Lunes, 09 Febrero 2015 01:00

Vidas con sentido

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Os cuento: Un sábado de frío invierno, por la mañana. Había quedado con un grupo de chicos y chicas de 13-14 años para servir desayunos a personas desfavorecidas, en el local que un grupo de seglares, tras asociarse, tenían alquilado para ofrecer este servicio de forma gratuita y altruista.

Un servicio que prestan 365 días al año, sin descanso y haga el tiempo que haga, ya que, como nos cuentan, puede que sea el único alimento, que muchas de las personas que acuden a desayunar, tendrán durante ese día.

Acuden todo tipo de personas. Hombre y mujeres, jóvenes, de mediana edad y viejos. Extranjeros, pero, sobre todo, muchos españoles.
Los chicos se entregan a la tarea de preparar y repartir el desayuno desde el mismo instante en que pisamos el local. Parten el pan, calientan leche, preparan el café, las servilletas, los vasos de plástico. Untan con mantequilla y/o mermelada,  las rebanadas ya cortadas. Algunos, frente al mostrador, hablan, sonríen y  atienden a todo aquel que se acerca.

Al finalizar el horario de desayunos, hablan con la fundadora, que con  80  años les trasmite alegría y vitalidad en la tarea de darse a los otros. Ellos y ellas están atentos a sus palabras, mientras observan a los demás voluntarios (asiduos, de forma continua) cómo trabajan en el anonimato fregando las  bandejas, recogiendo las sillas y mesas y limpiando el local.

La mañana ha pasado volando. Regresamos a casa en mi coche. Al entrar en él nos sentimos reconfortados y calentitos. Se respira paz y silencio hasta que una de las chicas exclama: “¡Qué día tan precioso! Qué feliz me siento. ¿Verdad que esto es muy “chulo”? ¡Vamos a cantar!”.
Todas afirmamos y acabamos cantando y riéndonos de nosotras mismas. Es Navidad. Nos sentimos felices. Sus rostros reflejan paz, pues se sienten bien con ellas mismas.

¿Qué es lo que nos hace tan felices?
Vivir merece la pena y esto lo descubrimos cuando nos damos a los demás. Cuando nos olvidamos de nosotros mismos y somos capaces de aliviar el sufrimiento de otros.

Estas chicas/os habían madrugado (¡con lo  que les cuesta!) un día en el que “no estaban obligados a ello, pues no tenían que ir al instituto”; y al colaborar sirviendo  desayunos se sintieron útiles, valiosos y necesarios.
Eso les hizo sentirse bien con ellos mismos. Satisfechos y contentos.

Yo me planteo si no es eso lo que nuestros jóvenes y adolescentes necesitan: “sentir que son necesarios, que enriquecen y fortalecen nuestra sociedad con su trabajo, que hay personas a las que pueden ayudar”.
Continuamente les exigimos que estudien, que den lo máximo en el instituto y en otras actividades: música, danza, idiomas, deportes…, pero ¿nos ocupamos de fortalecer sus almas?

El ser humano necesita que su vida tenga sentido. Es lo que realmente le aporta alegría y satisfacción. Es la verdadera motivación que necesita para seguir viviendo. Pero ¿qué ofrecemos a nuestros jóvenes?
Tabletas, móviles de última generación, ordenadores, iphone, televisión….un extenso mundo de conexiones que les desconecta de sí mismos, de la realidad del mundo en el que viven, de los seres humanos que tienen al lado.

Necesitan mirar al otro a los ojos. Necesitan ver con los ojos del corazón. Y nos necesitan a nosotros para que se lo enseñemos. Porque esta faceta del ser humano necesita ser mostrada, guiada y educada.

La vida es hermosa cuando tiene sentido. Cuando hay algo más grande que nosotros mismos por lo que vivir y luchar. Cuando el amor y la entrega están presentes.

De otro modo, los jóvenes se sienten apáticos, desanimados, desilusionados, desesperanzados. No alcanzan a vislumbrar un futuro horizonte que les anime a continuar, a estudiar, a esforzarse.
Lo tienen todo, pero no tienen nada en qué creer. A veces, me dicen que “el amor no existe y que ya nadie ama”.

¿No seremos responsables de esta visión tan nefasta de nosotros mismos?
Necesitamos volver sobre nuestros pasos, recorrer el camino andando y recoger los valiosos principios que, poco a poco, hemos ido desechando en el frenético intento de buscar las salidas más fáciles y placenteras.
Principios como el esfuerzo, la gratuidad, el sacrificio, el don de sí, el empeño de la voluntad…; en definitiva, el amor. Amor que compromete y nos exige dar lo mejor de nosotros mismos, pero que nos hace sentir que somos, sobre todo, PERSONAS. Porque como diría esta chica: “Es chulo darse a los demás”.

Mi Blog "Padres, adolescentes y esperanzas"

mercedeslucaSoy Merche Lucas Pérez, licenciada en Ciencias Religiosas por la Universidad de Salamanca, poseo un Máster en Teología y soy Doctora en Teología por la Universidad de Murcia. El título de mi tesis es: La misericordia en la diócesis de Cartagena (mujer, matrimonio, familia y parroquia).
Estoy casada y tengo dos hijos, y actualmente soy profesora en un Instituto de Secundaria de Murcia. Soy creyente y católica y es la fe de donde mana mi alegría y esperanza cada día.

https://www.infofamilialibre.com/index.php/blogs/padres-adolescentes-esperanzas