Para eso está el colegio... o no

Estos días oigo en las tertulias y leo en la prensa que entre un 35% y un 40% de los españoles no lee nunca un libro y que no tienen ningún interés por la cultura.

Y, ¡cómo no!, algún tertuliano de esos que saben de todo, y de todo se atreven a opinar, señaló entre otros culpables a los maestros, argumentando que en los colegios no se leía, que él con siete años empezaba la clase todos los días leyendo “El Quijote”. Mi admirado tertuliano desconoce que en la Comunidad de Madrid se trabaja un proyecto en todos los centros escolares llamado “Plan de animación a la lectura” cuyo objetivo, como su propio nombre indica, es el fomento de la lectura en la edad escolar. Me comentan compañeras indignadas que en algún telediario también se trató el tema y que hasta el ministro de Educación ha declarado que “se debe dedicar el mismo tiempo a la lectura que a los deportes en los colegios”.

La respuesta es fácil: un niño será aficionado a la lectura si en su familia hay un ambiente lector, si sus padres y hermanos mayores leen, si existe una biblioteca en el salón de la vivienda, si entre los regalos que reciben por Navidad, cumpleaños, santos, hay algún libro… Si se dan cuenta, la palabra clave es “FAMILIA”.

En mi familia, en la que nací, crecí y me formé, aprendí a amar la lectura: la estantería del “cuartito de estar” (como decía mi madre) rebosaba de libros de Gironella, Torcuato Luca de Tena, Dominique Lapierre y Larry Collins, Mika Waltari, Giovannino Guareschi, Cela, Cervantes, Vizcaíno Casas, Premios Planeta que coleccionaba mi madre de soltera. Títulos como “Sinuhé, el egipcio”, “¿Arde París?”, “Embajador en el Infierno”, “Don Camilo”,… Enciclopedias y libros de consulta…

Escuchar y sentir la música, sobre todo, la clásica. Recuerdo con cariño y nostalgia los fines de semana escuchando discos de vinilo de zarzuela: “Doña Francisquita”, “Luisa Fernanda”, “El huésped del sevillano”, “La del manojo de rosas”, “La dolorosa”,… Un par de veces al año, tenía entre cuatro y diez años, mi tía y mi abuela nos invitaban al Teatro de la Zarzuela y un poco más mayor, en verano, al Centro Cultural de la Villa todas las semanas a ver zarzuelas que, de menor calidad artística, también eran más asequibles económicamente. Y los conciertos con mi abuelo Pepe, que era capaz de advertir el fallo en una nota del trompeta de la Filarmónica de Berlín, escuchando Beethoven, Mozart, Bach, Verdi, Puccini…

Y la admiración por el arte, la pintura, la escultura, la arquitectura, la historia… No había ciudad por donde pasáramos que no nos detuviéramos a contemplar la catedral o museo importante… Catedrales de Sevilla, Burgos, Santander, Toledo, Córdoba, León, Cuenca…; museos como el de Arte Policromado de Valladolid, o el de Salcillo de Murcia o el de Arte Abstracto de Cuenca, aparte de los de Madrid como es natural.

Y fue en mi familia, con los ejemplos de mi padre, mi madre, mis abuelos, donde aprendí las normas básicas de educación y cortesía. A saludar a los vecinos, a comportarse en los restaurantes… A amar y respetar mi patria y sus símbolos. Y sobre todo y ante todo a vivir y a crecer en la FE que el Señor me regaló al nacer.

Pero en los tiempos que corren se han sustituido los libros por tablets, videoconsolas y móviles, el vinilo por MP3 y Youtube, el teatro por la televisión, los museos por centros comerciales con “piscinas de bolas” y los restaurantes por pizzerías o hamburgueserías.

Y entonces, ¿la  lectura, la música, el arte, la educación…? Para eso está el colegio.

Así contamos con planes y programas para (casi) todo: Plan de animación a la lectura; Educación Vial  (Policía Municipal); Programa de Prevención Universal de Drogodependencias (Programa “Protegiéndote”); Programa de prevención universal para prevenir el uso inadecuado de las Nuevas Tecnologías (Programa “Innovamos”); Programa de Lucha contra el Acoso Escolar; Talleres para la prevención de la violencia de género; Programas de Educación afectivo – sexual; Desayunos saludables (para que los niños de Educación Infantil coman fruta en el recreo); Mesa restaurante (una mesa dentro del comedor para que los chicos aprendan a manejar los cubiertos, copas, servilletas…); Higiene bucal; Programas  de Educación Ambiental (tratamiento de residuos y reciclaje, uso responsable del agua…); Programa para la concienciación y uso de las energías renovables; Proyecto europeo STARS (Acreditación y Reconocimiento de Desplazamientos Sostenibles para Colegios), incluido en el Programa Energía Europea Inteligente, que tiene como objeto animar y premiar a los centros educativos que fomentan entre sus alumnos los desplazamientos sostenibles y seguros, tanto a pie como en bicicleta, (Ayuntamiento de Madrid)...

Y cientos de “salidas y actividades culturales” de todo tipo, algunas pintorescas; unas son meramente comerciales, otras propaganda institucional, las más negocios alrededor del mundo educativo y las menos culturales, pedagógicas o didácticas. Algunos ejemplos: visita a la Empresa Municipal de Transportes (autobuses), Metro Ligero de Madrid, parque de bomberos, instalaciones de Policía Municipal, parques: Juan Carlos I, Retiro, Europa (entre otros), aulas de astrología y planetarios, aulas de arqueología, zoológicos, protectoras de animales, centro de recuperación de primates, aulas de educación ambiental, rutas ecológicas, actividades de multiaventura (canoas, rapel, tirolinas…) y deportivas (en diversos idiomas), participación en cross y carreras populares o solidarias, patinaje sobre hielo, asistencia a diversas obras de teatro (de más o menos calidad) en el centro o en salas teatrales, conciertos pedagógicos, visita a museos: Arqueológico, Prado, Ciencias Naturales, Jardín Botánico, de la Aviación, del Ferrocarril,  visitas a fábricas y centros comerciales, circos y escuelas circenses, granjas escuelas, viajes para esquiar, viajes de inmersión lingüística (inglés / francés)…

Lo más triste es que para un porcentaje muy elevado de alumnos es la única oportunidad para disfrutar de muchas de estas actividades, porque a excepción de los parques y zoológicos, los niños no acuden con sus familias a museos, teatros, conciertos, exposiciones… y no por razones económicas, no. Simplemente, PARA ESO ESTÁ EL COLEGIO.  Pero el colegio nunca debe sustituir a la FAMILIA.

Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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