Miércoles, 20 Noviembre 2019 00:19

Mentiras

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“No darás falso testimonio ni mentirás”, dice el Octavo Mandamiento de la Ley de Dios, pero en los tiempos que corren casi nadie lo cumple (como los otros nueve, me dirán con razón). Tanto es así que se ha acuñado un nuevo término, “fake” o “fake news”, tal vez para que esta realidad pase desapercibida o diluida por la perversión del lenguaje. Sí, suena mejor que falso, mentira, bulo, embuste, bola, trola, trápala, engaño, embeleco, falacia, engañifa, farsa, patraña…

Cuando era niño nos contaban historias como la de Pinocho, Pedro y el lobo, la zorra y la liebre y otras tantas para enseñarnos que la mentira nos hace daño a nosotros y a los demás y aprendíamos refranes del tipo “la mentira tiene las patas muy cortas”, “se pilla antes a un mentiroso que a un cojo”, “en boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso”… pero ahora desde las series de dibujos infantiles la enseñanza es  la contraria.  Por ejemplo, en una serie titulada “Gravity falls”, uno de los personajes, el tío abuelo Stan siempre miente y se justifica diciendo que a su edad la mentira es necesaria para sobrevivir y después de que su sobrina nieta Mabel intente que diga la verdad, se llega a la conclusión de que la mentira les hace felices y la verdad les perjudica, terminando la niña mintiendo también.

Así, miente todo el mundo sin pudor ninguno.

Son las mentiras cotidianas: El niño que dice que no ha hecho sus tareas escolares por tener que ir a ver a su abuelo enfermo ( y el abuelo vive en Málaga), el compañero que llega tarde justificado por el siempre terrible tráfico madrileño;  el director que para presumir de los resultados de su colegio ante padres y alumnos, al dato cierto de un aprobado del 100% en las pruebas de acceso a la Universidad, le añade el dato “incluídos los alumnos con necesidades educativas especiales” , en vez de decir los alumnos con dificultades específicas de aprendizaje, (una mentira sibilina pues, si no se es experto en la materia o se tiene un hijo con estas características, no se distingue entre ACNEE y DEA), teniendo en cuenta que en ese centro los ACNEES no suelen llegar a cursar la ESO, mucho menos el Bachillerato y en absoluto a presentarse a la EVAU; o el gran almacén que ofrece un 20% de descuento en un artículo determinado y cuando se va a pagar no  hacen el descuento, sino que dan una tarjeta con el 20% del precio del producto a descontar en la próxima compra de otro artículo determinado y en un plazo limitado, ejemplo de la publicidad con su letra pequeña; o, cuando para justificar el bilingüismo, la administración nos dice que fuera de España todo el mundo habla inglés como los propios británicos y resulta que cuando se viaja, encontramos que no es así (mis hijos cruzaron Europa en autobús para asistir a la JMJ de Polonia y así lo constataron, o mi buen amigo Juan no pudo entenderse en inglés con la policía en Estambul para denunciar un robo o  como en un hotel de lujo en Japón nadie hablaba dicho idioma en la recepción) …

Encontramos mentiras históricas, que, a fuerza de repetir, y con la ignorancia como aliada, muchas personas creen firmemente, como la convivencia idílica de las “tres culturas” durante la Reconquista, el genocidio de los pueblos precolombinos por los españoles, la leyenda negra (la conquista de América, la Inquisición, o la Reconquista), o las últimas ocurrencias como que Cristóbal Colón, Cervantes o Santa Teresa de Ávila eran catalanes. La intencionalidad de estas fue o son políticas, económicas, religiosas o culturales. Por ejemplo, la leyenda negra es un movimiento propagandístico antiespañol promovido por escritores ingleses, holandeses y de otras nacionalidades durante el siglo XVI, cuyo objeto era reducir el prestigio e influencia del Imperio español en su Siglo de Oro, en tiempos de fuerte rivalidad política, comercial y religiosa en forma de interpretaciones falseadas de tinte antiespañol sobre episodios históricos como los anteriormente mencionados.

Y llegamos a las grandes mentiras mundiales con las que nos bombardean día tras día los medios de comunicación social. Mentiras promovidas por organismos oficiales como la ONU y organizaciones no gubernamentales ecologistas, feministas y siempre marxistas, cuyo propósito es un cambio radical de la sociedad, de los hábitos y costumbres, de la cultura y de la religión, con una elaboradísima ingeniería social a través de la propia cultura (cine, literatura, series de televisión, documentales…), los mencionados “mass media”, redes sociales, mundo educativo (colegios, institutos, universidades…) , etc.

Me refiero, por ejemplo, al cambio climático o que todas las religiones son iguales, entre otras.

