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Viernes, 15 Abril 2022 00:00

Fracaso escolar, ¿soluciones?

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Acabamos la segunda evaluación o trimestre. Se nota el cansancio de los docentes y los nervios a flor de piel: nos delata el lenguaje corporal. Si el trimestre es como una carrera de fondo, los últimos quince días es el esprint final, un último esfuerzo que sumar al ya realizado.

Es un cúmulo de correcciones, calificaciones, recogida de trabajos, últimos controles… y reuniones, muchas reuniones: con los profesores de pedagogía terapéutica (PTs), audición y lenguaje (ALs) y de compensatoria para revisar y actualizar las adaptaciones curriculares individuales (ACIs) de los ANEES (alumnos con necesidades educativas especiales), los que necesitan educación compensatoria, etc., y las juntas de evaluación, al menos una por curso, y a las que acudimos todo el equipo docente y el equipo directivo. (De las nueve juntas que hay en Infantil y Primaria, acudo a seis de ellas).

En estas reuniones se expone y se debate la evolución de los alumnos, su comportamiento, su actitud, algún problema socioafectivo a destacar, se concreta alguna calificación dudosa y se perfilan los alumnos que al final de curso pueden no promocionar y la posibilidad de repetir el mismo.

Pero en esta evaluación, Beatriz, la directora del colegio, nos transmite las últimas directrices y normativas que, a su vez, le han transmitido a ella el Servicio de Inspección Educativa y la administración y que también nos hizo llegar a través de mail. Eran de esperar los cambios, pues nos enfrentamos a la nueva Ley de Educación, la LOMLOE o Ley Celaá. 

Para ir al grano, Beatriz incidió en las nuevas normas para la promoción o repetición de los alumnos. Si bien antes era una decisión del tutor, consultada o no con el equipo docente y la dirección del centro y comunicada a los padres o tutores legales, ahora va a ser una decisión colegiada, con votación de resolución por mayoría simple, aprobación del equipo directivo y opinión de los padres, que tendrán prácticamente la última palabra. Si los padres se niegan, el niño no repite. Si los profesores insisten, resuelve la Inspección, que realizará una investigación exhaustiva, lo que supondrá la realización de informes académicos, sociales y emocionales, y análisis de todas las pruebas, trabajos, controles, exámenes…  que se hayan realizados durante el curso, los objetivos propuestos, la metodología empleada, las adaptaciones significativas o metodológicas, etc. Todo para que, al final, Inspección resuelva como favorable la promoción del alumno (tenemos experiencia de ello). ¿Aunque suspenda hasta el recreo? Sí. 

Pero aún hay más. La culpa de que un niño suspenda es del profesor, que no ha hecho todo lo posible para que apruebe. Se nos dice que si un chico suspende un control (examen de un tema), se le debe hacer una recuperación más sencilla de ese control; si lo vuelve a suspender, tendrá que hacer un trabajo para compensar lo que le falte para aprobar…. Igualmente, con los exámenes de evaluación o finales en el caso de que los hubiese.

ESTUPEFACTOS nos quedamos. 

Nada más terminar la videoconferencia de la sesión de evaluación de 6º de Primaria, escribí lo siguiente en el grupo de WhatsApp de profesores de 5º – 6º y a Beatriz, mi directora:

“Conclusiones:

1. Si un alumno suspende es culpa del profesor que no hace todo lo posible.

2. Hay que aprobar a todos para no tener problemas.

3. Si se propone una repetición todo el equipo docente pasará enfangando con papeleo todo el mes de julio.

4. Nadie repite.

5. Todos borregos. Fin.”

Creo que todos pensábamos igual. Beatriz me dijo que estaba totalmente de acuerdo, y me sugirió que escribiera sobre el tema.

Reflexionando sobre el tema y sobre las causas que ha llevado a la administración bien estatal, Ministerio de Educación, bien autonómica, Consejería de Educación, me inclino a pensar que tratan de disminuir el fracaso escolar, aunque lo de hacer borregos, analizando la Ley Celaá, no se puede descartar.

Pero ¿qué es el fracaso escolar?: “El fracaso escolar es un concepto que se usa para referirse al colectivo de personas que no han logrado completar con éxito las distintas etapas de enseñanza obligatoria”, “la dificultad para superar las diferentes etapas de enseñanza obligatoria que, en el caso de España, se establece hasta los 16 años (cuarto de la ESO)”,  o “ la situación en la que los estudiantes no consiguen los logros esperados según sus capacidades, es decir, el alumno rinde por debajo de sus posibilidades y esto influye en otros aspectos de su vida”.

España es el cuarto país de la OCDE con el porcentaje más elevado de repeticiones: 28,7 % frente al 11,4 % de media, según el último informe PISA (Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos; según las siglas en inglés: Programme for International Student Assessment), publicado en 2018 y en el que se miden las competencias de los alumnos de 15 años en matemáticas, ciencias y comprensión lectora. En los últimos tres años no crean que la situación ha mejorado.

Además, la tasa de abandono escolar temprano se sitúa en el 17,9 %, según la Encuesta de Población Activa (EPA) de 2019, una cifra que ha disminuido en los últimos años, pero que aún sigue muy por encima de la media europea (10,6 %). En este caso, se contabiliza a aquellas personas que abandonaron los estudios entre los 18 y 24 años tras finalizar, como mucho, la ESO (un 7 % tampoco completó esta formación básica).

