Domingo, 08 Septiembre 2019 14:57

Condenada al ostracismo

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Ostracismo: 1. En la Grecia antigua, destierro a que se condenaba a los ciudadanos que se consideraban sospechosos o peligrosos para la ciudad. 2. Aislamiento voluntario o forzoso de la vida pública que sufre una persona, generalmente motivado por cuestiones políticas.

¡Me encanta la riqueza de nuestro idioma! Hay una palabra para cada situación, un término para cada cosa, un sinónimo para cualquier cambio nimio o sustancial de los hechos. El castellano verdaderamente es una lengua de una profunda riqueza.

Ha empezado el curso y con él se despiertan todas las incertidumbres de cualquier profesor, pero sobre todo, la de los de religión. ¿Cuántos alumnos tendré? ¿De qué cursos? ¿Cuántos habrán abandonado la asignatura? ¿Han sido sólo los suspensos o no? ¿Cuántos perseverarán? ¿Qué esperan los padres de mí? ¿Qué nuevos compañeros tendré este año? ¿Se sentirán amenazados por “mi presencia”? ¿Serán militantes frente a la asignatura? ¿Qué sorpresas me depararán en el horario, el número de alumnos, las aulas? El equipo directivo, ¿esta vez ,será más equitativo a la hora de configurar mi horario, mi alumnado ,la distribución de aulas?...

Estas y otras cuestiones nos producen desazón. Algunas de ellas las compartimos con nuestros compañeros docentes, pero otras…nos pertenecen sólo a nosotros, ¡los de religión!

En verano, suelen haber obras, reformas, reparaciones en los centros educativos. También en el mío. Los espacios mutan, se amplían, se reducen, se transforman. Se distribuyen los departamentos donde cada cual depositará sus materiales. Hasta aquí, todo bien. El problema está con “los de religión”. No somos departamento propio, por lo tanto “nos adscriben a cualquier otro”. El departamento al que se nos inscribe puede variar en cada centro y el recibimiento del adscrito, también. La intencionalidad es compartir, sobre todo, la información a nivel funcional y académico y, si tenemos suerte, también los espacios, es decir, disponer de un lugar referente donde ubicar nuestros materiales, disponer de algunos medios (como ordenador y armarios) y donde poder trabajar.

El problema, más corriente de lo deseable, es que con este plan, solemos sentirnos como “invasores” del espacio de otros, con un sentimiento continuo de “estar de prestado”, de mendigos que ocupan un lugar que no nos corresponde (muy coherente, por cierto, con la vida del creyente que siente que aquí “estamos de paso”). Así, en realidad, sin pretenderlo, nos ayudan a no apegarnos, ni siquiera a una silla.

Esto nos permite observar, desde fuera,  cómo se “mueven los hilos” a nuestro alrededor. Los espacios “que son públicos”, por lo tanto, no pertenecen a un particular, se convierten en “los chiringuitos privados de las personas de tal o cual departamento”. La posesión de ellos, lleva a conflictos por las comparaciones. El amiguismo acampa a sus anchas pues sólo se está dispuesto a compartir a los similares, los intrusos no son bien aceptados, sobre todo si se sospecha de ellos.

Mientras con la boca abogamos por la tolerancia, el respeto y la igualdad, la desigualdad impera por los rincones. Se dan los departamentos “privilegiados” y los menos afortunados y fuera de esta ecuación, se encuentran “los desterrados” condenados a vagar por los centros educativos  con una maleta a cuestas y buscando un huequito donde colocar sus enseres.

Sí, es triste y da pena. Pero no por la condena al ostracismo de muchos profesores de religión, sino por los mismos compañeros que así actúan. El apego a los espacios, al estatus, a la consideración del propio yo, simplemente es esclavitud. Una esclavitud que conlleva una ceguera absoluta para considerar al otro, para abrirse a él y disfrutar de la riqueza mutua que podrían compartir.

Hay personas muy pobres que lo tienen todo, menos a sí mismas. La soberbia es sutil, puede mostrarse pomposa y fastuosa o haciéndose notar marcando el terreno que se considera propio ya sea orinando en él o en la persona que se atreve a invadirlo.

Y así transcurren nuestras vidas. Enseñando a escribir, sumar, el Universo o a hablar otro idioma, pero olvidando que no tendremos futuro si no enseñamos a amar. Nos devoraremos a nosotros mismos y cuando lo hagamos…no habrá nada sobre qué orinar.

Mientras, los profesores de religión, no poseerán nada que les pertenezca, pero darán lo más valioso de sí mismos y ofrecerán a sus alumnos la PIEDRA PRECIOSA que les ayudará a priorizar valorando que no hay nada que  importe más que ese VALIOSO DON.

Mi Blog "Padres, adolescentes y esperanzas"

mercedeslucaSoy Merche Lucas Pérez, licenciada en Ciencias Religiosas por la universidad de Salamanca, poseo un Máster en Teología por la Universidad de Murcia y estoy elaborando mi tesis doctoral cuyo tema central es la familia.
Estoy casada y tengo dos hijos y actualmente soy profesora en un Instituto de Secundaria de Murcia. Soy creyente y católica y es en la fe de donde mana mi alegría y esperanza  cada día.

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