Martes, 30 Junio 2020 00:00

Fra Angélico y el trabajo bien hecho

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Poco antes del confinamiento, tuve ocasión de volver a visitar el Museo del Prado, como final del curso que estaba realizando, titulado “El Antiguo Testamento en el Museo del Prado”, pudiendo disfrutar, en directo, de las obras estudiadas en el citado curso de maestros como Rubens, Michael Coxcie, Bassano, Brueghel el joven, Andre del Sarto, Van Dick o Lucas Giordano, entre otros.

Aunque no era del temario de este curso, sino del anterior que hicimos “El Nuevo Testamento en el Museo del Prado”, hicimos un alto en “La Anunciación” de Fra Angélico, puesto que el año pasado no pudimos verlo al encontrarse en restauración.

Las ponentes del curso se centraron en la espectacular restauración de este maravilloso cuadro que representa el anuncio del ángel Gabriel a la Virgen María del misterio de la Encarnación y algunos descubrimientos hallados a raíz de ésta.  

Entre los numerosos datos que nos dieron, incidieron en los detalles de altísima calidad que hablan de la época de Fra Angélico como miniaturista. Elementos de la composición muy frágiles y sorprendentes que pasan inadvertidos al visitante que observa el cuadro, apenas a metro y medio de distancia, como son las pestañas del ángel y de la Virgen, las letras del libro apoyado en el manto de esta o la barba de Adán, entre otros. Cada pestaña de la Virgen y del ángel fueron pintadas individualmente, con pinceles de un solo pelo muy fino. O las milimétricas capas de oro de las alas del ángel unidas con una perfección microscópica. 

Otro detalle es la representación del Espíritu Santo transformado en paloma que surge de una luz dorada que nace de la mano de Dios (Dextera Dei) que no produce sombra alguna.

Pero hay más. Un experto botánico, Eduardo Barba Gómez, ha identificado todas y cada una de las plantas (hasta treinta y cinco especies) reproducidas en el Paraíso que es representado en paralelo al hortus conclusus de la Virgen. Es decir, no hay ni una sola flor u hoja inventada por el pintor, son todas reales, perfectamente representadas y reconocibles. Entre las especies recreadas en el jardín, advertimos flores blancas, violetas y rojas, que simbolizan respectivamente la pureza, la humildad y el amor místico de la Virgen. 

¿Por qué Guido di Pietro da Mugello se esforzó tanto en estos detalles que nadie podría observar a simple vista y que no serían conocidos alguno de ellos hasta 585 años después?

La diferencia entre Fra Angélico y otros pintores de la época es que la gran vocación de este era la religiosa, ser miembro de la Orden de Predicadores, y no necesitaba de la pintura para vivir. Santo Tomás de Aquino, también dominico, afirma en la Summa Theologica que “la belleza requiere de perfección, proporción y armonía”. Y Guido di Pietro fue fiel a esta máxima. En palabras de las ponentes del curso y autoras del libro “Jesús en el Museo del Prado” Alicia Pérez Tripiana y Mª Ángeles sobrino Pérez, “La belleza, en arte, es para él (Fra Angélico) un reflejo de la belleza ideal, reflejo a su vez de la armonía universal creada por la mano de Dios”.

Esto mismo les explicaba a mis alumnos de Primaria en las últimas clases presenciales cuando analizábamos el trabajo de la segunda evaluación que estaba concluyendo. En mi argumentación incluía otros ejemplos de perfección que no se percibe, como ocurre en la “Piedad” de Miguel Ángel, que además de su gran belleza, si se introduce una mano entre el cuerpo inerte de Jesús y el de la Virgen que lo sostiene, se puede palpar la columna vertebral de Éste, con todas sus vertebras y costillas.

Les exhortaba a que se esforzaran más en sus trabajos, que emplearan una buena caligrafía, una presentación limpia y ordenada, el uso de márgenes adecuados, el coloreado detallista de los dibujos, mapas, etc, que les facilito, las proporciones de los esquemas y mapas conceptuales, emplear siempre los mismos colores para distinguir títulos, subtítulos y texto en un resumen, o las preguntas de las respuestas…. La importancia de identificar el tema, de usar la fecha, y si se tratara de una hoja suelta identificarla con su nombre, apellidos, curso, clase…

Les decía, como yo aprendí de mis profesores, que no sólo es válido tener bien el “contenido”, sino también el “continente”.  Y no por las calificaciones, o por el profesor, o porque en unos años de todo esto dependerá, también, la nota de la EVAU, sino por ellos mismos, para que se sientan satisfechos y orgullosos de su trabajo, del esfuerzo empleado. El gusto por el trabajo bien hecho. La satisfacción del deber cumplido.

