Domingo, 06 Noviembre 2016 00:00

La maltrecha clase de religión

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 Mi primera conversión ocurrió en la adolescencia, “en una clase de religión”. Fue fulminante, el efecto que causó en mi alma el descubrimiento de Dios  acontecido en el aula. Esto cambió mi vida hasta el punto de descubrir mi vocación como profesora y, más tarde, como profesora de religión.

Tras muchos avatares, que no vienen al caso, acabé frente a un aula llena de adolescentes preparados para “pasar el rato “en clase; sin ninguna otra pretensión que la de divertirse.

Era más joven y lo que fui descubriendo me desbordó. Los chicos no querían dar clase, es más, los chicos, en religión, nunca habían recibido clase; pero yo estaba decidida a hacerlo.

 Tras un mes de duro combate donde se negaban a escuchar, a estar sentados en sus sillas, a callar  o a abrir un libro o sacar un boli para anotar algo en su cuaderno; la tensión me pudo y acabé llorando en los aseos. Recuerdo cuál fue mi oración en aquel instante: “Señor, me he equivocado….esto no es lo mío; esto no es lo que yo quiero…no sirvo para esto”…

Desde entonces han pasado 15 años y he impartido clases en 10 Institutos, todos ellos, públicos.

He conocido cómo la opción alternativa a religión ha pasado de “estudio asistido”, donde se hacía de todo menos estudiar: los chicos escuchaban su mp3, 4 y demás, se comían los bocadillos, se paseaban por los pasillos; a “alternativa”, donde era más de lo mismo y, si algún profesor intentaba darle algún tipo de contenido o pasar lista poniendo faltas, jefatura les llamaba la atención coartando cualquier iniciativa que no fuese la  de mantenerlos en clase sin importar nada el cómo.  Por supuesto, sin ser evaluados e, incluso, permitiendo no asistir a clase a los alumnos y a los profesores, que tomaban o se les imponía esta opción y este tipo de docencia.

Mientras, al iniciar el curso, yo me encontraba con alumnos que esperaban (porque así lo habían vivido anteriormente) que la religión fuese una clase “sucedáneo de la alternativa” con un poquito más de orden: donde se jugaba al parchís, a las cartas o donde se podía charlar de todo  casi….(menos de Dios), ver muchas películas y/o aburrirse como una ostra.  Por supuesto, donde no se les iba a exigir apenas nada, pues sólo por asistir (pensaban), ya tenían el 5 ó 6, y si te portabas muy bien, una nota alta.

Ante este panorama… yo rompía. Imponía un manual de texto para trabajar o, en su defecto, fotocopias, un cuaderno, asistencia, trabajo diario y otros extras, además de dar clase, exigía un mínimo de respeto y disciplina. Priorizaba los turnos de palabra y las intervenciones y exigía unas actividades para aprobar el curso.

¡Podéis imaginar lo popular que me hacía (y me hago)! Sin embargo ¡no os imagináis lo revolucionario que resulta  el trabajar para que los chicos contemplen el hecho de mirar hacia dentro de sí mismos y eleven su mirada al cielo!; es decir, AYUDARLES A CUESTIONARSE  LA EXISTENCIA DE DIOS Y  LA PROVIDENCIA DIVINA.

La espiral suele repetirse: soy la nueva; explico mis normas, las de la clase y las de la materia…ellos me odian, se sienten decepcionados y quieren salir huyendo, muchos lo hacen. Otros, los más valientes e inquietos, motivados por la curiosidad, deciden probar a ver qué tal la nueva. Yo les desafío, les cuestiono todas sus creencias, sean creyentes o no. Ellos se enrabietan, patalean y se enfadan un poco, muy lentamente, consigo captar su atención. Algunos consiguen abrir su corazón y empiezan a querer saber. Desean entender por sí mismos. Otros, ni quieren ni están dispuestos a hacerlo, pero, al menos, todos, acaban replanteándose la existencia de un ser Creador y Amoroso.

Os aseguro que no es fácil. No sólo hemos (me refiero a los profesores de religión) de luchar contra ellos y su mentalidad estereotipada frente a Dios y la Iglesia, sino contra la permisividad de sus padres (creyentes o no) que ante tal desafío , se hacen conscientes y se decantan: lo que querían era una buena nota, o estaban allí porque no tenían que gastarse dinero en libros o porque estaban los amigos de sus hijos, pero, en realidad…ellos no creían y cuando se les exige lo mínimo a sus hijos, manifiestan sus descontento con la profesora o , simplemente, los cambian de opción.

Este miedo ha provocado que muchos optaran por la misma permisividad ya instaurada, creyendo que Jesús no era lo suficientemente poderoso como para captar la atención de los chicos.

