Viernes, 05 Junio 2020 00:00

Y... ¿la vuelta al cole?

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En estos meses de encierro he tenido la oportunidad de ver algún clásico del cine que, de otra manera, no hubiese sido posible. Uno de estos clásicos que pude saborear con mi hija, fue “Blade Runner”, dirigida por Ridley Scott en 1982 y protagonizada por Harrison Ford, con la maravillosa música de Vangelis, basada en una novela de ciencia ficción escrita en 1968 por Philip K. Dick titulada “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”.

Cuando vi la película en mi juventud y posteriormente leí la novela, me preguntaba si en noviembre de 2019 el mundo sería como el descrito en la obra. Pero no. Ya en el 2020, no hay polvo radiactivo, ni ha habido, gracias a Dios, una guerra nuclear, ni hay coches voladores, ni androides Nexus 6 tan parecidos al hombre que hasta han desarrollado sentimientos, y sigue habiendo animales.

Y… ¿la vuelta al cole? Me preguntan como un anuncio repetitivo de agosto. Pues no sé cómo será. El asunto es complicado y contestar sería tan osado como cuando Philip K. Dick “predijo” en 1968 cómo sería el mundo en 2019.

La reincorporación va a ser muy complicada porque llevamos décadas con el mismo sistema educativo en cuanto a la forma: los niños van al colegio y los colegios son como son, desde los más vetustos, hasta los más modernos. 

Dejando al margen las “ideítas” de la señora ministra del ramo, como dar clase en los patios (donde se trabaja la asignatura de Educación Física, su uso depende de las condiciones atmosféricas y no hay pizarras, ni enchufes para los ordenadores entre otras necesidades…), bibliotecas o aula de audiovisuales (esta última no existe desde hace años), me temo que nuestras autoridades, aquellas de las que decía en mi artículo anterior que vivían en otra realidad, van a intentar imponer unas medidas a base de Instrucciones, contra instrucciones, Resoluciones y contra resoluciones, sin saber si son factibles o no, y sin tener en cuenta aquel dicho militar que dice “orden y contraorden, desorden”.

Algún sindicato de enseñanza aporta su granito con algunas ideas, que se agradecen, pero que, personalmente, no termino de compartir porque soy pesimista, desconfiado, torpe o hiperrealista.

Parece ser que las intervenciones van a girar sobre estos cinco ejes:

1. Distancia de seguridad.

2. Higienización de los espacios.

3. Medidas profilácticas o de prevención primaria inespecíficas: uso de mascarillas, geles hidroalcohólicos, lavado de manos…

4. Control de la temperatura y cuarentenas.

5. Educación a distancia, clases online, turnos…

Trabajo en un colegio grande con Educación Infantil, Primaria y Secundaria, con más de 1.000 alumnos. Y es un colegio, digamos moderno, con una antigüedad de 16 o 17 años. Y les aseguro que es del todo imposible guardar la distancia de seguridad debido a la arquitectura del edificio: clases pequeñas (apenas caben 25 niños), y escasos accesos a los pasillos de las aulas, siendo estos bastante estrechos. Además, si alguien pretende que los niños guarden esta distancia a la entrada, o se adelanta esta media hora, o se retrasa el inicio de la primera clase, la después del recreo y la primera de la tarde. Y otro tanto con las salidas, o los desplazamientos por el centro, para las distintas actividades y asignaturas.

Si hablamos de mobiliario, en Educación Infantil, las mesas algunas son redondas para cuatro niños y otras rectangulares para dos, pero imposibles de separar. En los primeros cursos de Primaria el mobiliario suele ser del mismo estilo, pero unos centímetros más altos.

Otro problema es el tiempo de recreo en el patio. ¿A qué se van a dedicar los chicos? ¿Cómo controlar que no se junten? Y en Infantil…. Misión imposible, en el patio, en clase o en el pasillo.

Por no hablar del comedor que utiliza el 90% del alumnado en dos o tres numerosos turnos, y donde evidentemente no pueden llevar puesta la mascarilla por razones obvias.