Respecto al cambio climático, servidor no es un experto en la materia, pero, perdónenme, este asunto apesta. Resulta que no podemos comer carne porque las ventosidades de las vacas son las responsables del agujero de ozono, que las familias numerosas somos altamente contaminantes, y que los vehículos diésel son como el dragón del Apocalipsis que su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo contra la tierra… ¿No será que quieren cambiar la economía mediante nuestras dietas y hábitos? ¿No será que quieren exterminar la familia tradicional o cambiar la población europea por otra? ¿No será que alguien está invirtiendo en la fabricación de coches eléctricos de baterías altamente contaminantes y hay que eliminar los actuales? 

Documentales falsos como el del oso famélico flotando en un trozo de hielo en medio del mar; sí, un oso enfermo y viejo en una imagen manipulada por técnicas cinematográficas, un fraude. La niña Greta que cruza el Atlántico en un velero para luchar por el planeta, rodeada de barcos con motores contaminantes y cuya vuelta a su casa fue en avión junto con toda la infraestructura que la rodea, Greta, la niña que llora por los animales muertos por los plásticos y por su infancia rota, pero se olvida de los millones de niños abortados, de los ancianos y enfermos asesinados por la eutanasia, de las niñas  sometidas a esclavitud sexual o mutiladas con la ablación del clítoris, de los niños que trabajan, en condiciones inhumanas, en minas para obtener los minerales preciosos necesarios para móviles, ordenadores y tecnología de última generación…

“No me negarás, que el clima está cambiando, mira las inundaciones de este verano, la desertización, los inviernos tan cálidos, este tiempo tan loco…”, me dicen. Yo no lo sé, pero una red global de 500 científicos y profesionales pertenecientes a más de 20 países de todo el mundo ha hecho llegar un manifiesto urgente al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, con un único mensaje: “No hay ninguna emergencia climática”.

Como decía no soy un experto, ni un científico, además soy de letras. Por eso estudié que en la historia ha habido cinco glaciaciones. Que el Mar Muerto son los restos del Mar Mediterráneo. Que inundaciones parecidas a las actuales, o peores, son el origen de mitos como el de Gilgamesh de los sumerios o nuestro Noé y el diluvio universal. Que como cuenta José Javier Esparza en su libro “Visigodos”, en el Siglo I Europa “conoce un periodo excepcionalmente cálido. Tan cálido que, (…) el cultivo de la vid se había extendido por las tierras que hoy conocemos como Inglaterra y Alemania…”; por esta circunstancia se produjo una superpoblación, que no tenía suficiente alimento, que hizo que muchos salieran de una Escandinavia “que parecía vivir en una perpetua primavera”.

La segunda, todas las religiones son iguales, es mucho más seria y preocupante, pues tal afirmación conlleva un ateísmo implícito y la desaparición de las religiones y en especial, del cristianismo, y dentro de éste, del catolicismo. Si todas las religiones son iguales, pierden valor, se deslegitiman.

No. No todas las religiones son iguales. Sí, todas nacen de la necesidad del hombre de relacionarse con la divinidad y todas, de una manera o de otra, con sus limitaciones sirven para tal objetivo, pero la diferencia radica en que, mientras en otras religiones los fundadores no se manifiestan como Dios, al contrario, se sienten muy pequeños respecto a éste, Jesús de revela como Dios, “yo estoy en el Padre y el Padre en mí.” (Jn 14, 11), actúa como Dios durante su vida y como Dios vence a la muerte en su Resurrección. No es el hombre el que sale a la búsqueda de Dios, sino que es Dios el que sale al encuentro del hombre en su Hijo Jesucristo.

Esta mentira nos lleva a la nueva religión, que nos quieren imponer: la New Age. En palabras del Cardenal Danneels: "No es una religión, pero es por lo menos religiosa; no es una filosofía, pero es por lo menos una visión del hombre y del mundo, así como una clave de interpretación; no es una ciencia, pero se apoya en leyes "científicas", aunque haya que ir a buscarlas entre las estrellas. New Age es una nebulosa que contiene esoterismo y ocultismo, pensamiento mítico y mágico respecto de los secretos de la vida, y una pizca de cristianismo, todo revuelto con ideas que proceden de la astrofísica."  Me atrevo a añadir a la receta del Cardenal, una pizca de budismo e hinduismo (yoga, reiki, mindfulness). 

Dejo para otro artículo la infamia, la difamación y otros aspectos del Octavo Mandamiento.

Al menos, nosotros los seguidores de Jesús tenemos su Palabra y en ella encontramos entre otras, esta maravillosa frase: “La verdad os hará libres”. (Jn 8, 32)

 

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

 

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