Miércoles, 05 Febrero 2020 12:00

Jóvenes

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 “Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. No se ponen en pie cuando entra una persona anciana. Responden a sus padres y son simplemente malos”.

Esta cita, por su contenido, podría haber sido escrita en la actualidad, después de viajar en el metro de Madrid y, sin embargo, fue escrita por Sócrates (470 - 399 A.C.), hace dos mil cuatrocientos años. Podemos encontrar otras citas semejantes de Hesíodo (720 A.C.), o alguna escrita en un vaso de arcilla de Babilonia (actual Bagdad), con más de 4.000 años de existencia. E incluso entre los sumerios los padres y maestros se quejan de actitudes semejantes y lo dejaron por escrito en algunas tablillas de arcilla (Samuel Noah Kramer “La historia empieza en Sumer”).  Parece ser que, generación tras generación, ha ocurrido siempre lo mismo.

Suban al metro y podrán encontrar a chavales sentados como si hubiesen caído en su asiento desde un cuarto piso, espatarrados, con la mochila en el asiento contiguo, con los cascos (auriculares) en la cabeza, cada vez más grandes y aparatosos, pero sin cables, de última generación y en sus manos el teléfono móvil, que es todo menos teléfono. Van absortos en sus redes sociales, siguiendo a los “youtubers” o “influencers” de moda, o viendo el último capítulo de no qué serie que se han bajado, antes de que uno de sus colegas le haga “spoiler”. Aislados del mundo que les rodea, cuando para el metro en una estación, ni levantan la mirada, no ceden el asiento ni a los ancianos, ni a mujeres embarazadas o a discapacitados. Si el metro va lleno y no consiguen asiento (para esto sí se mueven y rápido) se sientan en el suelo. Cuando llegan a su destino, pueden observarles caminando cansinamente, arrastrando los pies, medio encorvados, sin sangre. Entonces, pensarán, como me ocurre a mí, “¡vaya juventud!”.

Recuerdo que cuando teníamos 15, 16, 17 años, éramos jóvenes idealistas, inquietos, soñadores, llenos de ambiciones e ilusiones…. Hablábamos de ser abogados, médicos, ingenieros, periodistas, militares… Nuestro objetivo, formar una familia, defender la verdad, la justicia, cambiar el mundo... Debatíamos y discutíamos de política, de religión, de historia, de cine, de cultura… Teníamos un punto de radicalidad, pero al menos éramos críticos y teníamos argumentos y criterios propios.  Mi generación, los que rondamos la cincuentena, fuimos educados en la austeridad, en el sacrificio, en el esfuerzo, en el respeto a los mayores, en el sentido del deber.

Ahora, la generación de nuestros hijos, de nuestros jóvenes, es una generación rodeada de tecnología, comodidades, sin carencias de ningún tipo… Son personas débiles, ñoñas, malcriadas. Sin sueños, ni ilusiones, sin ideales. Inmaduros. Incapaces de resolver sus problemas y no digamos enfrentarse a enfermedades graves o a la muerte de un familiar cercano. Viven instalados en el hedonismo, en el confort que los padres les ofrecemos gratis. No aceptan, ni quieren compromisos. Es la generación NINI (ni estudian, ni trabajan y añado, ni ganas de hacerlo).  Evidentemente no todos son así, pero incluso los “buenos” son muy blanditos. Y todos, muy manipulables.

Me dice mi hijo (17 años, 2º de Bachillerato) que no entiende a sus compañeros de instituto: la mayoría no sabe qué va a estudiar en la universidad a menos de seis o siete meses para tomar esta importante decisión. El problema radica en que, en vez de elegir una carrera y preparar bien la EVAU (nuestra selectividad) para superar la nota de corte, el proceso es el contrario: hacen el examen y dependiendo de la nota que obtengan eligen carrera. Como no tienen un objetivo que alcanzar ni vocación para nada en concreto, el esfuerzo es mínimo: no estudian, no presentan los trabajos, faltan a clase…; y aunque aprueben dicho examen, la nota no es alta y tienen muy limitado el número de carreras a elegir. Así ocurre que el abandono en los primeros cursos universitarios es muy elevado, bien porque no les gusta lo que estudian, bien porque no van preparados y suspenden, bien porque no asumen el trabajo, el esfuerzo y el sacrificio que supone un estudio universitario. “No saben qué hacer con sus vidas”, se lamenta.

Me lo confirma mi hija (19 años, 2º de Fisioterapia). Algunos de sus compañeros vienen de otra carrera que han dejado a medias. Otros dejaron los estudios y ahora quieren retomarlos. A la mayoría, papá les paga la carrera. Se queja de que, en los trabajos de grupo, la gente no es seria, se esfuerza poco, trabaja con mínimos, es chapucera e irresponsable. Eso sí, protestan por todo y son muy exigentes con los profesores. No termina de entender cómo se conforman con un simple aprobado pudiendo optar al notable, cómo al primer contratiempo se plantean dejar los estudios o la falta de puntualidad en las prácticas, entre otras muchas.

A pesar de ser de mayores que ella, tilda de inmaduros a la mayoría de sus compañeros: pasan de la religión, no distinguen entre un no practicante de un ateo o de un agnóstico, no tienen clara su ideología política, no leen periódicos o escuchan las noticias, no tienen criterio… y para ser universitarios, de cultura general andan muy escasos.

Ahora que tienen los exámenes cuatrimestrales invaden las bibliotecas y salas de estudios, pero ninguno aguanta una hora sentado frente a los apuntes, libros u ordenador. Se levantan a fumar, al baño, a la máquina de café, atienden los WhatsApp… entran y salen, pasan muchas horas allí, pero efectivas muy pocas. Lo sufre mi hija: “¡Así no se puede!”.

Si Sócrates tenía esta sensación y han pasado tantos siglos, todavía hay esperanza, creo. De todas formas, como dijo Enrique Jardiel Poncela: “La juventud es un defecto que se corrige con el tiempo”.

Modificado por última vez el Miércoles, 22 Enero 2020 12:18
Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

 

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