Mirando hacia adentro

Dice un aforismo de Carl Gustav Jung que, “quién mira hacia fuera, sueña y quién mira hacia dentro, despierta”. Es muy habitual encontrarte con personas con una gran habilidad para ver los defectos de los demás, pero con una total ceguera a lo que les sucede en su interior.

Esa ceguera les lleva a una inquietud y a un desasosiego que pretenden eliminarlo acudiendo a libros de autoayuda. Se sienten con un malestar continuo que les empuja a buscar respuestas o, en algunos casos, métodos o recetarios para sentirse mejor. En algunas ocasiones eso puede funcionar. Lo malo es que los resultados no suelen ser duraderos. El único cambio que de verdad perdura es el que proviene de un verdadero conocimiento de uno mismo, de saber de verdad quién somos y cómo somos. Es, en definitiva, mirar más hacia dentro y menos hacia fuera, una práctica que nos permitirá aprender a vivir. 

A lo largo de la historia el ser humano ha puesto gran empeño en aprender a vivir, a ser feliz. Para el estoicismo (que nace el año 335 a.C.), el único camino que conduce a la felicidad consiste en ser capaz de no alterarse por los altibajos de la fortuna. En consecuencia, proponen aceptar de buen grado todos los acontecimientos, sin que perturben la tranquilidad de ánimo: la felicidad es, según esto, un estado de imperturbabilidad, una paz interior que se alcanza con el ejercicio del autodominio. Los epicúreos, escépticos y estoicos, proponían la ausencia de turbación (ataraxia) como una disposición del ánimo del individuo mediante la disminución de pasiones y deseos, alcanzándose así el equilibrio mental y corporal que lo llevará a la felicidad. Para el cristianismo, el componente fundamental de la felicidad es el encuentro amoroso con Dios y con el prójimo. El egoísta, el que utiliza a las demás personas en su propio provecho, acaba siendo desgraciado; mientras que el que se abre a Dios y a los demás hombres, los quiere por sí mismos y vive solidariamente, alcanza la felicidad, una felicidad que se prolonga en la vida eterna, puesto que Dios es amor. Las personas, a diferencia de los demás seres vivos, tenemos la capacidad de no responder de forma automática al medio que nos rodea, porque ante cualquier situación podemos pensar serenamente y encontrar distintas posibilidades de respuesta.

Estar preparados para no responder de forma automática y acertar la respuesta, nos obliga a diferenciar un ideal de vida feliz de una acción descabellada. San Josemaría Escrivá, nos alertaba sobre esto de una forma sencilla, pero a su vez profunda: “Que tu vida no sea una vida estéril. Sé útil. Deja poso. Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor”. Aquí tenemos un epílogo para un hermoso libro de nuestra vida: Dejar rastro; borrar, con nuestra vida, la señal viscosa y sucia que dejaron los sembradores impuros del odio. Un primer paso, tal vez el más importante, es la entrega. Una entrega que borre de nosotros el egoísmo, el individualismo, la ingratitud, la codicia, la ambición. Una entrega que nos hace encontrar la felicidad donde la lógica humana no ve más que negación, padecimiento, dolor. Pero para ello debemos sacrificarnos, reconocer nuestros defectos y conocernos por dentro. La Iglesia Católica tiene el mismo propósito definido en el “examen de conciencia”, requisito previo de una buena confesión. Antes de confesarnos el católico escudriña el estado de su alma y hace un balance de sus faltas y pecados, es decir, mira hacia adentro de su corazón con arrepentimiento por el daño causado.

Así, mirando hacia adentro, encontraremos la paz y felicidad tan anhelada. Una paz, que siempre empieza restableciendo la amistad con Dios. El Papa Francisco, en su “custodia del corazón”, nos dice que para confesarse es necesario comenzar “por la escucha de la voz de Dios”, seguido del “examen de conciencia”, el arrepentimiento y el propósito de la enmienda, la invocación de la misericordia divina que se nos concede gratuitamente mediante la absolución, la confesión de los pecados al sacerdote, la satisfacción o cumplimiento de la penitencia impuesta, y finalmente, con la alabanza a Dios por medio de una vida renovada.

José Antonio Puig Camps

Mi Blog "Católicos en la sociedad actual"

Doctor Ingeniero Agrónomo (Economía y Sociología)
Sociólogo
Master Universitario en Exclusión Social, Integración y Ciudadanía
Vicepresidente de AGEA Valencia (ONG cultural)
Editor y responsable del Blog: José Antonio Puig Camps

José Antonio Puig es autor, editor y responsable del Blog Católicos en la sociedad actual, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com

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