Las nuevas tecnologías: libertad o esclavitud

Poco o nada podía imaginar la condesa de Lovelace (Augusta Ada King) que sus cálculos matemáticos sobre la máquina de Babbage iban a transformar la sociedad del futuro.

La conocida matemática Ada Lovelace, hija de Lord Byron, construye el primer algoritmo destinado a ser procesado por una máquina, considerándola como la primera programadora de ordenadores. Desde aquel septiembre de 1843 en que se publicaron las “Notas de Ada” en la revista Scientific Memoirs hasta nuestros días, sus notas y capacidades deductivas fueron la admiración de muchos de sus colegas. Esa magia que nos envuelve al darle a una tecla y aparecer en nuestra pantalla un nuevo mundo de información lo debemos, en especial, a esta mujer que precedió a muchos de los nombres que conocemos como Alan Turing o Bill Gates, y a otros muchos que irán enganchándose en este nuevo mundo de las tecnologías. Cuando observamos los grandes inventos de la humanidad podemos constatar los saltos en el tiempo de cada uno de ellos y su influencia. Unos saltos proporcionales a las capacidades que los anteriores inventos generaron en la humanidad. Así, si de la rueda a la imprenta se tuvo que esperar unos 4500 años, de esta última a los grandes avances como el teléfono, la televisión o el automóvil, solo unos 400 años. En el siglo XX apareció Internet y a partir de entonces la evolución de las nuevas tecnologías informáticas aparece casi golpeándose.

Aquellos comienzos tecnológicos han transformado la forma en que actualmente vivimos. Unos avances tecnológicos que, sin lugar a duda, rigen la ideología y la conducta humana. Es así como se originan modelos sociales que marcan la tendencia sobre nuevos supuestos valores. Es así como la brecha digital va en aumento poniendo de manifiesto la carencia de infraestructuras de telecomunicaciones en los países en vías de desarrollo. Una brecha tecnológica que ahonda aún más las diferencias sociales existentes entre los que tienen acceso a la información y al conocimiento y los que no; entre la capacidad del ser humano para tomar decisiones y los que se tienen que conformar con lo que se les presenta. La juventud del siglo XXI no va a tener parangón con la de finales del siglo XX. El salto cualitativo y cuantitativo de las tecnologías de la comunicación: producción, almacenamiento, señales acústicas, ópticas, electromagnéticas, etc., obliga a reflexionar sobre qué herencia tecnológica estamos dejando a nuestros hijos, a nuestra juventud.

La adolescencia mantiene una estrecha relación con las tecnologías de la información y la comunicación debido a que se han convertido en una poderosa herramienta facilitadora de sus quehaceres diarios. Una herramienta que, sin grandes esfuerzos, potencia el desarrollo de habilidades y les da nuevas formas de construcción del conocimiento. Las tecnologías de comunicación como el ordenador, internet o el teléfono móvil, han propiciado acelerados e innovadores cambios en nuestra sociedad debido a su carácter de interactividad. Ahora podemos afirmar que en el ámbito de la comunicación, las barreras de tiempo y distancia no existen.

Una revisión de los tiempos dedicados al uso de internet muestra que los jóvenes dedican más tiempo a estar conectados, que cualquier empleado normal de una empresa cuyo trabajo se basa en estar comunicado a la red. Se observa que ese enganche del adolescente a las comunicaciones de internet se fundamenta en revisar correo, chatear o utilizar mensajería instantánea, dejando en último lugar las actividades relacionadas con su formación. Una cuestión sumamente alarmante ya que se dedica la mayoría de su tiempo a actividades recreativas o de ocio y no a las educativas. Sin duda alguna, la ciencia y la tecnología han tenido un impacto en la sociedad en general, y en la juventud en particular, marcando preferencias, modas y sucesos trascendentales en diferentes partes del mundo.

Dicho impacto ha afectado en forma positiva y negativa en los acontecimientos sociales, en el desarrollo y evolución de toda la juventud. La incapacidad para desconectar, a su conexión internet, ya no sólo afecta a altos ejecutivos estresados, sino que es una maldición del mundo moderno que también influye en niños, adolescentes y adultos. Esta influencia es tal que está afectando a la capacidad cognitiva de los jóvenes en sus tres competencias importantes: la capacidad de interpretar, argumentar y proponer. Ya no hacen ningún esfuerzo, todo se encuentra en la red, evitando así que el joven ponga en práctica estas tres competencias. Los jóvenes usan internet como un medio primordial en sus vidas, perdiendo de manera alarmante su privacidad y jugándose de manera preocupante su integridad física. La información personal es la gran materia prima del siglo XXI y el objeto de deseo de los propietarios de las redes sociales. En el futuro, la privacidad será el auténtico lujo y cada vez habrá más gente harta de la confusión entre amigos y conocidos. ¿Somos ahora más libres, como nos prometieron cuando la portabilidad de la telefonía entró en nuestras vidas, o estamos más esclavizados a su uso, es decir, somos más dependientes que antes? Ya hay quien dice que los teléfonos cada vez son más inteligentes mientras que nosotros, como sociedad, nos convertimos en más tontos.

José Antonio Puig Camps

Mi Blog "Católicos en la sociedad actual"

Doctor Ingeniero Agrónomo (Economía y Sociología)
Sociólogo
Master Universitario en Exclusión Social, Integración y Ciudadanía
Vicepresidente de AGEA Valencia (ONG cultural)
Editor y responsable del Blog: José Antonio Puig Camps

José Antonio Puig es autor, editor y responsable del Blog Católicos en la sociedad actual, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com