Viernes, 24 Mayo 2019 00:00

Enseñar a pensar

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-¡Uf, qué agobio…! ¡Me estoy rayando profe! ¡Esto, parece Filosofía!... ¡Da igual, ¿qué más da?!...

Estas y otras expresiones expresan mis alumnos de forma continuada cuando les invito a reflexionar sobre un tema y les demando que argumenten sus opiniones. Siento que destapo la caja de Pandora.

Ellos quieren “recetas”. Quieren “pelearse contra alguien”: contra el instituto, el mundo, la Iglesia o contra mí. Quieren respuestas fáciles que empequeñezcan el mundo a su medida y modo de ver. Quieren esto para acabar diciendo: CADA UNO HACE LO QUE LE DA LA GANA… (argumento que usan para acabar con un tema antes siquiera de iniciarlo).

¡Y ya está! Fin de la discusión, de todo cuestionamiento y de quebraderos de cabeza.

Frente a la “Verdad os hará libres” de Jesús, nos encontramos con la afirmación repetitiva, que no hace mucho tiempo un político conocido popularizó: “La libertad nos llevará a la verdad”.

Fijaos, no tiene nada de arbitrario y resulta endiabladamente sutil y contrario a la VERDAD proclamada por el Salvador del mundo.

La Verdad es Cristo y cualquier buscador de la misma, se encontrará con Él… presuponiendo que el buscador  posee un corazón abierto y sincero.

Sin embargo, al declarar que el valor principal es LA LIBERTAD, entendiéndola como el presupuesto de no limitación por la Trascendencia, sino más bien orientada a la realización exclusiva y personal del individuo autosuficiente, nos conducimos al VACÍO ABSOLUTO y al sinsentido carente de una norma suprema que nos antecede. No hay VERDAD que encontrar porque cada uno posee la suya de forma arbitraria.

A muchos de estos chicos, dar razones de cualquier opinión que emitan, les parece completamente anodino y fútil. Repiten únicamente lo que han oído, lo que circula sin parar, lo que se da por sentado, lo que otros vierten en cualquier red social, pero muy pocos se paran a investigar con el deseo de encontrar la verdad de ciertas ocurrencias o exabruptos que cualquiera puede soltar sin tener que demostrar absolutamente nada y que siendo aceptada (por likes que los popularizan), se convierten en verdad incuestionable sobre la que no es necesario reflexionar.

Por ello, invitarles a pensar, a elaborar sus propias opiniones dando razones de las mismas, llega a convertirse en un auténtico suplicio. Es necesario luchar contra sus resistencias. 

El método es sencillo: plantearles el porqué de esta o cual opinión, es decir, defender las bases de las mismas.

Normalmente y tras presionar mínimamente, la respuesta suele ser reiterativa, sea cual fuere la pregunta: “porque cada uno hace lo que le da la gana”.

¡Ya está! Es el nuevo oráculo y no hay más que debatir.

Intento hacerles ver que ser persona incluye la responsabilidad de hacer el esfuerzo por descubrir la verdad de las cosas, por ser autocríticos con nosotros mismos y críticos con el mundo, superando la rebeldía del “porque sí” y acostumbrarse a utilizar la razón y la inteligencia de la que Dios nos dotó.

Pero no les culpo. A la locura de su edad se suma la necedad de los tiempos que vivimos. Yo también, a veces, llego a sentirme desorientada. Es difícil mantener la cordura en un mundo desquiciado.

Aunque hay una salida y es la que les vengo a ofrecer…

Delante del Sagrario podemos encontrar la luz, las respuestas, el calor y el consuelo que, con demasiada frecuencia, esta sociedad nos niega. Recuperar la alegría y la paz ¡es posible! Y a fuerza de insistir, el muro que las bloquea, puede derribarse, o, al menos, agrietarse. Así es como yo lo vivo.

Y entonces me percato que hay días en los que los rostros de mis alumnos lo muestran. Después de una serie de preguntas o de algún comentario, se ponen serios y cabizbajos, parecen estar mirando dentro de sí mismos. Durante unos segundos su silencio es quien me habla de que han conseguido parar y escuchar su interior.

Se quedan sin palabras, por un instante y entonces sé que han conectado y que hay esperanza de que escuchen al Dios que les habla desde lo más profundo de sí mismos.

Es fugaz, un destello…pero Dios está aquí y ellos han sido capaces de sentirlo.

Se han preguntado el por qué y quizás puedan llegar a descubrir que la pregunta realmente crucial no era ésta sino el PARA QUÉ. Pienso que es un buen comienzo, es más, ES EL COMIENZO: preguntarse para buscar respuestas, no conformarse con la de otros. El nacimiento del pensar es el BUSCAR. Y el buscar es el origen de ENCONTRAR.

PARA ENCONTRARSE CON DIOS HAY QUE DESEAR ENCONTRARLO, aunque ese anhelo sea débil, casi apagado, pero una chispa puede provocar un incendio en el corazón y arrasar con todo lo que impedía la búsqueda más crucial de nuestra vida: conocer nuestro ORIGEN.

EN DIOS VIVIMOS, NOS MOVEMOS Y EXISTIMOS, pero hay que PARAR, ESCUCHAR, REFLEXIONAR, INTERROGAR, DESEAR…. Darlo todo por sabido, mata la esencia de nuestro ser.

Ayudarles a pensar, a ser verdaderamente hombres y mujeres, incitarles a la búsqueda, al deseo de conocer por sí mismos… ¡Cuánto cuesta hoy, Señor!

Sí, es difícil, no imposible. La experiencia me dice que:   “al que llama, se le  abre”. ¡De verdad que sí!

FRENTE AL SAGRARIO, ENCUENTRO EL SENTIDO.

Mi Blog "Padres, adolescentes y esperanzas"

mercedeslucaSoy Merche Lucas Pérez, licenciada en Ciencias Religiosas por la universidad de Salamanca, poseo un Máster en Teología por la Universidad de Murcia y estoy elaborando mi tesis doctoral cuyo tema central es la familia.
Estoy casada y tengo dos hijos y actualmente soy profesora en un Instituto de Secundaria de Murcia. Soy creyente y católica y es en la fe de donde mana mi alegría y esperanza  cada día.

https://www.infofamilialibre.com/index.php/blogs/padres-adolescentes-esperanzas