Domingo, 12 Abril 2020 12:00

"Resucitado", reflexiones sobre la película para la Pascua

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A finales de marzo o principios de abril de 2016, al poco de su estreno (23 de marzo) acudí con mi mujer y mis dos hijos mayores a ver esta película. Los dos pequeños no fueron porque nos dijeron que había una escena (la crucifixión) que era demasiado dura para ellos. “Resucitado” nos impresionó a los cuatro. Era mucho más que una película de “romanos”.

En cuanto salió en DVD, la compramos y volvimos a verla en casa (saltando la crucifixión) y nos pusimos hablar, reflexionar y debatir… Fue sumamente fructífero.

Quería compartir aquella película y experiencia con mis alumnos de 6º pero me parecía “arriesgado” (siempre con la espada de Damocles que son algunos padres). No, no la puse, ni el curso de 2017, ni en el 2018, pero al tratar la Resurrección de Jesús, aludí a la película y les di algunos datos y reflexiones sobre ella. El curso siguiente, un alumno de 6º me dijo que la había visto y que le había gustado muchísimo. ¡Era mi oportunidad! Me encomendé al Espíritu Santo y la puse. Fue un éxito, tanto la película, como el cinefórum posterior.

El argumento de la película muy resumidamente es el siguiente: En Jerusalén, el joven y ambicioso tribuno romano Clavius recibe, por parte de Poncio Pilato, gobernador de Judea, la misión de investigar la misteriosa desaparición del cuerpo de Jesús, un predicador nazareno crucificado hace tres días, y los crecientes rumores sobre su resurrección. 

Realmente la película comienza con el tribuno Clavius contando a un hombre que le da cobijo su historia más reciente, le habla de la muerte y resurrección de Jesús: sin darse cuenta se trata del KERYGMA, la proclamación y el anuncio del triunfo de Jesús sobre la muerte y el pecado (como ocurrió con los apóstoles al recibir el Espíritu Santo en Pentencostés).

Clavius comienza su narración con un enfrentamiento con los zelotas, cumpliendo con su misión de oficial romano. Los zelotas o zelotes fue el movimiento político-nacionalista más violento del judaísmo en el siglo I fundado por Judas el Galileo poco después de nacer Jesús. 

A su regreso tiene que dar fin a una ejecución, por medio de la crucifixión, de rebeldes ante la proximidad de la fiesta de Pascua. Lo normal es que estas ejecuciones duraran dos o tres días hasta que el reo muriese por agotamiento y asfixia, pero si se quería acabar con el suplicio de los condenados, como en este caso, se procedía a romper las piernas de los crucificados para que no pudiesen apoyarse en los clavos de los pies y así no poder respirar y morir en pocos minutos. 

Cuando llega al lugar llamado calvario da las órdenes oportunas para acabar con la ejecución y los soldados rompen las piernas a dos de los condenados. Pero Clavius se da cuenta de que Jesús ha muerto sorprendentemente en apenas unas horas y en lugar de quebrarle las piernas ordena que le claven una lanza llamada “pilum” para comprobar y asegurarse su muerte. Era un tipo de lanzada, un movimiento de ataque que el ejército romano ensayaba a diario para usarlo en la batalla bien con la espada como con las lanzas y consistía en atravesar el costado por el pulmón para llegar al corazón. Se cumple la Escritura, “no le quebrarán ningún hueso” y “mirarán al que traspasaron”.

Jesús había muerto por la gran paliza a base de latigazos, que había recibido en la fortaleza Antonia por orden del procurador romano. Normalmente los condenados a la crucifixión no recibían este castigo, solo eran flagelados cuando se resistían o no avanzaban con suficiente rapidez por el camino. El castigo a Jesús fue especial, duro y desproporcionado. Tal vez Pilato pensó que con éste daría satisfacción a los sumos sacerdotes y salvaría la vida de Jesús que consideraba inocente. Pero ante el chantaje político al que se enfrenta (“no tenemos más rey que el césar”, “Si pones en libertad a este hombre, no eres amigo del césar”) ordena la ejecución. En la película se justifica ante Clavius “jamás he visto una muerte tan deseada (…) ni siquiera por Él mismo, al final he tenido que ejecutarlo… por favor tribuno, no me mires así, he tenido un mal día.”

Terminado su “trabajo” concede el cuerpo del tal Jesús a unos seguidores del mismo, por orden del propio Poncio Pilato, para un entierro nada convencional de un crucificado, en un sepulcro distante a unos 30 metros del Calvario, cuando normalmente nadie reclamaba el cuerpo de un ejecutado y éste era tirado a la gehena, una especie de vertedero donde, entre las basuras de la ciudad, se mezclaban los cuerpos cubiertos con cal y de vez en cuanto incinerados con el resto de los desperdicios de la ciudad.

