insepulto por la mañana. Así, alguna tarde cuando hemos acudido a la Eucaristía nos hemos encontrado la Iglesia cerrada. Los domingos y fiestas de guardar hay Misa a las 12 de la mañana y a las 21 h. Pero si la fiesta coincide con la diálisis de D. Antonio, el buen y afable párroco, se suspende la de la mañana, como nos pasó el día de la Asunción de Nuestra Señora, porque no encontró sacerdote que le pudiera sustituir. Las docena de parroquianas asiduas a la Misa diaria, ya nos conocen de estos años, así que ya no nos miran con la desconfianza del primer día que aparecimos con cuatro niños, e incluso nos invitan a leer las Lecturas, nos comentan que el párroco está muy enfermo, que necesita diálisis tres o cuatro veces por semana y que regenta otras dos parroquias de la zona. Realmente es impresionante vivir la Eucaristía con D. Antonio: la devoción con la que la celebra, el sacrificio que le supone debido a su edad (y sobre todo a su enfermedad), el esfuerzo por mantenerse en pie durante toda la celebración, para verle al final rendido en la sacristía, recuperando fuerzas para volver a su casa. Todo un ejemplo de fe y de vocación de servicio.

Más que nunca me acordé de la cita evangélica “La mies es abundante, pero los obreros son pocos. Rogad por tanto al dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Mt 9, 37-38).

Así pues, tenemos que valorar lo que tenemos, cuidar y rezar por nuestros sacerdotes y darles nuestro apoyo, cariño y respeto y pedirle a Nuestro Señor por las vocaciones que puedan surgir y por los jóvenes que se están formando en los seminarios.

Reflexionando y charlando en familia y con unos amigos sobre todo esto, salió a colación el buen trabajo que realizan los sacerdotes, y en general todos los religiosos y religiosas en otros ámbitos que no son las parroquias o los colegios, como pueden ser los capellanes de hospitales, prisiones, asilos y residencias, en el ejército… y cómo los gobiernos de algunas comunidades autónomas quieren que desaparezcan de estos lugares (hospitales públicos y prisiones) donde son tan necesarios.

Mercedes, mi mujer, nos comentó el caso de una amiga suya que falleció en julio tras una dura enfermedad. Su amiga era una buena persona, amable y servicial. Excelente compañera en el trabajo, siempre ayudaba a quien lo necesitaba, su coche constantemente iba lleno de compañeras a las que acercaba a su casa, a su barrio o al metro más cercano y a alguna otra le asistió cuando tuvo problemas personales graves fuera del ámbito laboral. Si ya el ser maestra le otorga un título de servicio, su especialidad -Pedagogía Terapéutica (Educación Especial)- siempre la tuvo rodeada de niños con todo tipo de problemas, enfermedades y discapacidades, a los que siempre trató con cariño y entrega. Mi mujer fue testigo de todo esto. Pero su amiga era “creyente pero no practicante”, creía a su manera… Así, cuando Mercedes supo del estado terminal de su amiga, su máxima preocupación era que recibiera la Unción de los Enfermos, pero aquello era un tema delicado al no ser familia… Y rezó, rezó mucho por su amiga. Cuando falleció nos enteramos que el capellán del hospital pasaba todos los días por la habitación y que en estas visitas le acercó al Señor.

Y para terminar, y hablando de sacerdotes, les recomiendo la película “Si Dios quiere”… pero de eso hablaremos en otra ocasión.

Modificado por última vez el Martes, 20 Septiembre 2016 21:44
Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

 

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