Viernes, 06 Marzo 2015 01:00

Contar con tu amistad

Escrito por

Hoy quiero hablaros de la necesidad que existe, en nuestras vidas, en la de todos, de gozar de verdadera amistad. Pero, para ilustrar el tema, antes os quiero contar una historia.

1. La historia de Rosa.

Rosa, tiene trece años y cursa segundo. La conocí el pasado curso y ya, desde entonces, se mostraba tímida y silenciosa. En clase está muy atenta y rara vez, se atreve a participar o a plantear dudas.

Este curso, su tutor me comparte lo preocupado que está por Rosa y me invita a que hable con ella, pues, según él, los chicos/as tienen facilidad para abrirse a mí y sería bueno conocer, si la niña está preocupada por algo o si en su ambiente familiar hay alguna circunstancia que le impida estar más centrada en los estudios.

Un par de días después y al acabar la clase, le pido a Rosa que se quede un ratito para hablar conmigo. Le comento lo triste que la veo y cómo hay profesores preocupados por ella y le pregunto cómo se encuentra. Inmediatamente, la niña rompe a llorar. Entre sollozos me comenta lo sola que se siente. Sus padres cambiaron de domicilio y la tuvieron que cambiar de colegio en el último curso de primaria donde tenía amigos y se sentía querida y valorada.

En el colegio nuevo no se sintió aceptada y en el instituto, aunque sí lo era, no conseguía hacer amigos. Se sentía desesperada, desmotivada y tremendamente sola. Había pensado en suicidarse.

2. Adolescencia y amistad van unidas

Quizás os parezca tremendamente exagerado pensar que una chica pueda quitarse la vida por no tener amigos, pero os aseguro que no lo es.

Para un adolescente, la amistad es el ámbito donde se conforma como un ser valioso, respetado y querido. La familia pasa a un segundo plano. Es el momento de descubrir el mundo y, sobre todo, a sí mismo. Y el espejo donde se mira es el amigo o amiga. Llora cuando ella llora, ríe cuando ella ríe y comparte todos los miedos e ilusiones de una forma distinta a la que lo hacía antes. Es otro ser humano, distinto a sí mismo, el que le importa y a quien le importa fuera de casa. Es un mundo sólo suyo y que sólo pertenece a él/ella.

Con los amigos, aprenden a compartir por deseo propio, a empatizar sin conocer el significado de la palabra, siquiera. El verdadero significado de la complicidad, de dar la cara por el otro y de darse a sí mismo por propia voluntad.

El adolescente está descubriendo su identidad, no sabe todavía quién es, pero empieza a descubrir qué es lo que no desea ser. En esa búsqueda, los amigos son sus aliados pues contrastan, sopesan, critican y aprenden a seleccionar lo que desean y lo que no. Unos buenos amigos, ayudarán a construir una persona asertiva, sincera y auténtica o, por el contrario, a despersonalizar la identidad, a imitar y a dejarse llevar.

Pero lo que está claro es que NECESITAN DE LA AMISTAD. Tanto como el comer.

3. ¿Qué tipo de amistad?

Es evidente que esta necesidad, como todas, también ha de ser “orientada y guiada”. No es válida cualquier tipo de amistad. Los jóvenes tienden a “integrarse” en un grupo, y, algunos, están dispuestos a abandonar su propia personalidad para ser aceptados. Por ello, es fundamental educarles, desde pequeñitos, a saber elegir y, elegir lo correcto, bueno y bello. Es absurda la corriente educativa que, estuvo de moda hace pocos años, que nos inculcaba, que ellos pueden decidir “por sí solos lo que más les gusta”. Y era cierto, en parte, sí que saben elegir lo que les gusta, pero otra cosa muy distinta es dirigir ese gusto para que, lo elegido, contribuya a hacerle mejor persona con capacidad de discernimiento. Es decir, que se corresponda con lo BUENO Y BELLO para ellos.

Es importante enseñarles a DISCERNIR, a elegir bien, sobre todo, los amigos. Amigos fieles, que compartan las penas, pero que sepan compartir las alegrías, sinceros, dispuestos a hacer pequeños sacrificios por la amistad, que den su tiempo para acompañar o consolar, generosos, auténticos, que valoren poco lo que tienen, pero mucho lo que son.

