Boliche

Todavía conservo dos libros de lectura escolares de mi infancia, en concreto de 3º de E.G.B.: “Fantasía” (1972)  de Martín Valmaseda  8ª Edición y “Cuentos Escenificados” (1972), adaptados por Andrés Pérez Asenjo, ambos de la editorial S.M.

De vez en cuando me gusta ojearlos y repasar alguna de sus lecturas, unas veces en soledad, otras con mis hijos.

Y en esto estaba uno de estos días cuando leí por enésima vez el cuento escenificado “Boliche, campeón de fútbol”. Era uno de mis favoritos. Recuerdo cuando lo representamos en clase y lo que nos reímos. En aquel curso histórico del 75- 76, no había disfraces, y nos memorizábamos los papeles en casa el día anterior. El profesor Don Miguel, movía unas cuantos pupitres y ya teníamos escenario… eran otros tiempos.
La historia es muy simple: la señora Tula, una perra, llama al doctor, un perro de San Bernardo porque su hijo Boliche está enfermo. El doctor le diagnostica una indigestión y dice a la madre: “Señora, usted le tiene muy mimado, y eso no está bien. Lo que necesita su hijo es ejercicio, mucho ejercicio. Debe hacer deporte.” Pero la madre odia el deporte y cuando su hijo le pide un balón pone el grito en el cielo. Le compra el balón para jugar solos ella y su hijo para que no le ocurra nada. A los pocos días el perrillo ha dejado de ser una “bolita gordinflona” y es ágil y fuerte. Pero le aburre jugar con su madre y pide jugar con los amigos. A regañadientes la madre le deja ir. Tiene miedo de que le ocurra algo a su cachorro. Boliche vuelve con un ojo amoratado y una pata torcida, pero vuelve a jugar al fútbol y se convierte en un campeón.  La historia termina con la siguiente frase del narrador: “Tenía razón el doctor cuando le dijo a su madre: Señora, el mimar hace seres inútiles para la vida e incapaces de luchar”.

Pensaba en la cantidad de padres que debían leer y aplicar la historia.

Cada vez llegan a los cursos de Ed. Infantil, niños más mimados, sin normas ni límites, sin respeto al adulto, niños acostumbrados a hacer literalmente lo que les da la gana. Niños que llegan al colegio con tres o más años, en carritos de bebé, que siguen desayunando un biberón, que dejan el chupete a la puerta de la clase e incluso que no controlan esfínteres. SOBREPROTEGIDOS. Niños que se caen en el patio y no son capaces de levantarse solos porque esperan a que alguien vaya a hacerlo, porque están acostumbrados a que mamá vaya corriendo a socorrerles. Niños que desafían a los profesores con un “no quiero” o les insultan en su lengua de trapo o se tiran al suelo con rabieta dando patadas a diestro y siniestro. Actitudes que se dan en el colegio porque se dan en su vida familiar y lo veo a diario en el metro, en el supermercado, en la consulta del médico, en los parques, en la urbanización donde vivimos, e incluso en la iglesia… y los padres obedeciendo los caprichos y demandas de sus hijos.

Si creen que exagero, miren a su alrededor, no es difícil. Y si se preguntan qué será de estos niños cuando crezcan, cuando tengan 14 ó 16 años, la respuesta ya se la dio el narrador del teatrillo.

Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com