Martes, 05 Enero 2021 00:00

Redescubrir la paternidad

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El Papa Francisco ha proclamado un Año Santo dedicado a S. José. Para marcar las líneas de reflexión en este tiempo de gracia, ha escrito la carta Patris corde (Con corazón de padre). En ella presenta la figura de S. José, centrándose principalmente en su paternidad y en las diversas dimensiones de esta.

De este modo, pretende animar a los padres a redescubrir la grandeza de su vocación, que está pasando por una grave crisis. Debido a una exacerbación de la figura de la mujer por parte de los movimientos feministas, la figura del padre está sufriendo una devaluación, como si el hombre fuera superfluo en la familia o su misión consistiese meramente en aportar recursos económicos a la familia. Incluso ese aspecto está ahora reducido en las familias donde la esposa también trabaja, a veces recibiendo un salario mayor que su esposo. 

¿Para qué sirve el padre? ¿Es solamente alguien que engendra un nuevo ser? Es evidente que ser padre no es simplemente el acto de engendrar, sino una nueva realidad que debe cambiar la mente y el corazón del hombre. Junto a su esposa, el padre debe asumir la tarea de formar a los hijos, de enseñarles a vivir de acuerdo a una vocación sobrenatural –ser hijos de Dios- que configura toda la existencia de padres e hijos. La paternidad implica una relación nueva con sus hijos. 

Creo que es esencial que exista una buena relación del esposo con su esposa. En otras palabras, para que pueda darse una buena paternidad y maternidad, es necesario que exista una buena "esponsalidad". Dado que la paternidad y maternidad son complementarias, esa complementariedad debe darse primero en la relación del matrimonio. Los esposos deben amarse mutuamente, reconocer los valores que aporta el otro y potenciar mutuamente en los hijos la valoración positiva del cónyuge. Es la esposa la primera que debe apreciar los valores masculinos que el hombre trae como esposo y como padre. Tanto de cara a los hijos varones, como de cara a las chicas, la figura del padre es esencial

El amor de la madre es un amor gratuito, incondicional. Ofrece la seguridad de ser amado pase lo que pase. El amor del padre es más exigente, hace crecer a los hijos, los impulsa hacia metas más altas, pone retos delante de ellos para que salgan de sí mismos. 

La figura paterna es indispensable en la vida de los hijos, pues crea en ellos estabilidad, forja la voluntad y da sentido de pertenencia como seres amados.

Dice el Papa Francisco: “La primera necesidad, por lo tanto, es precisamente esta: que el padre esté presente en la familia. Que sea cercano a la esposa, para compartir todo, alegrías y dolores, cansancios y esperanzas. Y que sea cercano a los hijos en su crecimiento: cuando juegan y cuando tienen ocupaciones, cuando son despreocupados y cuando están angustiados, cuando se expresan y cuando son taciturnos, cuando se lanzan y cuando tienen miedo, cuando dan un paso equivocado y cuando vuelven a encontrar el camino; padre presente, siempre” (Audiencia 4-2-2015).

Y prosigue: “Un buen padre sabe esperar y sabe perdonar desde el fondo del corazón. Cierto, sabe también corregir con firmeza: no es un padre débil, complaciente, sentimental. El padre que sabe corregir sin humillar es el mismo que sabe proteger sin guardar nada para sí” (Ib).

Hay una gran necesidad de padres auténticos, de padres santos en las familias. También el padre debe vivir de una manera generosa ser el “Buen Pastor” de su casa y dar la vida por sus ovejas. No se puede ser buen padre ni buena madre si no se es consciente de que la vida no me pertenece, de que se alcanza la plenitud humana no viviendo en la irresponsabilidad y el absentismo para hacer “mi vida” de forma independiente, sino asumiendo la preciosa y ardua tarea de dar vida, no solo biológica, sino plenamente humana y divina, a aquellos que Dios ha hecho nacer de  ti. Hay que buscar la plenitud de la vida cristiana en la propia vocación para poder guiar con la cercanía y el ejemplo hacia esa plenitud.

Para que nuestros jóvenes se acerquen al matrimonio con ilusión y esperanza, es necesario que vean en sus padres modelos de amor, de entrega, de donación, de olvido de sí mismo.

Quiero acabar con unas palabras de S. Pablo que nos recuerdan que toda paternidad viene de Dios. Sólo unidos a Él, los hombres podrán vivir en plenitud su vocación de donación como padres: “Doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda paternidad en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos por su Espíritu con poder en el hombre interior; para que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Ef, 3, 14-19).

Es esa plenitud la que el padre debe aportar a su familia: estar rebosante de Dios para dar a Dios.

Mi blog “El plan de Dios sobre la familia“

Pertenezco a los Siervos del Hogar de la Madre desde su fundación en 1990, soy sacerdote desde hace 21 años, licenciado en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en Teología Dogmática por la Universidad de la Santa Cruz en Roma. Me dedico especialmente al apostolado con los laicos y a predicar retiros a jóvenes y adultos.

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