Lunes, 25 Abril 2022 00:00

Liturgias creativas

Escrito por
Valorar este artículo
(11 votos)

Cuando alguien va a presenciar un desfile militar, de la Legión, por ejemplo, espera ver a los legionarios perfectamente formados, con ese uniforme tan característico, ese paso rápido y espectacular al ritmo de su himno y a los gastadores haciendo maravillosos malabares con los fusiles.

Si el espectador tiene cierta formación militar, se podrá fijar más detalladamente en la escuadra de gastadores perfectamente uniformada con las manoplas, los cordones terminados en borlas, cinturón, cartucheras y trinchas brillantes, con el zapapico, sierra, o hacha en la espalda, y ejecutando ejercicios de instrucción de orden cerrado con el antiguo CETME del 7,62. Si desfila un batallón, observará al comandante seguido del cornetín de órdenes, la disposición de las tres compañías, cada una con su capitán al mando y su banderín, y los tenientes al frente de cada sección, y distinguirá sin dificultad el empleo de cada participante y el arma que porta. Contemplará las filas y diagonales perfectas al pasar, el ángulo formado por el brazo y el arma sobre el hombro y el paso y braceo sincronizados perfectamente con los tambores de la banda de guerra: ¡160 pasos por minuto! Y reconocerá la “Canción del Legionario” o el antiguo himno “Tercios Heroicos” interpretados por la banda de música. 

Nadie entendería que, en dicho desfile, el cabo de gastadores cambie su uniforme por un traje de lagarterana y que su escuadra haga sus ejercicios con mazas de gimnasia rítmica, que los legionarios vistan un simpático gorro mejicano en vez del chapiri, que la banda interprete “We Will Rock You” de Queen, o que cada uno lleve el paso según interprete. Realmente sería muy creativo, pero no sería lo esperado. “Absurdo como un belga por soleares” que diría Sabina. Evidentemente no todo vale. Ni cada comandante de batallón, ni cada capitán de compañía, ni teniente de sección, ni sargentos, ni cabos pueden improvisar, ni ser creativos… Tienen que atenerse a lo reglamentado, a las órdenes recibidas y a las Reales Ordenanzas.

Algo parecido pasa con las celebraciones religiosas y su liturgia, especialmente en la Eucaristía, porque tampoco aquí todo vale. Les explico.

Soy profesor de Religión y me he ido formando y actualizando durante estos casi treinta años de labor docente. Una formación que me permite conocer, por ejemplo, que la Consagración comienza con la epíclesis, o el significado de doxología, o qué es el texto masorético. Esto no me hace mejor que otros cristianos, evidentemente, ni me aumenta la fe, ni ser algo espectacular, ni ser un avezado liturgista. Pero me exige más responsabilidad, más coherencia en mi vida como creyente. Más compromiso.

Esta preparación me hace ser consciente de detalles que a otros pasa desapercibidos, como el del sacerdote que no impone sus manos sobre las especies de pan y vino en el momento de la citada epíclesis, y de que hay sacerdotes que no son fieles a la liturgia señalada en la “Introducción General del Misal Romano”, o a los textos litúrgicos al uso, es decir, la tercera edición del Misal Romano (preceptivo a partir del domingo I de Cuaresma de 2017).

Aunque esto que relato no es en absoluto una novedad, por desgracia, paso a enumerar algunas formas de celebrar poco ortodoxas e incluso extrañas maneras de Consagrar, que he vivido personalmente en el último mes en varias iglesias. A pesar del escándalo y tristeza que me producen estas cosas, tirando de ironía las he denominado “liturgias creativas”.

Además de la ya mencionada irregular epíclesis, he visto sacerdotes que, para celebrar, no usan ni el cíngulo, ni la casulla (como a finales de los 70) y llevan la estola como hincha futbolístico luce la bufanda de su equipo. También hemos vuelto a las incomprensibles, larguísimas y redundantes introducciones y moniciones a lo largo de la liturgia. O el desuso del lavatorio de manos en el ofertorio. No podía faltar el uso de un micrófono inalámbrico al estilo presentador o animador de espectáculos, en vez de dirigirse a la asamblea desde el ambón. El colmo, hace un par de años, un sacerdote se sentó entre el público para escuchar las lecturas y el salmo, en vez de hacerlo desde la sede como corresponde. Y para mayor asombro, en una iglesia había en el altar, ¡el altar!, un autobús amarillo para anunciar la evangelización que estaban haciendo por el barrio.

He conocido el “Credo de la Vida Nueva” (“Creemos en Dios, a quien podemos llamar confiadamente, ¡Padre!) que hemos rezado en vez del Credo Apostólico o el Niceno.

Hemos renovado las promesas bautismales también creativamente y renunciamos a “colaborar o participar en todo aquello que fomenta la división entre ricos y pobres, poderosos y débiles…”  (entre otras y como ejemplo), en vez de renunciar a Satanás, sus obras y seducciones.