A nosotros nos enjuician los alumnos, sus padres, los compañeros de trabajo, que antes vivían como un suplicio la alternativa ( y la culpaban a la asignatura de religión), o porque su juicio respecto a los profesores de religión era la de no considerarlos verdaderos profesionales ( en muchos casos, no lo son y no lo eran); la delegación de enseñanza religiosa ( o sea el obispado) que espera mantener un número de alumnos elevado exigiendo que sus profesores sean casi angelicales ( adorables para los alumnos, magníficos compañeros y trabajadores incansables, que no cuestionan nada, no llaman la atención, sirven a todos con una excepcionalidad heroica  y se mantienen en un plano de mesura y distanciamiento en todos los conflictos que puedan surgir en cualquier instancia; siendo mártires en todo,  sin hacer el menor ruido y sin que su vida familiar se vea afectada,  ya que también son ejemplares en este ámbito,  al igual que en las parroquias a las que pertenecen, pero , evidentemente, sin ningún tipo de mención extraordinaria pues la labor excepcional es la ejercida por los sacerdotes); y por último, los propios creyentes que exigen coherencia, pero jamás brindan apoyo ,consuelo o ayuda a la labor educativa de estos profesores, es más, en los claustros , parecen inexistentes pues soy “creyentes a lo secreto”.

Así cada año. Da igual la LOGSE, LOPEG, LOCE, LOE O LOMCE, la asignatura de religión es denostada, maltratada, pisoteada, criticada y vapuleada… Incluso, aunque parezca que mejora, la realidad es que las condiciones reales difieren mucho de la dignidad de cualquier otra asignatura. Es usada como arma arrojadiza de slogan, como compra de votos, como elemento negociable, como intercambio…todo menos como una ASIGNATURA FUNDAMENTAL EN LA EDUCACIÓN INTEGRAL DEL ALUMNO (por cierto… ¡qué incoherencia entre el tratamiento y la consideración!).

Pero os diré algo, NO CAMBIARÍA NI UNO SÓLO DE MIS DÍAS DEDICADO A MIS CLASES. He sido protagonista, testigo de milagros operados en el corazón de mis alumnos, de padres y de compañeros. También en mí misma. De pasar en un instante, de la frustración a la ternura, de la rabia a la alegría, del vacío a la esperanza, de la nada  al descubrimiento de la Trascendencia.

He recibido muchos regalos: dibujos donde los chicos me mostraban su agradecimiento, tarjetas postales, velas, estampas, invitaciones y sobre todo, sonrisas, palabras de agradecimientos, correos mostrándome cariño y añoranza. He amadrinado en el sacramento de la Confirmación a alumnos y de primera comunión. Padres que me han agradecido la labor con sus hijos, compañeros y directores. Y ESPERANZA, MUCHA ESPERANZA

Esperanza en que Cristo es quien lleva la historia y mueve el corazón de los hombres. Esperanza en que el nombre de Cristo venza los obstáculos y derrumbe las barreras que nos hemos impuesto. Esperanza en que Él está conmigo, junto a mí en mis clases y que mis deficiencias las suple Él. Que trasciende mis limitaciones, me consuela y fortalece.

Pero era necesario CONFIAR EN ÉL. Saber que esto no dependía de mí. Yo sólo debo poner mi esfuerzo, mi sacrificio y responsabilidad porque todo lo demás DEPENDE DE ÉL.

Sí, son muchos los alumnos que han robado un trocito de mi corazón. Mi corazón está repleto de adolescentes, de sus miedos, de sus tribulaciones y de su futuro. Y yo también he calado en muchos de ellos, lo sé.

Doy gracias a Dios por mantenerme en la trinchera y estaré aquí hasta que ya no me necesite o decida trasladarme. SÉ que LOS PROFESORES DE RELIGIÓN, para muchos de estos chicos, somos la última conexión entre Él y ellos. Si no somos valientes…les estamos privando de la posibilidad de conocerle, de mirar más allá de esta sociedad que los está ahogando entre el materialismo y el individualismo tan atroz.

REZAD POR NOSOTROS…lo necesitamos mucho.

Mi Blog "Padres, adolescentes y esperanzas"

mercedeslucaSoy Merche Lucas Pérez, licenciada en Ciencias Religiosas por la Universidad de Salamanca, poseo un Máster en Teología y soy Doctora en Teología por la Universidad de Murcia. El título de mi tesis es: La misericordia en la diócesis de Cartagena (mujer, matrimonio, familia y parroquia).
Estoy casada y tengo dos hijos, y actualmente soy profesora en un Instituto de Secundaria de Murcia. Soy creyente y católica y es la fe de donde mana mi alegría y esperanza cada día.

https://www.infofamilialibre.com/index.php/blogs/padres-adolescentes-esperanzas