Viernes, 25 Noviembre 2016 00:00

Los celiacos y la comunión

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Llevo varios meses, desde que mi hijo Jesús (celiaco) hizo su Primera Comunión, queriendo abordar el tema de los celiacos y sus dificultades a la hora de comulgar.

Es un tema que genera polémica, aunque no debiera ser así. Unas veces porque es utilizado por los enemigos de  la Fe y de la Iglesia para atacarnos con tanta malicia como ignorancia; otras porque en mayo en plenas celebraciones de Primeras Comuniones siempre hay periodistas que sacan el tema para crear polémica y, en fin, porque también hay sacerdotes, los menos, es verdad, que por desconocimiento o cabezonería son reticentes a emplear formas especiales o seguir el protocolo adecuado para evitar contaminaciones cruzadas, como indican varios documentos de la Iglesia.

Pero, ¿en qué consiste la enfermedad celiaca o celiaquía? La enfermedad celiaca, también conocida como celiaquía o enteropatía sensible al gluten, se caracteriza por una inflamación de la mucosa del intestino delgado como consecuencia de una intolerancia inmunológica y permanente al gluten ingerido de la cebada, del trigo, el centeno y, en aquellos que tienen predisposición genética a sufrir la enfermedad, también a la avena. Esta enfermedad digestiva y genética causa lesiones en el intestino delgado y provoca que se altere la absorción de las vitaminas, minerales y demás nutrientes que contienen los alimentos. Las personas que la padecen suelen presentar una reacción inflamatoria en la mucosa del intestino que ocasiona la dificultad de absorber los micronutrientes. La celiaquía puede tener síntomas muy diferentes. Los más comunes son la pérdida de apetito y, por tanto, de peso, fatiga, vómitos, diarrea, estreñimiento, distensión abdominal, retraso del crecimiento, pérdida de masa muscular, anemia o alteraciones del estado de ánimo que pueden llevar a que, en distintos momentos, el celiaco esté apático, irascible, triste o entre en periodos de introversión. (DMEDICINA.COM)

El diagnóstico es muy complicado y aparecen variables como la edad, la gran variedad de síntomas (no hay dos celiacos iguales), los tipos de celiaquía (los expertos enumeran 6 tipos diferentes) y el grado de intolerancia. Para todos, la ingestión de gluten, aún en pequeñas cantidades puede causar trastornos muy importantes e irreparables, siendo los más graves linfomas y cánceres del tracto digestivo.

Los celiacos pueden llevar una vida prácticamente normal. Solo hay que tener cuidado en el tema alimentario, tanto en la adquisición de los alimentos como en la elaboración de las comidas. Dado que cada vez hay más casos diagnosticados de celiacos (1 celiaco por cada 389 personas en España, y 1 por cada 118 en caso de los niños), cada vez es más fácil adquirir alimentos sin gluten o encontrar restaurantes que garanticen la correcta elaboración de dietas sin gluten. En la vida familiar, quizás lo que resulta más complicado al principio, es evitar la contaminación cruzada, es decir, evitar que los alimentos del celiaco se contaminen con restos o partículas de otros alimentos con gluten a través de la manipulación de los mismos o de utensilios de cocina, cubiertos, etc. Por ejemplo, en casa tenemos dos tostadoras: una pequeña para Jesús y otra más grande para los demás; o a la hora de untar la mantequilla usamos dos cuchillos, uno para recoger la mantequilla y otro para untarlo en las tostadas, porque si por accidente se usa el cuchillo para las dos funciones el paquete de mantequilla queda contaminado. Luego todo es tan fácil como mantener una buena higiene y sentido común. Y por supuesto las revisiones médicas oportunas por el gastroenterólogo.

Volviendo al tema religioso – sacramental que nos ocupa, la Iglesia tiene varios documentos que afronta este tema:  Carta de la Congregatto Pro Doctrina de 19 de junio de 1995 y Carta de la Conferencia Episcopal Española (NOTA DE LA COMISIÓN EPISCOPAL DE LITURGIA SOBRE LA COMUNIÓN DE LOS CELÍACOS Madrid, 20 de febrero del 2003).

Para la Comunión se requieren que las formas contengan una "mínima cantidad de gluten para que sean aptas para ser consagradas", según indica la normativa establecida  por la Iglesia. Por ejemplo, la Asociación de Celíacos y Sensibles al Gluten - Comunidad de Madrid, de la que mi hijo es socio, dispone formas de almidón de trigo, cuyo contenido en gluten por oblea es de 0,016 mg, cantidad que la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica considera perfectamente tolerada por los celíacos. En algunos casos, los celíacos por su gran sensibilidad al gluten, requieren que se ponga a su disposición un segundo Cáliz en el cual la única materia que haya sido consagrada sea el vino y por ende sobre el cual no se haya llevado a cabo ni la partición ni la intinción del Pan eucarístico. 

