Jueves, 10 Marzo 2016 05:00

Ana, Dios no existe

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Entre artículo y artículo, paso el mes pensando sobre qué escribir: la fuerza de la oración, los obstáculos en la vida, la educación diferenciada… pero no me decido y entonces le digo al Señor: “bueno, ya me dirás de lo que escribimos”, y antes o después ocurre algo que me da pie a empezar el artículo.

En esta encrucijada estaba, cuando nos encontramos a nuestra queridísima amiga Ana, que nos plantea que en su grupo de catequesis, (es catequista en la parroquia del barrio), un niño (8 – 9 años) ha roto la oración “Comunión Espiritual” que ella le había dado para rezar, diciendo que no le servía para nada, pues “Dios no existe”. Nos cuenta Ana que habló con la madre del niño, que además es alumno de Religión en uno de los colegios públicos del barrio, y le cuenta que todo viene de su mejor amigo del cole que no es creyente y que le dice estas cosas y que no sabe qué hacer. Ana, comprometida con su labor catequética nos pide consejo…

Pasan un par de días y Carmen, compañera y buena amiga del colegio en el que trabajo, me comenta que un niño (3º de Primaria) de los que optan por Educación en Valores y por lo tanto no asiste a Religión, ha manifestado en clase que “Dios no existe”, preguntando a los compañeros de Religión “que dónde está (Dios) porque él no lo ve”.

El tema es peliagudo. Hablamos de niños de 8 – 9 años. En estas edades, los niños exploran continuamente su entorno, hacen nuevas amistades y se preocupan mucho de la  opinión de los demás. Cognitivamente se encuentran en el periodo de las operaciones concretas y empiezan a manejar conceptos más abstractos como cantidad, longitud, espacial, tiempo…, son capaces de reflexionar sobre lo que están leyendo y se interesan por el mundo de los adultos.

Además, la existencia o no de Dios es una cuestión de fe. Y tan indemostrable es una como otra.

La fe es un don, un regalo de Dios. Un regalo que puede llegar por muchos medios, siendo el más habitual la familia. Y es en la familia, que es la Iglesia doméstica, donde debe crecer y desarrollarse hasta que el muchacho alcance la madurez. 

Otras veces, nos encontramos niños de familias ateas o agnósticas que se apuntan a Religión y van a catequesis “motu proprio”. Tal es el caso de una de mis alumnas de 3º de Primaria, que en Educación Infantil no era de Religión y se apuntó conmigo al empezar 2º. La semana pasada me contó su madre en una tutoría, que la niña va a Religión porque quiere hacer la Comunión a pesar de que ella (la madre) era agnóstica, y cuando le preguntó el por qué quería recibir la Comunión, la niña le dijo “para probar y recibir el Cuerpo de Cristo”. Relataba la madre que le llevó una forma sin consagrar y le dijo que así lo probaba y calmaba su curiosidad, pero la niña dijo que era falsa, que la verdadera la daba el sacerdote en la Misa… ¡El regalo del Señor!

Por otro lado, cada vez es más frecuente que los alumnos que no van a Religión se burlen de los que sí van; que les cuestionen el por qué van; que les “restrieguen” como en la clase de Valores (otrora alternativa) se han dedicado a jugar, a ver vídeos, a debatir o hacer los deberes (aunque expresamente esté prohibido). Además, los niños repiten las proclamas que oyen en sus casas: “la Religión es una tontería”, “Dios no existe”, “se aprende más en Valores” o “la Religión fuera de los colegios”. El entorno escolar es imagen de la sociedad y últimamente el respeto a la libertad religiosa, y en concreto a los católicos, brilla por su ausencia. Con todas la manifestaciones anticristianas que venimos sufriendo últimamente (cabalgatas, títeres, discriminaciones varias, “semanas de festividades”, asalta capillas, exposiciones y poemas blasfemos…) el personal está crecido.

Así pues, no resulta nada extraño que un niño que va a catequesis y a clase de Religión diga “Dios no existe”. Se lo ha dicho su mejor amigo y éste lo ha oído a los adultos de su entorno. Justificable desde la etapa evolutiva en la que se encuentran, como brevemente apuntaba un poco más arriba.

Pero, sinceramente, pienso, y no pretendo juzgar a nadie, que cuando un niño manifiesta algo así, es que en su familia falla algo. En esto, como en todo, el mejor predicador es Fray Ejemplo. Si la familia tiene presente al Señor en su vida, si la familia vive los Sacramentos juntos (acudiendo a la Eucaristía con alegría y participando activamente, viviendo que los padres y hermanos mayores acuden a la Penitencia cuando lo necesitan, sabiendo que el mejor regalo de la Primera Comunión es recibir a Jesús…); si reza unida (el Santo Rosario, bendiciendo la mesa, al acostarse…); si pone los problemas y dificultades en manos del Señor y de la Santísima Virgen; si se lee la Biblia; si se celebran las fiestas religiosas “santificándolas”; si la alegría, el perdón, la justicia, la humildad, la solidaridad están presentes como valores evangélicos;  es decir, que la familia es, como señala el Sínodo sobre la Familia, verdadera Iglesia Doméstica, al niño no le afectarán los comentarios de los demás, o a lo sumo podrá contar lo que le dicen o plantear alguna duda. Pero nada más.

Algunas veces mis alumnos me preguntan si creo en Dios y por qué, si en verdad existió Jesús, si la Eucaristía es simbólica, que dónde está Dios, cómo es…

La respuesta siempre es parecida: Sí, creo firmemente que Dios existe, pero no lo puedo demostrar, igual que nadie puede demostrar que no existe. Entonces les hablo de las maravillas de la Creación, de la naturaleza que nos rodea, del universo… y de que en todo esto veo la mano de Dios, el Creador…

Si me preguntan acerca de Jesús, dependiendo de la edad, les hablo del “Jesús histórico”: de cómo historiadores judíos como Flavio Josefo en su obra “Antigüedades Judías” y otros romanos como  Tácito, Suetonio y Plinio el Joven nombran a Jesús el Nazareno en sus obras; de los hallazgos arqueológicos, de los “grafitis” del S. I que aluden a Jesús, a María;  les enseño fotos de Tierra Santa, de lugares relacionados con la vida de Jesús y en los que está demostrado que estuvo Jesús, bien por tradición o por la investigación de arqueólogos; y del “Cristo de la fe”, el Hijo de Dios hecho hombre. Y de que Jesús es el Cristo, el Mesías enviado por Dios.

Respecto a las otras preguntas, se lo cuento en el próximo artículo.

Mientras, recemos por estos niños, por Ana y las catequistas y los profesores de Religión, para que el Espíritu Santo les ilumine.

Modificado por última vez el Viernes, 04 Marzo 2016 19:33
Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

 

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