Mortalidad diferencial de ambos sexos

Estaba yo consultando datos de mortalidad del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes a España y al año 2014 –el último del que contamos con datos definitivos–, y hubo algo que llamó mi atención. Lo voy a explicar.

En las estadísticas anuales de mortalidad de este organismo, y después de recorrer todo tipo de enfermedades, discapacidades y defectos orgánicos, físicos, psíquicos y sensoriales que pueden ser causa de muerte, aparece un concepto agrupado que es el que denominan como ‘090-102 XX. Causas externas de mortalidad’. Se trata de la categoría que agrupa muertes no producidas por aquellas enfermedades, discapacidades o defectos que corresponden a lo que en términos clásicos llamamos en general la salud de las personas, sino las que provienen de lo que llaman causas externas, como es el caso de accidentes de toda índole, y violencia padecida por acción de terceros, sea o no voluntaria o suicidio o violencia autoinfligida.

Para su mejor comprensión he realizado una agrupación de diferentes categorías que me han conducido al cuadro final siguiente:


Fuente.- Instituto Nacional de Estadística (Defunciones por causas (lista reducida), sexo y edad), y elaboración propia.

Se observa en el cuadro cómo, siendo así que el número de defunciones registradas en España en 2014 ha sido muy parecido en hombres y en mujeres, concretamente el 50,9% de los fallecimiento ha sido de varones contra un 49,1% de mujeres, resulta que cuando nos metemos en el mundo de las causas externas, la cosa cambia radicalmente, de manera que el número de hombres fallecidos por su causa ha sido 9.388 –el 63,0%–, frente a un total de 5.515 mujeres –el 37,0%–.

Quienes nos dedicamos a menesteres estadísticos sabemos que las diferencias no se dan por casualidad. Muy al contrario, una diferencia de este calibre respecto al equilibrio que tendría que darse con una hipótesis cæteris paribus, es decir, si todas las condiciones fueran idénticas, nos hace pensar que, sin duda, hay poderosas motivaciones que modifican la realidad hacia el desequilibrio registrado. Los cuadros originales publicados por el INE, hacen referencia a un primer tramo de agrupamiento de las causas, al que llaman ‘lista reducida’, que contiene una serie de motivos o causas de las respectivas defunciones, en cada uno de los cuales hay un número de motivos más detallados que agrupan en torno al concepto con que lo titulan. Yo, con base en los datos del INE para 2014, he construido un nuevo nivel de agrupamiento de causas, que es el que presento en el cuadro adjunto. En el mismo se observa cómo hay dos de esos epígrafes agrupados en los cuales existe un cierto equilibrio entre defunciones de hombres y de mujeres. Primero los por mi denominados incidentes accidentales en actividades de riesgo normal o indiferenciado, donde incluiríamos, por ejemplo, las caídas, entre los que la distribución por sexos es de un 51,7% de hombres y un 48,3% de mujeres. En segundo lugar nos hallamos ante los otros eventos en circunstancias diversas, entre los que se encuentran los difícilmente clasificables. De entre los fallecidos por este conjunto de causas, el 56,7% fueron hombres, y el 43,3% mujeres. Se ve cómo entre los incidentes el equilibrio es total, mientras que entre los otros eventos el desequilibrio es leve.

Para todas las demás causas de muerte el desequilibrio es la norma, de manera que resultan significativamente más afectados los hombres que las mujeres. Ordenándolos vemos cómo los fallecidos en accidentes por actividades con un cierto riesgo, por ejemplo los accidentes de tráfico, han sido hombres en el 76,5% de los casos, y mujeres en el 23,5%, e decir, el triple de hombres que de mujeres. La situación de desequilibrio se da también en magnitud similar en los casos de defunción por suicidio y lesiones autoinflingidas, entre los que los hombres representan el 75,1% y las mujeres el 24,9%, también el triple de hombres.

En un segundo grupo, también desequilibrado en el mismo sentido si bien con menor intensidad, nos encontramos con las defunciones por envenenamiento, entre las que las víctimas varones (67,9%), son aproximadamente el doble de las femeninas (32,1%). También figuran en este grupo las víctimas por agresiones (homicidios), entre las que la incidencia sobre los hombres (63,4%) representa cerca del doble de la que se registra entre las mujeres (36,6%).

Examinando un abanico de hipótesis que pudieran explicar esta fuerte penalización sobre los varones, me atrevo a sugerir como probablemente fundamental el hecho constatado de que los hombres suelen concentrar sus diversas actividades entre las de mayor riesgo en mayor medida que las mujeres. Eso es cierto tanto entre las laborales como entre las deportivas. Incluso cuando desempeñan las mismas actividades que las mujeres, los hombres suelen asumir mayores riesgos, como se evidencia, por ejemplo, si analizamos la distribución de los puntos por exceso de velocidad quitados por las autoridades a conductores de uno u otro sexo. Y como correlato natural, se producen más accidentes de tráfico con resultado de muerte entre los hombres que entre las mujeres, en una proporción apreciablemente superior a la que correspondería en función del número de conductores de ambos sexos. En la misma línea, los fallecimientos por envenenamiento se producen básicamente en el mundo profesional, en el cual quienes trabajan en ámbitos con productos peligrosos suelen ser muy mayoritariamente varones. Finalmente, las agresiones con resultado de muerte, tanto las individuales como las que se dan entre las bandas criminales, se dan mucho más en el mundo de los varones, por lo que éstos tienen forzosamente que resultar más afectados.

Comentario especial merecen las muertes por suicidio y lesiones autoinflingidas. Es curioso constatar que, mientras como se observa en otras fuentes, como memorias de la fiscalía, entre las mujeres es más frecuente el intento de suicidio que entre los hombres, los suicidas varones que han conseguido su propósito triplican a las suicidas. Este fenómeno, por lo que sabemos frecuente en Occidente, y que en España se da año tras año,  da que pensar y entiendo que merece una valoración en profundidad que excede al propósito de este artículo.

Lo que sí está en ese propósito es mostrar cómo las diferencias entre hombres y mujeres no representan algo circunstancial y meramente cultural como pretenden los propagadores de  la perspectiva de género, sino que son muy profundas y se manifiestan incluso en aspectos trágicos de la vida de las personas, como son los que explican su muerte cuando ésta se produce por causas externas.

Alberto Piñero

Mi blog "Camino de Sirga" 

Soy doctor en Sociología, licenciado en Economía, estudioso de Antropología y aprendiz en Teología. Jubilado desde 2012, hoy sigo trabajando, aunque no por dinero, sino por intereses superiores, entre ellos, Red Madre.

Alberto Piñero, es autor, editor y responsable del Blog Camino de Sirga, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

Comentarios  
# Horacio Serrano 16-01-2017 00:51
Me parece un analisis muy correcto, tras mucho tiempo analizando las mismas estadisticas, coincido con usted, ante el riesgo los hombres dan un paso adelante y la mujeres uno atras, si consideramos que procedemos de la Sabana donde no sobran los peligros, en forma de grandes predadores, que la gestacion y desarrollo humano es el mas lento entre los mamiferos terrestres, las tasas de mortalidad infantil eran extremas, que el embarazo y la lactancia limita las opciones de las hembras es normal que den un paso a tras y sean prudentes, por otra parte los machos que no defiendan su progenie tienen altas posibilidades de no perpetuar sus genes, es normal que sean tolerantes al riesgo.