A partir de estos documentos se han elaborado otros a nivel de  las distintas diócesis que contienen otras recomendaciones más de carácter práctico, como por ejemplo: que las formas especiales deben colocarse en una píxide cerrada, fácilmente reconocible, para evitar toda confusión y cualquier contacto con las formas comunes; que el ministro de la comunión, antes de darla al enfermo celíaco, deberá lavarse bien las manos, si han tenido contacto anterior con las hostias normales; que se ha de preparar un purificador distinto para uso exclusivo del enfermo celíaco; o que cuando sea necesario guardar estas hostias especiales para la posterior distribución a los enfermos o ancianos celíacos, si los hubiere, se conservará en el Sagrario una píxide cerrada y fácilmente reconocible, para evitar todo error.

Nosotros le regalamos a nuestro hijo Jesús una píxide (caja pequeña en que se guarda el Santísimo Sacramento o en la que se lleva a los enfermos) por su Primera Comunión y en ella llevamos a la iglesia la forma especial adquirida en la Asociación de Celiacos y admitida por la Iglesia. Si vamos a una iglesia distinta a la habitual, antes de empezar la Eucaristía,  hablamos con el sacerdote que va a oficiar y le explicamos la circunstancia de nuestro hijo y le dejamos la píxide. Y en estos meses no hemos tenido ningún problema.

Pero cada sacerdote tiene su modo de actuar y estas son nuestras experiencias en algunas de las iglesias donde acudimos a Misa:

En la parroquia donde vamos a Misa habitualmente y donde mis hijos ayudan como monaguillos no hay problema, admiten las formas que llevamos y Jesús comulga el primero, normalmente de mano de uno de los seminaristas que ayudan en la celebración y que tiene las manos “limpias”.

En la iglesia de nuestro barrio, donde vamos esporádicamente, después de varias veces, nos han indicado que tienen formas para celiacos y que no es necesario que la llevemos nosotros y que lo que tiene que hacer el niño es ponerse el último de la fila que se forma cerca del Sagrario y decírselo al sacerdote que administra la comunión que sacará del Sagrario un Copón con formas especiales ya consagradas. Pero no se lava las manos después de haber dado la comunión a todos los fieles, pudiendo “contaminar” las formas especiales. 

En la iglesia de los Padres Dominicos a la que también acudimos alguna vez por cercanía, admiten la forma que llevamos y le dan de comulgar el primero. Unos sacerdotes se lavan las manos antes de darle la comunión y otros le acercan la píxide  para que Jesús coja el mismo la Forma Consagrada…

En el colegio también comulga el último de un Copón con Formas especiales consagradas para los alumnos que tienen esta enfermedad. 

• En la iglesia de los Padres Dominicos a la que también acudimos alguna vez por cercanía, admiten la forma que llevamos y le dan de comulgar el primero. Unos sacerdotes se lavan las manos antes de darle la comunión y otros le acercan la píxide  para que Jesús coja el mismo la Forma Consagrada… (Nota de IFL: Los puntos suspensivos del autor señalan su sorpresa ante la forma de actuar del sacerdote celebrante, puesto que está expresamente prohibida por la Instrucción general del Misal Romano en su nº 160: "No está permitido a los fieles tomar por sí mismos el pan consagrado ni el cáliz sagrado, ni mucho menos pasarlo de mano en mano entre ellos". Esta enseñanza de la Iglesia fue ratificada por la Instrucción Redemptions Sacramentum en el nº 94)

Este verano en nuestro lugar de vacaciones, le explicamos el problema al párroco, que amable y comprensivo con nuestro hijo, no puso ninguna objeción. Explicó a la asamblea, la mayoría personas ancianas, por qué el niño  tenía que comulgar el primero y la existencia de su forma especial con muy poco gluten. Pero inocentemente a la hora de la Consagración puso la forma de celiacos en la patena con la Forma grande y otras veces la ponía en el copón de las formas pequeñas y nos dijo que la distinguía “porque las normales tienen un color tostado” y la del niño era blanca. ¿Cómo explicarle al bueno de D. Antonio, anciano y enfermo el tema de la contaminación cruzada por contacto?  

Como padre de un niño celiaco y a la luz de los documentos que la Iglesia ha divulgado sobre este tema, me gustaría pedir a los párrocos, sacerdotes, diáconos y ministros extraordinarios de la Eucaristía el máximo de respeto y comprensión con los celiacos; que se informen de las peculiaridades de la enfermedad celiaca; que extremen las medidas higiénicas por exageradas que parezcan; que atiendan las sugerencias de los padres o de las personas con esta enfermedad. La celiaquía no es una moda, ni una pose, ni un capricho… es una enfermedad. Hay que  facilitar el acceso a la Eucaristía a los enfermos celiacos interpelados por el llamamiento de Nuestro Señor Jesucristo “Tomad y comed todos de él”.

Modificado por última vez el Viernes, 02 Diciembre 2016 21:13
Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

 

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