Viernes, 13 Noviembre 2020 12:00

Felicidad, Amor, religiones

Escrito por
Valorar este artículo
(26 votos)

“¿Quién quiere ser feliz?” Todos los alumnos de 6º D levantaron la mano. E igualmente ocurrió en cada uno de los otros sextos a los que doy clase. La respuesta era fácil. Todo el mundo quiere ser feliz, pues el deseo de felicidad del ser humano es universal, compartido por todas las personas. Es uno de los deseos más profundos de nuestros corazones. “Forma parte de nuestro ADN”, que dicen los chavales.

La siguiente pregunta no fue tan sencilla. ¿Qué es la felicidad? O mejor, ¿en qué consiste la felicidad? Los más infantiles dijeron que “pasar la tarde jugando a videojuegos” o “estar de vacaciones”; algún resabiado contestó “tener mucho dinero”, de hecho, aclaró que de mayor quería ser “millonario”; otros que “estar con los amigos o la familia”… Después de debatir las distintas opciones, llegamos a la conclusión de que la verdadera felicidad consiste en amar y ser amados. Pero para ser plenamente felices, el amor no se debe apagar ni acabar con la muerte. ¿Entonces?

En nuestro interior, buscamos más o menos conscientemente una respuesta a nuestros grandes deseos que pueda llenar nuestra capacidad de amor, y esa respuesta no la encontramos ni en nosotros mismos, ni en los demás, ni en el mundo. La respuesta puede venir de algo o alguien más “grande” que el hombre. Y entonces, el hombre busca a Dios. Aparece “el deseo de Dios”, que también forma parte de nuestro ADN,  porque hemos sido creados a Su imagen y semejanza. La verdadera y plena felicidad la hallamos en Dios, que es el AMOR .

En esta búsqueda de la divinidad, de un ser superior que pueda hacerles felices, que dé sentido a sus vidas, personal y socialmente, en todos los pueblos y civilizaciones, en todas las épocas y a lo largo de toda la geografía, surgen las religiones. La relación de los hombres con la divinidad se manifiesta en las distintas costumbres de los pueblos, ceremonias, ritos, fiestas, escritos, edificios, obras de arte, monumentos funerarios, etc.

Aunque los objetivos de las religiones sean la búsqueda de Dios y el modo de relacionarnos con Él, no todas las religiones son iguales, como piensan muchas personas, incluso algunos católicos. Las religiones pueden servir de ayuda a estos objetivos con sus defectos, errores y límites pero, repito, no todas son iguales. En el cristianismo, hay algo más.

La novedad del cristianismo consiste en que no es el hombre quien sale a la búsqueda de Dios, sino que es Dios quien sale a la búsqueda del hombre a lo largo de la Historia de la Salvación, mediante la Revelación y definitivamente enviándonos a su Hijo Jesucristo, que nos libra de los pecados, nos hace hijos de Dios y nos lleva a la vida eterna.

Y es el mismo Jesucristo quien nos regala la Eucaristía e instituye los demás Sacramentos para relacionarnos con el Padre.

Y sí, digo regalo, porque ¿hay algo más grande que adorar y dar gracias al Señor junto al mismísimo Jesucristo? ¿Hay en la tierra algo más parecido al Cielo que el Señor entre en nuestros corazones bajo las especies de pan y vino convertidos por acción del Espíritu Santo en el Cuerpo y Sangre de Jesucristo? ¿Dónde hay felicidad más plena que amar y sentirse amado por el Señor?

Modificado por última vez el Miércoles, 18 Noviembre 2020 14:54
Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

 

https://www.infofamilialibre.com/index.php/alberto-canas
Más en esta categoría: « Efectos secundarios...