Viernes, 18 Junio 2021 00:00

Tierra santa, cine y experiencias

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Hacía quince meses que no iba al cine. La última vez, antes del confinamiento, estuve viendo “Corazón Ardiente”, un documental sobre el Sagrado Corazón de Jesús, con un hilo conductor de ficción. En esta ocasión, la película ha sido “Tierra Santa,  El Último Peregrino”, con el mismo formato que la anterior. Es el nuevo cine católico: “Vivo”, “El Padre Pío”, “Amanece en Calcuta”, “Hospitalarios”, “El mayor regalo”… documentales.

Documentales con muy buena intención, con testimonios impresionantes, pero que, en conjunto, les falta calidad. ¿Por qué documentales? Porque son más baratos, permiten contar historias reales y llegan al público por la veracidad y fuerza de los testimonios. Pero ¿sólo documentales? Aunque este tipo de películas tiene su demanda, en mi opinión, debe evolucionar a un tipo de cine de ficción de calidad con valores católicos que llegue a muchísimas más personas, creyentes o no, como ocurre con las producciones protestantes (“El caso de Cristo”, “La Cabaña”…).

Pero supongo que la falta de financiación, que hacer cine es muy caro, o porque la industria cinematográfica y las nuevas plataformas de ocio de cine, series y televisión, de ideología progre, tampoco colaboran, al contrario, sospecho que cierran las puertas a todo lo que huele a cristiano y más a católico, e incluso que la Iglesia no vea en el séptimo arte un modo de evangelización, imposibilita el desarrollo de este tipo de películas.

En fin, a lo que iba.

“Tierra Santa, El Último Peregrino” es un llamamiento para peregrinar al país de Jesús, a los Santos Lugares. El hilo conductor del documental narra la historia de una familia en crisis: un matrimonio estancado, unos hijos que no comprenden a la madre, cada uno en su mundo y con sus problemas, en especial el mayor, ludópata. La madre, al proponerles ir de viaje a Tierra Santa, desata la tormenta y afloran sentimientos encontrados. Logrará convencerlos y ese viaje cambiará sus vidas. Al rememorar el viaje, encontraremos testimonios impactantes de personas reales a los que el peregrinar a los Santos Lugares ha cambiado sus vidas y el gran drama de la Tierra de Jesús: la desaparición de los cristianos.

Al salir de la sala, comenté con mi esposa que me sentía identificado en los testimonios que salían en la película y que hacía mías muchas de las frases que habíamos escuchado. Ella sentía lo mismo. La película nos había hecho rememorar nuestro viaje a Tierra Santa de una manera más profunda, si cabe, de esa experiencia que tenemos presente todos los días. Realmente es una vivencia que deja huella.

Siempre pensábamos en peregrinar a Tierra Santa, pero no veíamos el momento. Creíamos que era un viaje para jubilados y ociosos por las fechas que proponían las parroquias, inaccesibles para los que tenemos trabajos con horarios, permisos y vacaciones rígidos. “Iremos cuando quiera el Señor”, repetíamos cada vez que se anunciaba una nueva peregrinación.

En la Navidad de 2007, la Delegación Diocesana de Enseñanza del Arzobispado de Madrid anunció un viaje a Tierra Santa para profesores de Religión. ¡Esta es la nuestra! Los dos profesores de Religión, en julio, con profesores, sacerdotes, teólogos de los que podíamos aprender muchísimo… Nos apuntamos. Pero poco después nos enteramos de que estábamos esperando nuestro cuarto hijo, Rodrigo, y que nacería para septiembre. El Señor, y su Divina Providencia, nos estaba diciendo que no era el momento.

Tres años después, diagnosticaron a mi mujer un gravísimo cáncer de mama. La oncóloga que la trató nos señaló el futuro inmediato: intervención quirúrgica, tratamiento con quimioterapia, radioterapia… y ante este desolador e incierto panorama, le pidió a mi mujer que buscara una meta a cumplir, una ilusión, un sueño a realizar, un reto tangible y realista. Al salir de la consulta me dijo: “Mi ilusión es viajar a Tierra Santa”. La verdad, amigos, se me cayó el alma a los pies. Miré a mi esposa y le dije al Señor: “Como no me ayudes, no sé cómo lo voy a hacer”.