Respecto a la limpieza e higienización de los espacios, se me hace imposible calcular el personal, medios y tiempo para que el centro estuviera en perfecto estado “de revista” (perfectamente limpio y desinfectado) al día siguiente; para limpiar constantemente los aseos (6, con tres o cuatro cabinas cada uno, para los alumnos de Primaria y uno cada dos clases de Infantil que son otros 8 con seis mini retretes cada uno) cada vez que se use; cada 45 minutos las aulas de Música, Religión, Compensatoria, Pedagogía Terapéutica, Audición y Lenguaje, aula de Informática, aula de psicomotricidad, biblioteca o el mencionado comedor… donde constantemente están rotando alumnos de entre 3 y 12 años.

Además, ¿cómo higienizar los teclados, ratones y demás elementos del aula de informática? Y en Infantil, con sus juguetes, material escolar compartido (lápices, pinturas, ceras, pegamentos, tijeras, pegatinas, plastilina, bandejas… ¿Alguna idea?

La tercera de las medidas, siendo muy necesaria, tampoco está exenta de dificultades: ningún niño aguanta con la mascarilla bien puesta, sin tocarse la cara o la nariz las siete u ocho horas que están en el colegio; la cantidad de veces que han de lavarse las manos o utilizar el gel hidroalcohólico; reposición de los jabones y geles; controlar que el lavado es efectivo… ¿Saben el tiempo que lleva todo esto? ¿Quién lo va a controlar?  Un servidor, tal y como están las cosas, no entra en un cuarto de baño de alumnos / alumnas, por lo que pueda pasar.

El control de la temperatura, muy bien. Se repite la pregunta, ¿quién debe hacerlo? ¿los conserjes? ¿los profesores? ¿las enfermeras que no tenemos? Sumen otra media hora para este control antes de entrar y ya necesitamos una hora extra. Además teniendo en cuenta la experiencia que tenemos de papás / mamás que cuando sus hijos tienen febrícula o fiebre les “enchufan” Dalsy, Apiretal o cualquier otro antitérmico para poder ir a trabajar y que el niño aguante en el cole al menos hasta después de comer, ¿sería fiable esta toma de temperatura? ¿Y si hay enfermos asintomáticos? 

Y si un niño tiene síntomas ¿a quién se pone en cuarentena? ¿al niño? ¿a la clase? ¿a la tutora? ¿al especialista de Música, Inglés, Religión o cualquier otro que pasa de clase en clase?

Pues la solución está en la quinta medida. Se hacen turnos y educación online. Diez o doce niños por aula. Estupendo. Y ¿Quién hace los turnos? ¿Con qué criterios? ¿Qué ocurre con las familias que trabajan ambos padres? ¿Cómo hacer coincidir los turnos de los distintos hermanos?

La conciliación familiar prácticamente no existe. Hay niños que llegan al colegio a las 7’30 h y se van a las 17’00 h, (y porque no pueden quedarse más), por necesidades laborales de los padres.

Y la educación online, a distancia o como queramos llamarla, en Infantil y Primaria ha sido estos meses un fracaso, como ya auguraba en mi artículo anterior “La realidad es la que es”. En serio, ¿alguien piensa que las familias van a salir corriendo a comprar ordenadores, impresoras, webcam… y a hacer cursos de formación como locos para atender las necesidades telemáticas de sus hijos?

Desde 1968 hasta 2019 el mundo ha cambiado y mucho, pero no tanto como en Blade Runner. No pretendan un cambio en el mundo de la educación y no sólo en este, tan radical de junio a septiembre. 

Desasosegado como profesor que se preocupa por sus alumnos y no sólo en lo meramente cognitivo y como padre de hijos que deben incorporarse a su respectivo colegio, créanme que no soy nada optimista en este tema. Honradamente les digo que no tengo solución alguna, salvo los ya demandados tests masivos, pero eso es competencia del Ministerio de Sanidad. 

Les dejo. Me apetece escuchar “The Blade Runner’s Blues”. Así me siento.

Modificado por última vez el Lunes, 08 Junio 2020 21:55
Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

 

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