Viernes, 25 Marzo 2022 00:00

Nos han dejado solos

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Mi colega de Infofamilialibre y de profesión Mercedes de Lucas escribe un acertadísimo artículo titulado “¡Párrocos, ayuda por favor!” en el que, ante la situación actual en los centros públicos, pide urgentemente que todos ayudemos a llevar a Cristo a la juventud. 

El mencionado artículo describe la situación que vivimos los profesores de Religión en la escuela pública, Mercedes en un centro de Secundaria y Bachillerato (instituto), un servidor en un centro de Infantil y Primaria. Una situación de heroicidad, realmente. Porque, además de compartir los problemas de todos los docentes,  los profesores de Religión estamos marcados por nuestra asignatura, etiquetados, estereotipados: “expuesta todo el tiempo, es ser observada y juzgada a cada instante por lo que dices, lo que haces, no dices o dejas de hacer”, como escribe. Como eres el de Religión no puedes quejarte o protestar ante una injusticia, decir que no a favores o peticiones abusivas, no puedes escuchar un chiste subido de tono y eres heredero de todos los “males” de la Iglesia desde la Santa Inquisición a la pederastia eclesial, hoy tan de moda. Eso cuando no nos acusan de adoctrinar, como también indica Mercedes, o nos ridiculizan diciendo a nuestros alumnos que todo lo que contamos es mentira, o que no tenemos cabida en un espacio de cultura como es un colegio o instituto.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros”. (Mt 5, 11-12)

El articulo de Mercedes Lucas es un grito de angustia callado, de dolor, de incomprensión, de impotencia. Un dolor, una impotencia y una incomprensión por un abandono y desprecio que compartimos todos los profesores de Religión de la escuela pública, que vivimos nuestra profesión como una auténtica vocación, como un servicio a la Iglesia, como enviados que somos de ella. NOS HAN DEJADO SOLOS.

Nos han dejado solos los compañeros católicos que guardan su práctica y fe religiosa en la intimidad y no levantan la voz para apoyarnos o defendernos, o simplemente dar testimonio de su fe con su vida y en su trabajo, pero que después pasan el cestillo, acuden a charlas matrimoniales o participan en peregrinaciones en sus parroquias. Nos han dejado solos los padres que solicitan la asignatura de Religión, pero callan y hacen oídos sordos cuando ningunean la formación que han elegido voluntariamente para sus hijos y se dejan llevar por los medios de comunicación y los valores de la sociedad. Y, lo más doloroso, nos han dejado solos los sacerdotes, los párrocos… Yo también he llegado a sentir el desprecio del que habla Mercedes en su artículo.

Ella denuncia que los sacerdotes le niegan su colaboración realizando algún acto litúrgico que les introduzca a la vivencia del Misterio de forma experiencial y no teórica, fuera de las aulas, en sus templos, es decir, favorecer el encuentro de los adolescentes (de institutos públicos) con la Iglesia. Y el desprecio hacia los chicos de la pública, favoreciendo a los de la concertada.

Desde la Delegación de Enseñanza del Arzobispado de Madrid y desde las distintas Vicarías (la diócesis de Madrid es tan grande que se divide en ocho vicarías) se nos insta a visitar y conocer las parroquias cercanas a nuestros colegios, por supuesto, a sus párrocos, y en la medida de lo posible, a colaborar conjuntamente.

En estos casi treinta años como profesor de Religión siempre he acudido a presentarme, tanto cuando he llegado nuevo a un colegio o cuando han cambiado de sacerdotes las parroquias. Mi experiencia es descorazonadora: me han pedido que anime a los niños para que vayan a la parroquia, que participen en sus actividades, catequesis y grupos, que coloque propagandas de sus campamentos, fiestas y eventos, que participe en las campañas del Domund, Manos Unidas o Cáritas, etc. En cambio, ofrecerme algo y colaborar… muy poco.

Algunas anécdotas: en una parroquia se enfadaron conmigo porque les dije que después de participar en las campañas citadas iba a dejar de hacerlo, pues el colegio había cambiado de alumnado y ahora la mayoría de los chicos eran inmigrantes con muchas necesidades y que, precisamente, acudían a la parroquia en busca de ayuda. En otra parroquia, al decir que era el profesor de Religión del colegio de educación especial, me dieron la enhorabuena, pero que al ser alumnos de especial y venir de una zona muy amplia no eran parroquianos; no obstante, acudí un par de veces a visitar la parroquia con los chicos de TVA (transición a la vida adulta) y explicarles las partes de la iglesia, los elementos más característicos (altar, ambón, sede, confesionarios, sacristía, Sagrario) y objetos litúrgicos. En otro colegio, fue el sacerdote a visitarme y la directora (anticlerical y anti todo lo religioso) le echó de malas maneras y aunque le llamé pidiéndole disculpas que, por supuesto, aceptó, no supe nada más de él. A otro sacerdote le comenté que había chicos del colegio que iban a catequesis pero que, incoherentemente, no eran alumnos de Religión, a lo que me contestó que él nunca iba a recomendar apuntarse la asignatura de Religión porque no conocía a los profesores (¡me estaba presentando!), ni se fiaba de lo que les podíamos enseñar, que él recomendaba a los padres que, si tenían que elegir, eligieran la catequesis e incluso que se planteaba la utilidad y existencia de nuestra asignatura. Otras veces el contacto se limita a un intercambio de teléfonos y a unas palabras de cortesía.