Celebramos un original Domingo de Ramos en el que el celebrante optó por una brevísima versión del Evangelio de la Pasión, desde la escena de Jesús ante Pilatos hasta el descendimiento de la cruz. Personalmente, dado que es una de las dos veces que se lee al año la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, personalmente, prefiero la versión completa, este año del Evangelio de San Lucas (Lc 22,14 – 23,56). Lo “creativo” y “original” estuvo cuando llegamos a la frase que dice Jesús crucificado: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, el sacerdote detiene la lectura y entona “Perdona a tu pueblo, Señor…” y después de la Muerte de Jesús y de ponernos de rodillas en respetuoso silencio, vuelve a interrumpir la lectura para cantar “Victoria, tú reinarás…”.

Especialmente imaginativo fue el Via Crucis que vivimos el Viernes de Dolores. Un Via Crucis sin Cruz, sentados, sin genuflexiones, sin padrenuestros, sin el “Te adoramos oh, Cristo, y te bendecimos…”, ni “Señor, pequé…”; con unas estaciones atípicas incluyendo la Resurrección. Solo reflexiones proyectadas en la pared y leídas por algunas personas de las que estábamos allí y entre estación y estación, una velita encendida era colocada al pie del altar y según dicen, yo no pude verlo, formó una pequeña cruz.

La Hora Santa, evidentemente, fue creativa: canciones, guitarras, lecturas, y lo que más me llamó la atención es que repartieron unos papelitos donde escribir peticiones, oraciones, intenciones, etc., para luego depositarlas en una cajita de cartón situada delante del Monumento. A lo mejor, el año que viene escribimos un mail al Señor. 

Así mismo, brotan como setas los presbíteros que emplean el lenguaje inclusivo: todos y todas, hombres y mujeres, hermanos y hermanas… a lo largo de toda la celebración, incluso en la Consagración. O son muy modernos o desconocen totalmente los fundamentos más básicos de nuestra lengua. 

Hablando de la Consagración, y esto es lo que más me duele, todavía hay sacerdotes que siguen diciendo “Sangre derramada por todos” en vez de decir “por muchos”, que es la última traducción actualizada del Misal Romano. Peor aún, la inventiva de uno que empleó una fórmula de su cosecha y dijo “…Sangre derramada por todos los hombres y todas las mujeres, por todos…”.

Hasta ahora todo lo que he relatado es totalmente objetivo, y como dice San Juan “Y yo lo he visto y he dado testimonio”. 

Subjetivamente, podría, asimismo, hablar de las homilías, algunas descuidadas o sin preparar, que eso se nota, otras excesivamente largas, de las que “mueven el culo y no el corazón” como dice mi padre, cuando no, son ecosostenibles, o propaganda de la agenda 2030, que de todo hay en la viña del Señor.

Si esto hay en lo que se ve y se conoce sin ser un experto liturgista, no quiero pensar en lo que no se ve, no se oye y se desconoce. Me refiero a toda la intrahistoria que hay, por ejemplo, en la Eucaristía, lo que se dice en secreto, oraciones, gestos, reverencias…

Y ¿la gente no se da cuenta? ¿No lo ve? ¿ No lo sabe? ¿Qué hace?

Pues, realmente, no sé qué pensar. Algunos de estos sucesos han ocurrido en iglesias que no frecuento y a las que he acudido a funerales o misas recordatorias y no conozco la opinión de los parroquianos, pero supongo que estarán acostumbrados y lo darán por correcto. Donde sí conozco, hay personas que, distraídas, no se dan cuenta de algunos de estos detalles, otras carecen de formación, algunas no se atreven a hablar de lo que ocurre porque piensan que es actuar en contra de la Iglesia, prefieren ser discretas o claudican y se adaptan a los nuevos tiempos. Y, en fin, habrá quienes cuando estos abusos les rechinen mucho, o les escandalicen, en el mejor de los casos, dejarán de acudir a esa iglesia y buscarán otra para acudir a la Eucaristía o la celebración que sea y, lo más grave y preocupante, es que se queden en sus casas y no vuelvan, ni a su parroquia, ni a ninguna otra.

Creo que esta frase de Benedicto XVI, el Papa Sabio, “La Liturgia no vive de sorpresas simpáticas, sino de repeticiones solemnes", da con la clave del asunto. 

Más que nunca, en esta cultura del “todo vale”, tenemos que rezar por la Iglesia y por todos los sacerdotes, especialmente por los que consciente o inconscientemente y sin dudar de su buena intención, pero en mi humilde opinión equivocados, son tan “creativos”.

En fin, vivimos la fiesta más importante: ¡PASCUA DE RESURRECCIÓN! Tiempo de esperanza y alegría. 

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

Modificado por última vez el Lunes, 25 Abril 2022 16:29
Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

 

https://www.infofamilialibre.com/index.php/alberto-canas