Y el Señor me echó una mano. Y ¡qué mano! No habían pasado un par de semanas, en una reunión en el colegio al que iban mis hijos, el director anunció que el AMPA estaba preparando una peregrinación a los Santos Lugares. Aunque faltaban diez u once meses y solo era un proyecto, pedí que nos apuntaran en la incipiente lista de interesados. En cuanto se abrió el plazo de inscripción y pago de una señal, sin pensarlo, pues no consideré ni  los tratamientos de mi mujer, ni  las fechas, ni los gastos, ni la logística para dejar a los niños, fuimos los primeros en inscribirnos y hacer el pago. Y así en cada uno de los pasos de la preparación del viaje.

Con toda la documentación realizada, los pagos efectuados, mi buen y querido amigo Joseja me preguntó, preocupado: “¿pero Mercedes aguantará el palizón del viaje?”. En esos meses que transcurrieron, mi mujer había pasado por la intervención quirúrgica, por dos tipos de quimio, la radioterapia, llevaba puesto un “porta cath”, se había hinchado tremendamente y le estaba empezando a crecer el pelo. La duda era razonable. “Confiemos en el Señor”, le contesté con un nudo en la garganta.

Y en el  “puente” de la Inmaculada de aquel 2011, peregrinamos Tierra Santa.

Si me preguntan por el lugar que más me cautivó, sin duda, diré que la Playa del Primado de Pedro en el Mar de Galilea, junto a Cafarnaún, donde el Señor conoció a sus amigos, se realizaron las dos pescas milagrosas y donde se apareció resucitado a sus apóstoles.

Si tengo que elegir el momento más emocionante, la Eucaristía en la Basílica del Santo Sepulcro junto a la roca del Calvario, donde estuvo la Cruz de nuestro Señor.

Lo más sorprendente, la calle escalonada junto a la “Casa de Caifás” en Jerusalén, que Jesús subía muchas veces, pero con seguridad absoluta, la noche de Jueves Santo cuando le llevaron detenido desde Getsemaní a la mencionada Casa de Caifás.

Paisajes, el Desierto de Judea contemplado desde el camino que va de Jerusalén a Jericó o el Mar de Galilea desde el Monte de las Bienaventuranzas.

Y una sensación muy especial en tres lugares: la Roca Venerable del Monte de los Olivos (Basílica de la Agonía), la Roca del Calvario y el Muro Occidental (de las Lamentaciones). Al tocar estos tres lugares con la mano, sentí una especie de escalofrío, una fuerza que recorrió todo mi cuerpo, una sensación indescriptible. Y fue muy real, no un delirio místico.

La peregrinación cambió mi vida. Desde entonces, la lectura del Evangelio es más comprensible, rezar el Santo Rosario o las explicaciones a mis alumnos no son acciones tan abstractas, tienen un lugar real, físico, donde ocurrieron y donde situarlas. Para mis clases, seleccioné quince fotografías de las casi setecientas que tomé y que llevo en una nube en el móvil, hice una copia en tamaño grande y las plastifiqué; cuando en mis clases nombro alguno de estos lugares, enseño estas fotografías, siendo un gran apoyo. Realmente es el “quinto evangelio”.

También contemplamos el drama de los cristianos en el país de Jesús en medio del conflicto entre Israel y Palestina. Al respecto, les recomiendo el libro “Cristianos” de Jean Rolin.

Y mi mujer aguantó. “Es la fe”, decía cuando le preguntaban cómo lo llevaba tan bien. Unos días después, “es la fe y el paracetamol” y al final, “es la fe, el paracetamol y el ibuprofeno”.

Realmente la peregrinación a Tierra Santa fue un encuentro con el Señor. Cuando Él quiera volveremos.

Modificado por última vez el Lunes, 21 Junio 2021 13:22
Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

 

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