Coherencia, por favor, coherencia

El semáforo se puso amarillo justo cuando él iba a cruzar en su automóvil y, como era de esperar, hizo lo correcto, se detuvo en la línea de paso para los peatones, a pesar de que podría haber rebasado la luz roja, acelerando a través de la intersección. La mujer que estaba en el automóvil detrás de él, estaba furiosa.

Le tocó la bocina por un largo rato e hizo comentarios negativos y vulgares en alta voz, ya que por culpa suya no pudo avanzar a través de la intersección… y para colmo, se le cayó el móvil y se le corrió el maquillaje. En medio de su pataleta, oyó que alguien tocaba en el cristal de su lado. Allí, parado  junto a ella, estaba un policía mirándola muy seriamente. El oficial le ordenó salir de su coche con las manos arriba, y la llevó a comisaría donde la registraron de arriba abajo, le tomaron fotos, las huellas dactilares y la pusieron en una celda. Después de un par de horas, un policía se acercó a la celda y abrió la puerta. La señora fue escoltada hasta el mostrador, donde el agente que la detuvo estaba esperando con sus efectos personales.

-Señora, lamento mucho este error- le explicó el policía. La mandé bajar mientras usted se encontraba tocando la bocina fuertemente, queriendo pasar por encima al automóvil de delante, maldiciendo, gritando improperios y diciendo palabras soeces. Mientras la observaba, me percaté de que:

De su retrovisor cuelga un rosario
Su auto tiene una pegatina que dice “Sonríe Jesús te ama
En la parte trasera hay un cartel que dice “La paciencia es la madre de las virtudes
Y finalmente, el emblema cristiano del pez.

¡Cómo es de imaginarse… supuse que el auto era robado!.

Cuando leí este mashal o parábola recibido por Whatsapp, de autor anónimo, pensé que si Jesús predicara hoy en nuestras ciudades, utilizaría estas imágenes sin duda alguna. Y por alguna extraña casualidad el tema de la coherencia ha sido una constante en mis conversaciones durante las últimas semanas.

Si hace algunos meses escribía sobre la tibieza, como mal de nuestro tiempo hoy me gustaría reflexionar sobre la falta de coherencia como mal que afecta a muchos cristianos. 

Decía el sacerdote en la homilía de la festividad Cristo Rey, que los cristianos debemos ser testigos del Reino con nuestra vida. Leo en el libro “Huellas de Jesús” que tenemos que hacer llegar su Luz (de Cristo) al mundo entero. Y a mis alumnos les estoy explicando que las personas debemos colaborar con Dios en su plan de salvación. Esa es nuestra misión. 

El mejor predicador es fray ejemplo, no hay duda, pero ese es nuestro flanco más débil. El flanco por donde nos van a atacar, de donde vienen más críticas, y por donde se  alejan muchos cristianos. Y es que ya no sólo nuestra vida, sino muchas de nuestras acciones nada tienen que ver con lo que predicamos o con lo que se espera de nuestra condición de cristianos, testigos del Reino, portadores de la Luz.

Imaginen, los lectores, la cara que se me queda cada vez que en el colegio (público) donde trabajo llegan alumnos procedentes de colegios concertados, la mayoría de ideario católico, porque les “han invitado a cambiar de centro”, digámoslo suavemente, por tener dificultades de aprendizaje, cualquier tipo de discapacidad, o desfase curricular por el motivo que sea. Imaginen los comentarios, muchas veces despectivos e hirientes, de mis compañeros sobre el tema. Comentarios y críticas que volverán a aparecer cuando estos centros saquen pecho a la luz de resultados de pruebas de evaluación externa tipo CDI, selectividad, etc. Centros en los que en sus idearios aparecen frases del tipo “transmitir el sentido cristiano de la vida”, “fundamentados en la Doctrina social de la Iglesia”, “crecer en valores y virtudes”, “estar al servicio de los demás”…. Pero que seleccionan al alumnado y practican el descarte (del que ya habló el Papa Francisco). Negocio frente a caridad. En la película “The blind side”, que les recomiendo y que no tiene desperdicio, hay una escena en la que se discute si un muchacho afroamericano, indigente, debe o no debe ser admitido en un colegio privado; el entrenador, en un principio interesado por las aptitudes para el deporte del chico, zanja la cuestión diciendo “olvidaros de los deportes. Mirad la pared (señala el escudo y el lema del colegio): cristiana. O nos lo tomamos en serio o si no  lo tapamos. No estaríais admitiendo a Michael Oher por el deporte, lo admitiríais porque eso es lo correcto”.

Conste que mis hijos estudian en un centro concertado de ideario católico, que precisamente elegí por estos principios. Pero me preocupa cuando mis hijos adolescentes me plantean las falta de coherencia en el colegio, entre lo que se dice y se hace, entre lo que se predica y como se actúa; la falta de justicia, de verdad y veracidad, o de caridad y denuncian soberbia e hipocresía. Y me lo dicen con tristeza, amargura y con rabia, desencantados. Y ya se sabe, los adolescentes, con ese toque, mezcla de pesimismo e idealismo, que les caracteriza, mezclan en el mismo cajón el colegio, la Iglesia, el cristianismo... Les duele como me duele a mí porque amamos a la Iglesia.

Podría enumerar muchos ejemplos de falta de coherencia, pero creo que el lector sabe de lo que hablo. Además como dijo nuestro Señor “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.

Coherencia, como pongo de ejemplo a mis hijos o a mis alumnos, es proteger el copón con la Sagradas Formas exponiendo la vida como hizo la hermana del Hogar de la Madre en el terremoto de Ecuador. Coherencia es la actitud del director del colegio Juan Pablo II multado por ser fiel al ideario de su colegio frente a las leyes LGTB. Coherencia es la de los hermanos de San Juan de Dios que se quedaron cuidando enfermos del ébola cuando todas las ONGs huyeron. Coherencia es la de los médicos que se enfrentan al sistema y se niegan a practicar abortos, esterilizaciones y eutanasias. Coherencia es la de los miles de mártires que en la actualidad dan su vida por su condición de cristianos.

Coherencia es no solo predicar el perdón sino perdonar a los que te han insultado, humillado, pegado, maltratado, escupido, pisoteado, golpeado, azotado, a los que te han puesto una corona de espinas en la cabeza y te han hecho cargar con un madero de unos 60 kg, y a los que te han clavado en él para matarte de la manera más horrible. Perdonar de corazón y pedir al Padre el perdón con una de las frases más bellas del Evangelio “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

En este punto otra recomendación cinematográfica “Ben – Ur (2016)” porque es esta frase y la coherencia de vida de Jesús la que da un giro inesperado y maravilloso a la conocida historia del príncipe de Ur.

Personalmente, le pido al Señor que me ayude en mi labor de padre, de maestro y profesor de Religión; que a pesar de mis limitaciones y fallos, mi vida no sea como la de un fariseo, “que no escandalice a uno de estos pequeños”, como advirtió el Señor, que no sea un sepulcro blanqueado. Que mi vida sea coherente con mi condición de cristiano, de seguidor de Jesús, de hijo de Dios.

Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com