Clara Martínez

Clara Martínez Gomariz es Licenciada en Derecho y Master en Dirección de Personal y Gestión de RRHH. Trabaja desde hace hace quince años en el sector de las telecomunicaciones. Soy Laica del Hogar de la Madre.
Casada desde 2001, es madre adoptiva de una niña china de ocho años de edad y se encuentra desde hace seis años en un segundo proceso de adopción en este mismo país. Es miembro de Andeni, Asociación Nacional en Defensa del Niño. Ha leído diversos libros y artículos sobre adopción y ha asistido a charlas sobre el tema. Además, se mantiene en contacto permanente con un grupo de familias españolas y americanas con menores adoptados en China.

Sábado, 26 Noviembre 2016 00:00

Los inmortales

El día de san Sebastián de 2013 fallecía Juan, el padre de mi marido. Que fuera un 20 de enero no tendría mayor relevancia de no ser porque el mártir asaeteado es el patrón del pueblo de mi suegro, y este le tenía muchísima devoción. Juan murió solo cuatro meses después de que le diagnosticaran un agresivo cáncer de pleura, que le impedía respirar bien y que se sumó a los muchos achaques que ya soportaba por otras enfermedades precedentes.

Sábado, 15 Octubre 2016 00:00

Octubre, mes del Rosario

La Iglesia ha dedicado un mes, el de octubre, para honrar a María con el rezo del Santo Rosario. Esta costumbre no debe verse con un sentido exclusivo, sino para resaltar la importancia que para nuestra vida ha de tener esta expresión de devoción a María.

Miércoles, 10 Agosto 2016 00:00

Adopción humana y adopción divina

La adopción es una realidad tan antigua como el hombre. La primera vez que se menciona en la Biblia es en el Antiguo Testamento, concretamente en el Libro del Éxodo, donde se relata historia del Rey de Egipto que impuso a las parteras matar a los varones nacidos de mujeres hebreas, a fin de controlar el rápido crecimiento de los hijos de Israel.

Viernes, 05 Agosto 2016 00:00

Miel del cadáver del león

Miel del cadáver del león es un libro que resuelve un acertijo. Aún a riesgo de destriparos el final, os diré que la solución al enigma es una palabra de ocho letras que pocos se atreven a pronunciar: Castidad.