Viernes, 17 Septiembre 2021 00:00

Como ovejas sin pastor

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Bajan las aguas revueltas entre los parroquianos de San Gregorio en Raxó. Maruja, Felisa, Carmen, Toti, Mercedes, Liuca, Jundo..., están enfadados, molestos y tristes, muy tristes. Y no les sobran los motivos. En diciembre falleció el bueno de Don Antonio, su párroco desde 1968, y desde ese mismo día, andan huérfanos, pues no ha sido nombrado ningún sacerdote para sustituir a Don Antonio, que “en gloria esté”.

No solo es que no haya sido nombrado nuevo párroco, es que no tienen un sacerdote para recibir los sacramentos, ni siquiera para celebrar la Eucaristía, ya no a diario, sino los domingos y fiestas de guardar. Mi familia ha sufrido esta situación durante este mes de agosto que hemos pasado allí de vacaciones.

En septiembre de 2016, publicaba en estas páginas, y perdonen la auto - cita, un artículo titulado “La mies es mucha..” donde comentaba lo fácil que es ir a Misa, o confesar en Madrid y las dificultades que encontraba en Raxó (ejemplo de la España rural). Entonces la situación era la siguiente: los días de diario solamente se celebraba una Misa a las 21 h, pero que se suspendía si había un funeral, o porque hubiera una Misa corpore insepulto por la mañana. Los domingos y fiestas de guardar había Misa a las 12 de la mañana y a las 21 h. Pero si la fiesta coincidía con la diálisis de D. Antonio (que recibía tres veces por semana) se suspendía la de la mañana. Además de la parroquia de Raxó, D. Antonio regentaba la parroquia de Samieira.

Luego se agravó la enfermedad de D. Antonio y los días que recibía la diálisis no había Eucaristía, y, en los que se celebraba, era impresionante ver el sacrificio y el esfuerzo realizado por D. Antonio debido a su edad y sobre todo a su enfermedad. Prácticamente no podía estar de pie. Disimulado, detrás del altar, había un taburete alto, donde el anciano sacerdote se apoyaba o sentaba durante gran parte de la celebración excepto durante la Consagración, siempre asistido por su fiel sacristán, Segundo. El año pasado, ya solo se celebraba la Misa sábados y domingos. Durante el verano también recibía la ayuda de algún sacerdote que pasaba allí sus vacaciones y de un diácono permanente (que se limitaba a repartir la Comunión y hacer las lecturas, en detrimento de las parroquianas que colaboraban en estos menesteres).

Y así, como decía, el 30 ó 31 de diciembre, D. Antonio falleció. Casualmente a la par, fallecía también el párroco de Combarro, pueblo vecino a Raxó y Samieira.

Ocho meses después, las parroquias que regentaban estos sacerdotes siguen sin párroco. Desde el obispado, les dicen que no hay sacerdotes, pero en el pueblo no están muy conformes con esta respuesta. Saben de la falta de vocaciones, pero dicen que en San Juan de Poio hay tres sacerdotes y ninguno quiere hacerse cargo de la parroquia, que cerca está el Monasterio de Poio de los Padres Mercedarios, que cuando siguen la Misa por la “gallega” (la televisión autonómica) desde Santiago de Compostela, al “Señor Obispo” le rodean muchos sacerdotes, que si a los curas jóvenes los llevan a las oficinas, que, al fin y al cabo, los que van a Misa son una docena de viejos… 

El diácono permanente les ofreció hacer la liturgia de la Palabra y darles la Comunión, pero, aunque pueda ser el futuro de muchas parroquias, estas personas no lo entienden y quieren un cura y una Misa como “Dios manda”.

Raxó es un pueblo colgado de la ladera de unos montes que bajan hasta la orilla de la Ría de Pontevedra divido por la carretera que lo atraviesa. La orografía hace que las calles de Raxó sean cuestas y pendientes muy pronunciadas. A esto hay que sumarle el clima predominante muy lluvioso durante casi todo el año. Estas personas, casi todas octogenarias, con dificultades de movilidad, tienen que hacer un gran esfuerzo para acceder a la iglesia y no obstante lo realizan para escuchar su Misa cuando la hay, adornan la iglesia con flores, preparan los cantos…

Realmente, desconozco los motivos por los que no hay párroco en San Gregorio y las demás parroquias. Lo que sí puedo afirmar es que es un despropósito. Es un despropósito hacer que estas personas, todas octogenarias, se desplacen a Saxenxo, a San Juan de Poio, al Monasterio de la Armenteiria o al de Poio, o la capital, Pontevedra, para celebrar la Eucaristía o confesarse. No pueden depender de sus hijos o nietos, si los tienen o viven con ellos, para que los acerquen en coche. Me parece surrealista enterarse si hay Misa por un cartel puesto en la puerta del super del pueblo o de la iglesia por el buen y fiel sacristán.