Mi experiencia demuestra el desconocimiento y lo alejados que están los sacerdotes de la realidad de la escuela pública. En esta, está todo regulado por normativas que todos tenemos que respetar y no es tan fácil poner carteles publicitarios de las actividades de la parroquia, ni hacer cuestaciones de carácter benéfico (aunque años atrás se hiciesen), pues dependemos de los equipos directivos y la interpretación que hacen de estas normativas. ¡Si tuve problemas para hacer una exposición de belenes hechas por los niños! El equilibrio entre derechos, libertad de cátedra, normativa, convivencia, relaciones interpersonales, distintas ideologías, etc., es harto complicado.

Hay sacerdotes que piensan que, si no hubiera asignatura de Religión en los colegios e institutos, tendrían más chicos en la parroquia, en las catequesis, en los campamentos y en distintas actividades (parece que solo piensan en cifras y estadísticas) y que seguirían después de hacer la Primera Comunión, lo que es radicalmente falso. Parroquias con 600, 800 ó 1000 niños en catequesis de Primera Comunión, en la de Confirmación tienen entre 5 y 10, y los grupos de jóvenes prácticamente no existen y no creo que la clase de Religión sea la culpable. 

Las catequesis parroquiales y la E.R.E. son, tienen que ser, complementarias. No son contrarias ni excluyentes. Si bien la E.R.E. trabaja el diálogo fe – cultura, las catequesis, la vivencia y práctica de esa fe. Como decía al inicio de este artículo, colaborando para llevar a Cristo a los niños y jóvenes.

Me duele esa desconfianza hacia los profesores de Religión. Profesores debidamente formados tanto pedagógica como teológicamente, en Infantil y Primaria con el título de Magisterio correspondiente, más la DEI (Declaración Eclesiástica de Idoneidad) o la DECA (Declaración Eclesiástica de Competencia Académica) y para Secundaria y Bachillerato Teología o Ciencias Religiosas y su correspondiente DECA. Por no mencionar los cursos y seminarios que realizamos todos los años tanto en los CTIFs, como en el arzobispado u otros por nuestra cuenta. Además de ser nombrados por el obispo y renovar anualmente la MISIO. Ruego que, si algún sacerdote tiene dudas sobre las enseñanzas o actitud de algún profesor de Religión, acuda a la vicaría o delegación de enseñanza correspondiente pero que, por favor, dejen de juzgarnos.

¿Somos necesarios en la escuela pública? ¡Sin duda! Eres la voz de la Iglesia en un contexto que intenta obviar la trascendencia del ser humano y que se siente amenazado por nuestra sola presencia, indica Mercedes. Y así es. Por no citar que en muchas ocasiones somos el único medio que tienen los niños y jóvenes de tener conocimiento de Dios, de la Revelación y de la Historia de la Salvación, el único lugar donde reciben el Kerygma. Si un niño empieza las clases de Religión a los 3 años (en Infantil) y continúa hasta 6º de Primaria (12 años) ha recibido una formación de nueve años, mejor o peor, pero la ha recibido, y si continúa en el instituto, otros cuatro más. Nada que envidiar a la escuela concertada (donde la Religión es obligatoria) y lejos de los dos o tres años de la catequesis en cualquier parroquia. 

¿Por qué ese desprecio al alumnado de la pública? No se entiende. Hay padres que eligen la escuela pública por convencimiento y exigen que se les respete el derecho de educar a sus hijos en sus valores y se le facilite una formación en Religión. Algunos no pueden permitirse llevar a sus hijos a la concertada porque no es gratuita (cuotas “voluntarias”, precio de uniformes, elevado precio del servicio de comedor…). Otras familias porque sus hijos han sido desahuciados por la concertada por diversos motivos (exigencias académicas, problemas de aprendizaje o conductuales…). O simplemente porque no hay oferta de plazas suficiente donde viven, especialmente en zonas rurales.  Sea cual fuere la causa, hay que respetar la libertad de los padres de elegir la educación de sus hijos. 

Y ¿esto solo nos pasa a Mercedes de Lucas y a mí? Pues no. Ya he dicho que es un sentimiento compartido por todos los profesores de Religión, sobre todo por los más antiguos. Se ha hablado en las reuniones de vicaría, se ha llevado a las distintas mesas de educación existentes… y se nos insiste en esa colaboración y entendimiento. Pero ni siquiera en las parroquias se ponen los carteles que animan a apuntarse a la clase de Religión, ni se alienta desde los púlpitos, ni se pide por nosotros en las Eucaristías. 

No obstante, seguimos defendiendo la Iglesia, rezando por sus pastores, muy especialmente por los sacerdotes sin los que no podríamos celebrar los Sacramentos. En estos momentos, en los que se nos llena la boca de sinodalidad, de hacer camino juntos, en una época compleja y complicada, más que nunca debemos permanecer unidos y entre todos llevar a Cristo a los demás, especialmente a nuestros niños y jóvenes. “¡Párrocos, ayuda por favor!” 

Modificado por última vez el Lunes, 04 Abril 2022 22:13
Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

 

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