Lunes, 01 Agosto 2016 00:00

Caminar es vivir

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Finaliza el curso y empiezan las vacaciones. 

La casa está patas arriba; en los últimos días los libros y papeles se amontonan. Impresos de matrículas para el próximo curso, recibos de pagos de “ampas”, cursos, campamentos, notas de avisos, tareas que he de hacer, llamadas que tengo que realizar, las notas en el calendario se superponen, etc.

¡En fin!, como dicen los psicólogos: ”Las vacaciones no significan tumbarse a la bartola, sino cambiar de actividades…”, y yo, como soy muy obediente…pues ¡ya tenía previstas un montón de ellas en los meses de julio y agosto!

Así que el 4 de julio, mi marido y yo, cambiamos los papeles por los palos de senderismo y ¡allá que nos vamos! Iniciamos la aventura de caminar 120km durante 5 días junto a 19 personas más, dispuestos a visitar a nuestro apóstol Santiago desde el camino Portugués.

Ni qué decir tiene que, por supuesto, yo ya estaba física y psicológicamente agotada antes de empezar y mi marido, ni se lo planteaba. Le duelen las articulaciones y no se veía capaz siquiera de iniciar la andadura, por lo que piensa conducir el “coche escoba” que nos acompañaría.

La noche antes de iniciar el viaje, nos llamó el sacerdote que nos iba a acompañar en nuestra aventura y nos comenta que ”él confía en que mi esposo podrá realizar el Camino”. Yo le insto a que al menos lo intente, y si le resulta doloroso, abandone. Al mismo tiempo rezo a la Virgen para que nos acompañe y nos de fuerzas porque, realmente, mientras otros compañeros de Camino se habían estado preparando a todos los niveles, tanto de equipamiento como físico, lo mío y lo suyo iba a ser una auténtica improvisación. Y como los milagros los hace Dios de forma constante y sin grandes aspavientos… ¡escuchó nuestra oración!

Al segundo día, mis pies eran unos auténticos mártires. Las ampollas se superponían y las uñas me dolían a rabiar. Yo pensé que si Santiago no me sostenía, mi Camino se había acabado. Al día siguiente, después de “coserme” las ampollas, embadurnar la noche anterior de “trombocid” las uñas y cambiarme el calzado… no sólo caminé, sino que ¡creía volar! ¡Fue impresionante para todos!, incluso para mí. Cuando nadie del grupo apostaba un duro por mí, fui capaz de realizar, no sólo esa ruta, sino las tres de los días posteriores.

Y mi marido… ¡no sólo realizó todo el camino, sino que lo hizo sin la menor molestia y solía ir a la cabeza del grupo!

Quizás penséis “¡qué exagerada!”, pero es que si me hubieseis visto andar como una anciana de 80 años y al día siguiente volar… pensaríais lo mismo que yo: que el Señor fue mi FUERZA Y MI REFUGIO, mi SALVACIÓN. Abracé al apóstol llorando y dándole las gracias por haberme llevado junto a él.

Las experiencias que compartimos con nuestros compañeros fueron maravillosas. El compartir, el cuidado de unos hacia los otros, la protección, la ayuda, el cariño y el mimo con el que nos tratamos sólo podía venir del corazón de Dios. La alegría estuvo presente durante todo el Camino, a pesar del sufrimiento. Bailamos y cantamos, reímos y lloramos, rezamos y adoramos. De niña, oí hablar de las fuerzas de flaqueza y no las terminaba de entender…

Ahora, lo sé. Cristo es la FUERZA EN LA DEBILIDAD. La ALEGRÍA en el sufrimiento. El GOZO en la peregrinación de esta vida hacia la eterna.

¡ES ESPECTACULAR! ¿NO OS PARECE?

Mi Blog "Padres, adolescentes y esperanzas"

mercedeslucaSoy Merche Lucas Pérez, licenciada en Ciencias Religiosas por la Universidad de Salamanca, poseo un Máster en Teología y soy Doctora en Teología por la Universidad de Murcia. El título de mi tesis es: La misericordia en la diócesis de Cartagena (mujer, matrimonio, familia y parroquia).
Estoy casada y tengo dos hijos, y actualmente soy profesora en un Instituto de Secundaria de Murcia. Soy creyente y católica y es la fe de donde mana mi alegría y esperanza cada día.

https://www.infofamilialibre.com/index.php/blogs/padres-adolescentes-esperanzas