Porque su vivencias con ellos, van a determinar bastante la opinión que tienen de sí mismos y del mundo, su comportamiento fuera de casa, e incluso, su carácter dentro.

4. La escucha, imprescindible

Y aquí nos surge una nueva necesidad: la de hablar con ellos y, sobre todo, LA DE ESCUCHARLOS.

Mi marido y yo, tenemos una niña de 15 años. Cada día, sentados juntos en la mesa a la hora de la comida, parlotea incansablemente. Nos habla de lo divino y lo humano, de chismorreos, anécdotas, rencillas y payasadas que ha vivido en el instituto. A veces, no deja que la interrumpamos, ni siquiera a su hermano, aunque lo que nos vaya a contar sea una nimiedad. Nosotros nos miramos y asentimos mientras ella habla sin parar. Quizás ese día no sea relevante, pero hay otros momentos que en su mirada o, incluso, en sus silencios, atisbamos un resquicio de preocupación o tristeza. Cuando le preguntamos, unas veces cuenta y otras no, pero la hacemos sentir que en casa es importante, querida y que siempre vamos a estar cuando nos necesite. Porque simplemente, LE PRESTAMOS ATENCIÓN ayudándola a sentir que su vida es importante.

Es una niña alegre, segura, decidida y con mucho carácter y cuando necesita límites, se los marcamos con claridad porque, entendemos, que la estamos ayudando a construir una persona alegre, sensible y con fortaleza para soportar la frustración. Nuestros adolescentes necesitan sentir que estamos pendientes de ellos (y no “encima de ellos”) ya que en este mundo que, tanto les distrae de las cosas verdaderamente importantes, necesitan tener un marco de referencia en el que apoyarse y un pilar donde agarrarse cuando se desorientan. No se trata de fiscalizarles o agobiarles, sino de ayudarles a vivir con sentido.

Terminaré recordando que invité a Rosa a hablar con sus padres sobre lo que sentía, a abrirles su corazón a las personas que más la querían en este mundo. Lo hizo y me lo contó. Habló con su madre y ella, llorando la abrazó y le dijo cuánto la querían. Yo, por mi parte, hablé con Ana, una chica de clase muy espabilada, inteligente y sensible. Le pedí permiso para sentar a Rosa junto a ella y la invité a que se acercara pues la chica necesitaba amigos. Ahora, las tengo que mandar callar (mientras les hago un guiño) pues hablan y ríen en clase como dos amigas de toda la vida. No quiero acabar esta reflexión sin recordar que también los adultos compartimos las mismas necesidades que nuestros hijos: amigos con quienes compartir la vida. Amigos con quienes poder manifestar verdaderamente quiénes somos y qué anhelamos. Amigos que nos ayudan a vivir la vida de manera mucho más hermosa, intensa y plena.

La confianza en los amigos, fortalece nuestra fe y confianza en Dios. La confianza en Dios, nos impulsa a confiar en los demás. JESÚS ELIGIÓ A UN GRUPO DE AMIGOS QUE, AUNQUE NO LE COMPRENDÍAN, LE AMABAN. Y tras su muerte y resurrección, fueron ellos quienes custodiaron y preservaron LA BUENA NOTICIA DEL EVANGELIO. 

Mi Blog "Padres, adolescentes y esperanzas"

mercedeslucaSoy Merche Lucas Pérez, licenciada en Ciencias Religiosas por la Universidad de Salamanca, poseo un Máster en Teología y soy Doctora en Teología por la Universidad de Murcia. El título de mi tesis es: La misericordia en la diócesis de Cartagena (mujer, matrimonio, familia y parroquia).
Estoy casada y tengo dos hijos, y actualmente soy profesora en un Instituto de Secundaria de Murcia. Soy creyente y católica y es la fe de donde mana mi alegría y esperanza cada día.

https://www.infofamilialibre.com/index.php/blogs/padres-adolescentes-esperanzas