Martes, 06 Diciembre 2016 00:00

Educando en la permisividad

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He de confesar que me siento desconcertada. Suelo tener claro que, a la hora de educar, los límites son una de las herramientas fundamentales que nos ayudan a madurar y enriquecernos como  seres humanos.

Son los límites los que nos llegan a mostrar las flaquezas propias y las de los demás. Ellos nos muestran quiénes somos en realidad, nuestras capacidades y las dificultades que nos impiden llegar a ser quienes estamos llamados a ser. Los límites nos ayudan a reconocer la dignidad de los otros. A concederles valor y tenerlos en cuenta, a valorarlos e, incluso, a llegar a respetarlos. Los límites, nos humanizan. Nos ponen los pies en la tierra y nos ayudan a admitir que “no lo podemos todo, que no todo depende de nosotros y que no controlamos nuestra existencia tanto como quisiéramos”.

Sí, hasta ahora, ha sido así. Pero ¿cómo poner límites cuando el mundo entero no los pone? Me explico. Normas básicas de clase: no llevamos móvil, no comemos chicle, pedimos permiso para hablar y levantarnos. ¿Sencillo verdad? No, no lo es. Porque la norma no es respetada y SE PERMITE HACERLO.

Lo permite el centro educativo, los padres, los profesores,...todos han desistido. ¿Por qué?: Porque no se puede ir contra corriente, porque es una lucha perdida, porque (esta es la respuesta que más náuseas me produce) todos lo hacen..., porque ¿qué más da?, ¡no seré yo quien se fastidie con una lucha perdida!… Respuestas así continuamente.

Entonces, ¿qué hago Señor?

Permitir que no se respeten las pequeñas normas …¿no nos conducirá a no respetar otras mayores?; ¿no nos llevará a pensar que todo está permitido y que, haciendo la presión suficiente, se puede conseguir que todos puedan llegar a hacer lo que a cada uno le de la gana?. Pero,  si no es así, ¿cómo impongo unas normas que parecen inexistentes y que me colocan en un lugar en el que no deseo estar?...

Hemos llegado a creer QUE LO CONTROLAMOS TODO. Que la vida es como cada uno la imagina.

Diseñamos nuestra existencia, la planeamos como si fuese posible controlar las variantes. Mis alumnos creen que estudiarán, tendrán novios e hijos ( casados o no), casa, coche y trabajo…La enfermedad, la muerte, no entran en sus planes. Con el sufrimiento no cuentan, ni con el sacrificio. Y cuando se topan con él, se sienten defraudados e impotentes porque NADIE LES PREPARÓ PARA ELLOS.

Les vendemos una vida fácil como si todo lo que desean pudieran alcanzarlo. Eliminamos la frustración de sus vidas porque no la aceptamos en la nuestra. LES VENDEMOS UNA MENTIRA que apenas creemos.

En la adolescencia, ya no creen en el amor. El 80% por cierto de mis alumnos provienen de familias cuyos padres están  separados y así es difícil creer en el compromiso y la fidelidad.

Salen los fines de semana para olvidar la presión que los adultos ejercen sobre ellos, para sentirse libres y disfrutar de sus amigos, pero, en realidad, no creen en la amistad. No entienden la gratuidad, el servicio y la entrega. Les cuesta reconocerla y, mucho menos, aceptarla como un valor.

Se sienten apáticos, cansados, agobiados y desinteresados por una vida “que no va con ellos”. Pero temen muchísimo a la muerte y a sentirse abandonados. La incertidumbre e inseguridad les obliga a escudarse con la coraza del “pasotismo”, pero bajo la máscara poseen un corazón vigoroso anhelante de esperanza y alegría.

Cuando hablamos del Amor de Dios, se mofan, burlan y ríen, pero tras un tiempo insistiendo en la Misericordia, se les va escapando expresiones como : ¡Qué bonito!. Yo le digo que no sólo es hermoso , sino REAL, y, algunos, aunque desean creer, les parece que hablamos de un sueño que no han de alimentar para no sentirse más frustrados.

Es entonces cuando yo ORO POR ELLOS. Rezo por ellos de forma insistente. Le pido a Dios que abra sus corazones y sus mentes. Rezo por sus familias y les digo a los chicos que lo hago. ¡Esto tiene un efecto milagroso! Les asombra que su profesora rece por ellos, pero unos pocos, se quedan a solas e insisten para que lo siga haciendo.

Pero no les miento. Yo…hago lo que puedo y el resto es obra del Señor.

Ellos no son responsables de su descreimiento, ni de su apatía e indolencia. Si les robamos la esperanza, somos los encargados de devolvérsela.

El ADVENIMIENTO de Cristo en nuestras vidas es una necesidad para devolverles el verdadero SENTIDO y la auténtica ALEGRÍA. Yo lo veo cada día y oro para que regrese a los corazones de mis alumnos y permanezca en el mío llenándolo de paciencia e ilusión.

En menos de un mes los alumnos de mi centro “han hecho dos huelgas”; a mí me indigna que utilicen cualquier excusa para faltar a clase y obviar sus responsabilidades, pero después pienso que están gritando: ¡Ayudadnos porque necesitamos encontrar un sentido para luchar por conseguir nuestros deseos más profundos!.

Llamadme “flipada”, pero ¡de verdad que oigo su desesperación por salir del vacío!

¡OS DESEO A TODOS UN FELIZ ADVIENTO!

Mi Blog "Padres, adolescentes y esperanzas"

mercedeslucaSoy Merche Lucas Pérez, licenciada en Ciencias Religiosas por la Universidad de Salamanca, poseo un Máster en Teología y soy Doctora en Teología por la Universidad de Murcia. El título de mi tesis es: La misericordia en la diócesis de Cartagena (mujer, matrimonio, familia y parroquia).
Estoy casada y tengo dos hijos, y actualmente soy profesora en un Instituto de Secundaria de Murcia. Soy creyente y católica y es la fe de donde mana mi alegría y esperanza cada día.

https://www.infofamilialibre.com/index.php/blogs/padres-adolescentes-esperanzas