Entre las causas encontramos problemas de aprendizaje, discapacidad visual o auditiva, falta de madurez, acoso escolar, poca motivación o interés, dificultades para concentrarse, adicciones (nuevas tecnologías), la percepción que tiene del apoyo y la ayuda de sus padres, la implicación del niño en su propio proceso de aprendizaje, sus intereses, su autosuficiencia, sus actitudes y creencias en relación a la enseñanza, trabajo y esfuerzo, el nivel económico familiar, la cultura, la relación del alumno con su entorno, clase social y origen del alumno,  profesión de los padres, estructura familiar… 

Como ven, son muchas y variadas las causas del fracaso escolar, pero, dado el amplio abanico de ayudas de todo tipo que se ofrecen en los colegios para solventar o compensar todas las dificultades de aprendizaje, sociales o psicológicas, y el apoyo y asistencia a los alumnos más vulnerables, más los servicios psicopedagógicos privados, asistencia sanitaria cuando es necesario, etc., creo que el gran problema radica en el TRABAJO Y ESFUERZO realizado por los chicos, que es nulo. En las reuniones de evaluación se repite constantemente “en casa no estudian”, “solo hace lo que se ha realizado en clase”, “no trabajan”, “no se esfuerzan”…  y un cambio de mentalidad en las familias.

Tengo alumnos ACNEES que, con su medicación, con los apoyos pedagógicos adecuados (PT y AL) o las debidas adaptaciones curriculares, muchas veces no significativas o de acceso al currículo y, por su puesto, apoyo familiar y, principalmente, con su esfuerzo y trabajo, son capaces de superar todos los objetivos propuestos e incluso con buenas notas. Luego muchas veces es cuestión de actitud. Conozco chicos con TANV, TDAH o dislexia con medias de notable en la E.S.O. y un caso de un muchacho muy cercano con TDA que cursa 2º de Ingeniería Informática.

Evidentemente, la solución para disminuir las cifras del fracaso escolar no es el aprobado general, regalar notas inmerecidas o rebajar los contenidos curriculares hasta el absurdo. Tampoco que todos los alumnos promocionen o titulen al acabar una etapa con asignaturas suspensas. 

El que un alumno repita un curso debe ser una oportunidad para el que se lo merezca, un premio para el que, trabajando, esforzándose, portándose bien, no consiga alcanzar los objetivos por la causa que fuere, falta de escolarización, madurez, o cualquier otro tipo de dificultad. Nunca un castigo.

Soluciones al fracaso escolar: tratamiento individualizado y atención a la diversidad, adaptar currículos y metodologías, detectar dificultades a tiempo (la detección precoz es primordial), cambios en los métodos educativos, enseñar métodos de estudio…  Pero como ya he indicado todas estas cosas ya se hacen. 

Personalmente, aparte de todo lo expuesto en el punto anterior,  incidiría en educarles para que sean responsables y desarrollen su capacidad de esfuerzo. Debemos exigir a nuestros alumnos que cumplan con sus obligaciones escolares (que estudien, trabajen y se esfuercen en realizar sus tareas lo mejor posible) y que se hagan responsables de su propio proceso escolar. Hacerles saber que si quieren obtener resultados está en sus manos y han de esforzarse para ello. Que aprendan esa responsabilidad y comprendan que las consecuencias son fruto de sus actos. Y por supuesto que sean disciplinados (disciplina: “sometimiento de la voluntad propia a otra, en aras de una utilidad superior”).

Hay que apostar por una cultura del esfuerzo, del trabajo y del mérito. Abandonar estos mantras que nos persiguen desde la LOGSE: aprender jugando, sin esfuerzo, aprender a aprender, el colegio debe ser divertido, no hay que memorizar, lo importante es la creatividad, y que el niño sea feliz. Todo esto se refleja cuando las madres dejan a sus hijos en el colegio y dicen “diviértete, pásalo bien…” y no “estudia, esfuérzate, aprende mucho, obedece, pórtate bien…”. ¡Qué error! Un niño no puede ser feliz siendo un vago, un analfabeto funcional 2.0., o un chapuzas. Podría serlo ahora, pero ¿será feliz sin futuro? Hay que enseñarle que la felicidad se consigue con la satisfacción del deber cumplido, del trabajo bien hecho, realizando sus obligaciones de buen grado, entre otras cosas.

Además, se debe delimitar perfectamente la función de los colegios que es instruir, enseñar, un espacio de conocimiento y aprendizaje, frente a la función asistencial tipo “guardería”  para el cuidado de los niños por una mala política de conciliación familiar. En la actualidad, hay niños que no distinguen entre “los primeros del cole”, las clases, los recreos del comedor, las actividades extraescolares. Y la sensación que tienen muchos docentes es que, para los padres, mientras sus hijos estén cuidados, todo lo demás carece de importancia.

Sea como fuere, el futuro no pinta bien. Me gustaría ser optimista, pero… Les dejo hasta el próximo artículo. Escucho el área “Mi par d’udir ancora” de Los Pescadores de Perlas. Es hora de soñar con recuerdos de otros tiempos no tan lejanos.

Modificado por última vez el Viernes, 15 Abril 2022 09:00
Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

 

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