Jueves, 11 Febrero 2016 00:00

Cuando querer es poder

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Antes de entrar en materia deseo abriros mi corazón. Necesito que conozcáis, lo que yo llamo, “la soledad de los profesores de religión”. Entiendo que conozcáis la soledad de los padres, de los esposos, de los enfermos, de los ancianos y una multitud de experiencias de soledad que nos impregnan de humildad y pequeñez.  Pero la soledad en la profesión tiene un nombre, y es la de los profesores en centros públicos, sobre todo, los que impartimos la asignatura de religión.

Cuando un profesor de religión  llega a un centro, por primera vez, ya, de antemano, por ser quien es y representar a la Iglesia, se le supone un “sospechoso al que hay que vigilar”.

La directiva está pendiente de cada uno de sus actos, palabras y gestos, y, así mismo, el claustro de profesores (todos, sin exclusión, creyentes y no creyentes). Los creyentes para “escrutar sus actos y, desde la distancia (¡por supuesto, siempre desde la distancia!) aprobar o criticar las actuaciones del mismo; los no creyentes, para desautorizarlo y justificar toda su animadversión a la religión y a la institución eclesial. Los padres, atentos  para que a sus hijos, no se les “adoctrine” con ideas demasiado radicales o políticamente incorrectas, y, por último, los verdaderos protagonistas: los alumnos. Ellos esperan que el de “reli” se enrolle, les apruebe por la cara y les saque de clase casi, casi… a dar la vuelta al mundo, si es posible.

En este contexto, el/la susodicho/a, debe trabajar y tener un comportamiento incorrupto y modélico, sonreír  constantemente (aunque se muera su padre), estar de buen humor y tener la palabra adecuada y oportuna para animar a todos; ser un profesional impecable, pero sin recibir el más mínimo reconocimiento o agradecimiento; ayudar a todo y a todos en todo momento; dar sus clases sin crear el menor conflicto, es más, resolverlos todos y que parezca como lo más natural del mundo. Mantener a los chicos a raya, exigiéndoles, pero no demasiado, para que todos puedan aprobar y estén felicísimos junto a sus padres, los cuales no valoran las notas altas de religión hasta que sus hijos carecen de ellas y la reclaman ya que “es una asignatura sin importancia”.

A todo esto, la sensación que tenemos, al menos yo, es que los católicos “desaparecen” en los centros públicos. Sólo, con el tiempo, algunos compañeros profesores “van saliendo del armario y, en secreto, manifiestan su adhesión a Cristo”, pero siempre de forma “que no se note y como si fuesen investigados por el CSIC”. Nunca delante de los demás compañeros o abiertamente defendiendo alguna cuestión que tenga que ver con la asignatura de religión.

Llegados a este punto os explico el acto donde, particular y explícitamente, todas estas cuestiones se ponen de manifiesto; suele ser en la celebración de la Santa Misa que, desde la asignatura, se programa como actividad del Departamento en el conjunto de actividades (voluntarias) que se proyectan para el día anterior a la festividad del patrón de la enseñanza secundaria: Santo Tomás de Aquino.

Desde hace unos años, en los centros donde “me han permitido organizarla”, la hemos hecho en la parroquia más cercana, donde, voluntariamente, acudían los profesores y alumnos que deseaban participar en ella. En los cursos anteriores, yo daba clases en un centro centenario que disponía de capilla y presencié (no sin un profundo dolor) cómo ésta fue desalojada y convertida en un aula de música sin que alumnos, padres o profesores moviesen un dedo para evitarlo, pero… “¡Es inevitable!”- me dije.

Este curso, doy clases en un centro (público… ¡recordad!) ubicado en un pueblo costero donde existe una gran mayoría de inmigrantes magrebíes (sobre todo) y latinos. Con un nivel económico medio-bajo y con un nivel cultural, igualmente, medio-bajo. Las familias desestructuradas y conflictivas son numerosas; sin embargo, la mayoría de padres responden a las llamadas que los profesores demandan y se preocupan por la educación de sus hijos.

Pues ¡cuál fue mi asombro! Que la “actividad” de la Misa, programada para el día de Santo Tomás, se podía hacer en EL MISMO CENTRO, en la biblioteca escolar, como una actividad más, paralelamente a otras que se efectuaban en el mismo instante, en otras aulas.

Tengo que dar GRACIAS A DIOS y también a la directiva del centro que, valientemente y enfrentándose a las pocas objeciones (¡curioso!) que le presentó algún que otro profesor, defendió la actividad COMO UNA MÁS, proclamando el derecho que la asignatura tenía a la misma y la opción voluntaria de participar o no.

Resumiendo, esto demuestra muchas cosas, pero sobre todo ¡QUE SI SE QUIERE, SE PUEDE!, que LOS CATÓLICOS HAN DE ABANDONAR LA TIBIEZA Y EL MIEDO A SER SEÑALADOS, ya que quien da la cara por Cristo, Cristo la dará por él (2 Tm 2, 8-13); que se pueden defender nuestros derechos desde la libertad y que hay que exigir el RESPETO A LOS CRISTIANOS con el mismo énfasis que defendemos el respeto a las personas que profesan otras religiones.

Acabo mi artículo informándoos de que la Misa fue un éxito. Los alumnos prepararon cantos, lecturas, oraciones y participaron en todo. Algunos, se atrevieron a confesar después de 7-8 años sin hacerlo, mantuvieron el respeto y el silencio que el acto merecía y se dieron la paz a pesar de las rencillas que existían entre algunos de ellos.

¡Fue precioso! Y me siento agradecida por todo ello.

Son los regalos que la Madre nos hace a pesar de nuestra pequeñez e infidelidad.

Así es que os animo a dar testimonio de Cristo, sea cual sea vuestro lugar, vuestro contexto o ámbito profesional. El Espíritu nos acompaña, guía y nos da la fuerza para revelar la presencia de Dios en nuestras vidas, y desea que le abramos nuestro corazón y todos los aspectos de la misma.

Si no nos reservamos nada… ¡EL LO HARÁ TODO EN Y CON NOSOTROS!

Mi Blog "Padres, adolescentes y esperanzas"

mercedeslucaSoy Merche Lucas Pérez, licenciada en Ciencias Religiosas por la Universidad de Salamanca, poseo un Máster en Teología y soy Doctora en Teología por la Universidad de Murcia. El título de mi tesis es: La misericordia en la diócesis de Cartagena (mujer, matrimonio, familia y parroquia).
Estoy casada y tengo dos hijos, y actualmente soy profesora en un Instituto de Secundaria de Murcia. Soy creyente y católica y es la fe de donde mana mi alegría y esperanza cada día.

https://www.infofamilialibre.com/index.php/blogs/padres-adolescentes-esperanzas