Lunes, 26 Diciembre 2016 00:00

El tiempo se paró y la Inmaculada nos unió

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No sé por qué, pero desde hacía un par de años, cuando se acercaba el Adviento, pensaba en las personas que están enfermas y viven la Navidad en los hospitales.

Me imaginaba vivir así una Nochebuena. Acompañándolas, compartiendo la vivencia de recibir a Jesús desde la simplicidad, el dolor y la austeridad. Y Jesús, que conoce, mejor que nosotros mismos, nuestro corazón, me escuchó y, por sorpresa, me está regalando durante este año 2016, la oportunidad de vivir un Adviento así, acompañando a uno de mis seres más queridos junto a la cama de un hospital.

Pero la realidad suele ser mucho más cruda que nuestros anhelos bucólicos y ñoños. Es más dura, cruel y triste de como sueña nuestra altruista aspiración a la santidad… El llanto, la impotencia y la rabia nos hacen caer en la cuenta de nuestra profunda debilidad. De la necesidad ingente de que Jesús mismo nos sostenga para poder sonreír ante circunstancias tan adversas. Para no perder la esperanza.

Pero Jesús no nos abandona y nos  hace continuos guiños.

No dejo de trasladar una maleta en la que transporto todo el material que he de corregir para evaluar la primera evaluación. Doscientos alumnos: trabajos, cuadernos y cuestionarios que se acumulan y que, junto a la cama del enfermo, yo trato de corregir.

Y las palabras cobran su significado más completo en los cuadernos que tengo frente a mí: MISERICORDIA, SENTIDO, ESPERANZA, AYUDA, CUIDADO, VIDA ETERNA, PADRE, MADRE, CONFIANZA, ENTREGA, FE, ADVIENTO, NAVIDAD, HUMILDAD, PEQUEÑEZ, POBREZA, FAMILIA… Y de pronto caigo en la cuenta... ¡Señor, es de esto de lo que yo les hablo….es para esto para lo que yo les preparo!

¡Todo tiene sentido, Tú en esa cama y yo, junto a Ti!

Hay un detalle muy hermoso en este hospital, que se está convirtiendo en mi segunda casa. Te enfrentas con la capilla (que siempre está abierta) cuando te diriges a tomar el ascensor. Es inevitable. Y yo, antes de subir, saludo a Jesús y le digo: “Venga, sube conmigo”.

Cuando me marcho, vuelvo a entrar para despedirme y darle las gracias por acompañarme.

Y Jesús me sonríe. Os voy a contar un detalle (de los muchos) de cómo lo hace.

La persona a la que quiero compartió habitación (durante 5 días) con un señor al que habían operado. Su mujer le acompañó en todo momento, sin separarse de él ni un instante. Yo me quedaba embelesada observando el trato tan delicado que se tenían mutuamente. Ella se deshacía en ternura con él y él lo recibía con cariño y agradecimiento.

Los dos son muy habladores y extrovertidos (a pesar que le habían operado de la garganta) y, muy pronto, me contaron detalles de su vida y la forma que tenían de ver el mundo.

Así es como me enteré que él era orfebre en su propio taller artesanal. Al principio, tan inmersa estaba en la preocupación de mi enfermo, no se me ocurrió indagar en los detalles de su oficio, fue un amigo el que, durante su visita, le preguntó qué tipo de trabajos realizaba.

Y… ¡Aquí viene mi gran sorpresa! ¡Resulta que tenía junto a mí al fabricante de toda España de mi venerada medallita de la Virgen Milagrosa! Sí, así es. Esta medallita que yo compro cada año para regalar a mis alumnos más conflictivos, perdidos o, incluso, destacados.

Ese tesoro que me acompaña y me protege. Ese diamante que regalo a mis alumnos con la esperanza de que la Madre obre un milagro tocando sus corazones. ¡Y lo hace!, lo veo continuamente.

Para mí fue un regalo tomar conciencia de que la Virgen me había colocado junto a la persona que hacía posible que estas medallitas llegaran a mis manos y a las de mis chicos. Pero la Madre, en su inmensa generosidad, me tenía otra sorpresa preparada.

El día 6, dieron de alta al convaleciente amigo y con pena y alegría, a la vez, nos despedimos con el deseo de que, también nosotros, partiéramos pronto. 

El día 8, la Inmaculada me tenía preparada una gran alegría. Estaba en casa y volvía al centro hospitalario para relevar a la persona que acompañaba a nuestro querido familiar cuando suena el teléfono. Diego, que así se llama, me dice que me espera pues tiene un regalo para mí.

¡Dos bolsas enormes con medallitas de nuestra Madre! ¡No exagero si digo unas 6.000!: “Toma, para que las repartas…y cuando se te acaben me pides más”.

¡Qué alegría! La Madre se desbordaba ante mí y se venía conmigo ¡millares de veces! Profundamente agradecida abracé a Diego y le expresé mi emoción: “La Virgen nos ha unido”. El asintió.

Es uno de los maravillosos encuentros que he vivido estos días.

Junto a la enfermedad, la sensación de estar en “otro mundo” y de que “el tiempo se para” es compartida con todas las personas que nos enfrentamos a esta situación: los enfermos y los cuidadores.

Es como si la vida fuera no tuviese nada que ver con nosotros. Como si penetrásemos las entrañas del tiempo y el espacio y nos alejásemos del ruido y la celeridad de los días. Junto al enfermo EL TIEMPO desaparece.

Pero Dios no nos abandona y nos envía a su Madre a las profundidades del abismo y aislamiento, para decirnos: “Aquí estoy, más presente que nunca… 6000 veces presente, para acompañaros y sosteneros”.

Nadie dijo que la vida fuese fácil, pero ¡qué alivio estar tan acompañados en los momentos difíciles! Compañía poderosa y eficaz.

No puedo estar más agradecida. La Madre está junto a la cama de quien tanto quiero y bien me hace. Cuida de él y de cada uno de nosotros.

¡Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea…!

Mi Blog "Padres, adolescentes y esperanzas"

mercedeslucaSoy Merche Lucas Pérez, licenciada en Ciencias Religiosas por la Universidad de Salamanca, poseo un Máster en Teología y soy Doctora en Teología por la Universidad de Murcia. El título de mi tesis es: La misericordia en la diócesis de Cartagena (mujer, matrimonio, familia y parroquia).
Estoy casada y tengo dos hijos, y actualmente soy profesora en un Instituto de Secundaria de Murcia. Soy creyente y católica y es la fe de donde mana mi alegría y esperanza cada día.

https://www.infofamilialibre.com/index.php/blogs/padres-adolescentes-esperanzas