Don Antonio, con sus aciertos y errores, con sus defectos y virtudes, con sus luces y sus sombras, era el pastor de esta comunidad, que supongo que va más allá de esta docena de parroquianos con los que compartimos las Eucaristías en verano, y que anda como ovejas sin pastor.

Dejar estas parroquias sin su pastor demasiado tiempo puede suponer la total desaparición de fieles. Como tarden demasiado, ocurrirá como con el confinamiento y el cierre de las iglesias en los primeros meses de la pandemia: la gente se acostumbra a no ir, se acomoda y no vuelve; si ya había pocos practicantes, ahora hay menos. Me podrán argumentar que los que no volvieron no eran verdaderos creyentes. Cierto. Pero no menos lo es que no podemos perder más fieles por culpa nuestra, de la Iglesia. En el caso del que hablo son buenos católicos, pero son, prácticamente, los últimos de esta comunidad. 

En la última década, los bautizos en España han bajado un 40%. Las bodas católicas un 45%. Las Primeras Comuniones un 18%. Se ha perdido un 38% de religiosos y hay un 13% menos de sacerdotes. Al menos los fieles que acudimos a Misa regularmente estamos en unos 9 millones. Son datos preocupantes, sin duda. Y peor será si no se pone solución.

Hablando de este problema en familia, uno de mis hijos, ajeno a la complejidad del mismo, no comprendía como hay parroquias que tienen tres sacerdotes y otras ninguno, porqué en el colegio en el que estudiaba de pequeño había dos o tres sacerdotes y otros tantos en el de las chicas si la parroquia está a varios centenares de metros,  y daba una solución tan simple como inocente: que hagan un gran saco común con todos los sacerdotes que hay en España y se repartan equitativamente por todas las parroquias.

Pensándolo bien, a lo mejor no es tan inocente la solución de mi hijo, y tiene razón.  

¿Y si dejando los capellanes castrenses, de prisiones y hospitales el resto de sacerdotes dejan los cargos y tareas administrativas, capellanías en los colegios, clases, universidades, conferencias, etc, y vuelven a lo esencial, que es dirigir las comunidades cristianas (parroquias), llevar la Palabra de Dios, celebrar los sacramentos, a atender a su “rebaño” …? Para ello los laicos, comprometidos y bien formados, que los hay, deben tomar el relevo en las tareas administrativas y de otras índoles que puedan asumir.

¿Y si las parroquias dejan de ser una ONG, un club social, una agencia de viajes o un club deportivo y se dedican a celebrar los sacramentos, a predicar la Palabra de Dios, a visitar a los enfermos o acompañar a los moribundo, a la dirección espiritual y a la adoración al Santísimo, la oración y la vida espiritual? Al fin y al cabo, las parroquias convertidas en ONGs, clubs sociales, agencias de viajes o club deportivos llevan 40 años y no parece que la cosa vaya muy bien. 

A lo mejor, si el párroco conoce a su gente y es cercano, si está para escuchar, compartir, aconsejar, si visita una casa cuando hay un enfermo y le lleva la Comunión, si dirige el rezo del Santo Rosario o la adoración al Santísimo, si prepara bien las Eucaristías y las homilías, a lo mejor hasta hay más fieles e incluso más vocaciones, tanto sacerdotales, como de diáconos permanentes, como de acólitos y lectores, a lo mejor la parroquia es una verdadera comunidad cristiana, y volvemos a ser luz en el mundo y sal para la tierra como nos pidió el Señor.

“La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al dueño de la mies que envíe obreros a su mies…” Pues sí, tenemos que rezar mucho por la Iglesia, por nuestros sacerdotes y por todos los pastores de la Iglesia Universal.

Yo, humildemente, les pido una oración por D. Antonio y su eterno descanso y por sus feligreses que andan como ovejas sin pastor.

Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

 

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