Una vez sepultado el cuerpo de Jesús, es sellado el sepulcro y custodiado por soldados romanos como dicen los evangelios. Sin embargo, Clavius es desconcertado al saber que los soldados a su mando habían desaparecido y la tumba estaba vacía, sorprendentemente sin señales de robo común. Esto inquieta a Pilatos, quien le encarga investigar los rumores sobre la resurrección del Mesías judío y localizar prontamente el cuerpo de Jesús para calmar la posibilidad de una inminente insurrección en Jerusalén.

Al examinar el sepulcro se da cuenta de que la tesis mantenida por los sacerdotes del robo no es factible. No solo por las contradicciones en las declaraciones de los soldados encargados de la custodia, que por otro lado sabían que abandonar una guardia o no cumplir su cometido sin luchar era castigado con la muerte, apaleados por sus propios compañeros, sino por el estado de las sogas que rodeaban la piedra para sellar la puerta y por una imagen impresa del crucificado en la sábana mortuoria que había envuelto el cadáver. 

Es curioso este guiño a la Sábana Santa de Turín. Realmente no es una prueba admitida oficialmente por la Iglesia de la resurrección de Jesús, ni siquiera de que el hombre que cubrió dicha sábana fuese Jesús. Pero el crucificado reflejado en aquella imagen, las huellas de la tortura, las heridas de latigazos y de la corona de espinas, coinciden con lo descrito en las colecciones evangélicas de la pasión y muerte de Jesús. Ningún crucificado del que se tenga conocimiento fue coronado con un casquete formado por ramas de rosales de Jerusalén con espinas de enormes dimensiones. Y pocos fueron tan salvajemente flagelados antes de su muerte en la cruz. Realmente si alguien pudo ver esa imagen “impresa” en la sábana poco podrían distinguir, puesto que no fue hasta que en 1876 cuando Secundo Pía fotografió la Sábana Santa y descubrió la imagen perfecta en el negativo de las fotografías que había realizado.  

Entonces comienza la búsqueda del cadáver de Jesús. Pero el honrado, fiel y disciplinado Clavius no puede encontrarlo y no puede presentar cualquier cadáver pues, como ya he explicado la muerte de Jesús es anómala, no es un crucificado corriente.

Entonces comienza a interrogar a seguidores y personas que han tenido contacto con Jesús, y cada interrogatorio es más decepcionante. Unos dicen que está en todas partes, todos aseguran que está vivo, y a la pregunta que le hace a María Magdalena sobre cómo puede encontrarle, María responde: “Abre tu corazón y le encontrarás”.

¿Quién es ese Jesús? ¿Por qué hay personas que están dispuestos a morir por Él? ¿Qué locura es esta?

Creo que Clavius es el reflejo de un europeo, un occidental de nuestro tiempo, que ha oído hablar de Jesús, le conoce de oídas, nada más. Tampoco comprende el judaísmo, no conoce su historia, sus tradiciones. Igual sucede en la actualidad, ¿quién no ha oído hablar de Jesús? pero no le conocemos, al igual que desconocemos las raíces judías de Jesús, por lo que no comprendemos muchos de sus gestos o dichos.  Para Clavius, el Mesías solo es un líder liberador esperado por sus enemigos, idea sacada del propio pueblo de Israel, que a excepción de unos pocos, también entendía así el mesianismo y el reino de Dios, una especie de reinado como el del rey David. No entiende el monoteísmo de ese pueblo cuando él tiene muchos dioses, como nos pasa a nosotros (dinero, fama, actores, cantantes, futbolistas…). Clavius busca el cadáver de Jesús, pero en realidad en su interior busca a Jesús, busca la verdad, anhela la verdad. Quiere cambiar su vida: “sólo deseo un día sin sangre” repite.

Y cuando alguien busca con el corazón a Jesús se encuentra con Él, y este encuentro cambia su vida, como cambió la vida de los apóstoles, la de Zaqueo, la de María Magdalena, la de la samaritana del pozo de Jacob, y otros tantos.

La reacción de Clavius es parecida a la de San Pablo. Clavius no queda ciego, pero si desorientado, lleno de dudas, y como Simón o Santiago y Juan deja todo y sigue a Jesús. San Pablo recibe la ayuda de Ananías y Clavius la del joven Bartolomé. Ayuda a huir a los apóstoles, se une a ellos. Tiene un encuentro íntimo y personal con el Señor y encuentra la paz ansiada. Luego una vez que Jesús asciende al cielo, Clavius se retira al desierto como San Pablo, como Jesús antes de comenzar su vida pública, como Elías cuando huye por denunciar la idolatría, como Moisés o como el propio pueblo de Israel. 

Cuando Clavius es capaz de contar su historia y de proclamar su fe, se quita su anillo de tribuno y ciudadano romano. Ahora es un hombre nuevo que empieza un camino nuevo de la mano de Jesús Resucitado.

FELIZ PASCUA DE RESURECCIÓN

Modificado por última vez el Miércoles, 15 Abril 2020 19:22
Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

 

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