Por supuesto, siempre entendiendo y ayudando a aquellos alumnos que sufren de una disgrafía, o de cualquier otra dificultad de aprendizaje o trastorno del desarrollo (TANV, TDAH, Dislexias, etc) que dificulten lo anteriormente expuesto.

Pero no toda la culpa está en los chicos. 

Hacer las cosas con cierta perfección requiere esfuerzo, dedicación y tiempo. Pero en la época y en la sociedad que nos ha tocado vivir, todo es inmediatez, economía de medios y de tiempo, y hedonismo. Todo vale. No se premia el esfuerzo o la excelencia. Es el gobierno de los mediocres.

En los últimos tiempos, en la escuela se enseña a escribir, pero no caligrafía, como me enseñaba todas las tardes el Padre D. José María, cuando tenía 7 años, en 2º de EGB, en aquellas hojas milimetradas con margen a la izquierda, exigiéndonos meter cada letra en un cuadro, dándonos las proporciones de las mayúsculas, del asta ascendiente y descendiente de cada letra, de los brazos, de los bucles o “panzas”, de las cruces o travesaños, los enlaces, etc,  y haciéndonos medir el margen de la derecha, el superior y el inferior. No. Esto, ya no se enseña, no se practica. ¡Es anacrónico! Dicen. Y, en consecuencia, los escritos son ilegibles y desordenados. Y cada curso que transcurre, peor.  La escritura es una forma de comunicación, y ésta no se produce cuando no se entiende lo escrito, bien por la caligrafía, bien por el desorden de ideas.

Las últimas tendencias pedagógicas como el trabajo cooperativo, el aprendizaje por proyectos, o el uso de las nuevas tecnologías, marginan el uso del cuaderno, la escritura en forma de resúmenes, redacciones, ejercicios con sus enunciados y respuestas, esquemas, mapas conceptuales, cuadros… y priman la realización de carteles, letreros, murales, manualidades… pero en los que tampoco se busca una estética, cierta perfección, porque a los alumnos no se le da herramientas, unos instrumentos para ello, y lo que no se enseña, no se aprende, prevaleciendo una creatividad, a mi parecer y con todo mi  respeto, mal entendida, donde el alumno hace lo que le da la real gana.

Enseñar a los chicos a escribir, a realizar un título, a organizar un cuaderno, a identificar un trabajo debidamente y hacer de ello un hábito, debería ser prioritario en el trabajo de un maestro, desde los cursos más bajos de la Primaria, como que adquieran el gusto por la belleza, la perfección, en definitiva, por el trabajo bien hecho. Como efecto secundario, aprenderán a apreciar el arte, a valorar un cuadro, una escultura, una poesía o una sinfonía.

Alegar que con los medios digitales e informáticos lo que he expuesto es un anacronismo, es muy respetable, pero si al niño no “se le ordena y se le amuebla muy bien su cabeza”, como dicen los jóvenes, se infrautilizarán estas tecnologías, y las producciones telemáticas también necesitan de orden, estructura, identificación, etc.

Además, después de la Primaria, viene la Secundaria y los chicos llegan con esas carencias, que tampoco se solucionarán. Cada vez será más difícil corregir los vicios adquiridos. Y llegan a Bachillerato, diseñado a preparar el acceso a la universidad, repleto de contenidos y escaso tiempo, y donde no se mira hacia atrás, sino para decir lo mal que llegan los chicos, entre otras cosas, en la forma de presentar los trabajos o la letra ilegible en los exámenes… y cada cual, aguante su vela.

“¿Hay algo más necio que no aprender por no haber aprendido antes?” No lo digo yo. Lo dijo un tal Séneca.

¡Si Fra Angélico levantara la cabeza!

Modificado por última vez el Domingo, 28 Junio 2020 01:09
Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

 

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