Viernes, 30 Abril 2021 09:46

Quedada para pegarse

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Como dice mi amigo Paco, autor del “Blog de Paco Prián” y del canal de YouTube “La Bitácora de Paco” (ambos muy aconsejables), “eso de escribir no es nada fácil, pues al esfuerzo intelectual de pensar que se va a escribir, hay que unirle el arte de saber escribir, junto con buscar el momento para que todo ello confluya en un texto adecuado, dinámico y que enganche”.

En esas estaba, sin decidir el tema para este mes, cuando casi a la par llegaron dos noticias que me hicieron reflexionar. La primera llegó en una nota del colegio de mis hijos y nos alertaba de una “quedada entre los alumnos de varios colegios para pelearse”. La segunda, a través de una noticia en el diario digital Religión en Libertad y versaba sobre como los chicos con fe tenían mejores resultados académicos que los que no la tienen.

Conocimos la primera noticia cuando estábamos comiendo y nos dejó consternados. Sin entrar en detalles, la nota del colegio de mis hijos nos comunicaba que la Policía Nacional había recibido una denuncia anónima de una “quedada” de chicos de la ESO de varios colegios de la zona para pegarse. Los tres colegios implicados, que por discreción no identificaré, son concertados católicos en uno de los mejores barrios de Madrid. Cuando fui a recoger a mis hijos, ciertamente, había un despliegue policial en la zona como no había visto nunca.

En primer lugar, como decía, quedas consternado e incluso asustado. Luego pasas a eso de “impensable en estos barrios” y mucho menos en “estos colegios”. Al final, después de muchos comentarios, algunos absurdos, entre la preocupación y la incredulidad, se llega a la gran pregunta: ¿Qué está pasando con nuestros chavales?¿Qué se está haciendo mal?

Los implicados eran colegios católicos concertados, alguno de gran nivel académico, casi elitista. De antaño, la escuela católica se ha caracterizado por la excelencia académica, pero también por la formación religiosa, un estilo de vida cristiano, piedad incluida, y una exquisita educación. En las últimas décadas, siento decirlo, estos colegios, de católico solo tienen el nombre: por falta de vocaciones, es total la ausencia de religiosos o de religiosas en las aulas y en los distintos servicios escolares, incluida la dirección de los mismos; en aras de subvenciones y conciertos han perdido su ideario en la praxis, aunque se mantiene como reclamo en las webs; se han contratado profesores con mucha titulación y muy buena, pero sin vida de fe, en el mejor de los casos creyentes no practicantes; se ha priorizado el Inglés, el bilingüismo, o las nuevas tecnologías, frente a la Religión, la vida de piedad o la práctica sacramental; la pastoral es testimonial, casi anecdótica: un par de Eucaristías al año y un acto penitencial, en el mejor de los casos, ¡ah! y las Primeras Comuniones, poco más; con suerte pueden rezar por las mañanas, pero no se bendice la mesa, no se visita al Santísimo… de hecho las capillas, en muchos casos grandes iglesias, suelen estar cerradas. ¡No las visita nadie! Los chicos de estos colegios son tan descreídos como los del instituto de enfrente. Baste oír las palabrotas y blasfemias que se gastan.

Pero no toda la culpa la tiene el colegio, también las familias. Familias de clase media alta, de profesionales altamente cualificados: ingenieros, abogados, economistas, médicos… Padres que priorizan su trabajo a la atención de sus hijos, que de pequeños pasan las horas en manos de “cuidadoras” o servicio doméstico, cuando crecen en mil actividades extraescolares y ya en la ESO enganchados al móvil, tabletas u ordenador, siguiendo a youtubers, enganchados a series de las plataformas televisivas de pago que han aparecido últimamente, o perdidos en las redes sociales sin control alguno. Familias que eligen estos colegios por prestigio, excelencia académica, amplitud de horarios y buscando cierta “exclusividad” que les proporciona la exigencia académica o las “cuotas voluntarias” y precios de los servicios ofertados, como el comedor, que otro tipo de familias no se pueden permitir. Familias en la mayoría de los casos de tradición católica, pero con poca práctica sacramental, por no decir ninguna. 

Siempre aparece la tentación de culpar a las redes sociales, que de una manera u otra nos tienen atrapados a todos. Pero las redes sociales no son buenas ni malas. Depende del uso que se haga de estas. Pueden servir para evangelizar o para preparar un atentado. El gran problema que hay es la imposibilidad de controlar el uso que hacen de ellas nuestros hijos, que, por cierto, nos dan mil vueltas en estos temas. La prevención está en la formación del usuario, en este caso los chicos. Una formación integral incluyendo la ética, la moral y, en el ambiente que tratamos en este caso, religiosa, incluyendo el concepto del mal y del pecado, o del “temor de Dios”, aunque no esté de moda.

El resultado, unos chicos blanditos, a los que no les falta de nada, sin control, inteligentes, buenos académicamente, pero sin formación moral, ética ni religiosa, ¡sin valores!… En la clase de mi hijo de 14 años, en un debate sobre el aborto, la mayoría, sobre todo las chicas, estaban a favor de tan horrendo crimen, sin ningún pudor, argumentando las ideas más peregrinas. Años atrás mi hija, la mayor, tuvo este mismo debate con idéntico resultado, pero se trataba de chicos de Bachillerato en un instituto público y no un colegio concertado católico. Chicos que viven de la apariencia, que tratan de ser famosos, populares, que buscan los “likes” en las redes sociales casi a cualquier precio, aceptando retos tan absurdos como peligrosos (desde cortarse el pelo, a saltar a las vías del metro, dar una paliza a un mendigo o quedar para pegarse, grabando sus hazañas con sus teléfonos móviles), sin valorar su vida, ni la de los demás. Vidas vacías.

Me siguen…

La segunda noticia la leí en Religión en Libertad el 19 de abril, firmada por P.J.G. y hacía referencia a una información del Daily Mail: “Investigadores de la Lancaster University han repartido 8.000 cuestionarios a adolescentes británicos y los han contrastado con las notas que obtienen, especialmente con los exámenes GCSE (unos exámenes obligatorios para todos a los 14 o 15 años), comprobando que los que declaran que su religión 'es importante en la forma en que viven su vida' obtienen un 33% más aprobados y más notas altas que los que no son religiosos.”

Se puede destacar de este informe cómo la fe, la religión hecha vida influye en todos los aspectos de las personas incluido el ámbito académico. Lo cual no es extraño en absoluto. Es lo que tiene tener al Señor en nuestras vidas. Por algo, desde ciertos sectores, se quiere extirpar la religión de nuestra sociedad.

La fe es un regalo de Dios que anida en nuestros corazones. Pero, como el mismo Jesús nos enseña en la parábola del sembrador, la semilla hay que cuidarla para que de fruto y fruto con abundancia. Y en el caso de los más jóvenes ese cuidado nos corresponde prioritariamente a los padres, a las familias. En segundo lugar, a la comunidad cristiana, a la Iglesia. Es una obligación de todos los creyentes. También de los colegios que se llaman católicos. Si no, es un pecado de omisión.

Al final, no ha habido más noticias, la “quedada” para pegarse, quedó en aguas de borrajas, gracias a Dios.

Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

 

https://www.infofamilialibre.com/index.php/alberto-canas
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