De Amicitia

Si una ventaja tiene haber estudiado letras y no “ser víctima de la LOGSE”, es que los clásicos te pueden sacar de algún apuro. Haber leído o estudiado a Platón o Aristóteles entre otros, ayudó a Pluvio Cornelio Escipión “El Africano” a derrotar a los cartagineses  a modo de ejemplo. 

El mes pasado mis amigos, los más íntimos, decidieron darme un homenaje sorpresa, capitaneados por mi querida mujer, con motivo de mi quincuagésimo cumpleaños. Y como regalo, un álbum digital con fotos, anécdotas y dedicatorias que titularon “50 años repartiendo amistad”. Fue un momento muy emocionante y por supuesto quise agradecerles su amistad, pero no tenía nada preparado, y realmente me parecía paupérrimo un lacónico, ¡gracias! Y entonces Marco Tulio Cicerón acudió en mi ayuda e improvisé algunas ideas sobre la amistad. Ideas que habían empapado mi ser y que he intentado llevar a la práctica desde que hace treinta y tantos años traduje en la asignatura de Latín “De Amicitae”, el tratado sobre la amistad que escribiera, hace más de 2000 años, el citado autor.

¡Qué difícil resulta hablar en los tiempos que corren de la amistad! Los niños y jóvenes no saben lo que realmente es la amistad. En el colegio, a veces sustituimos la palabra compañeros por amigos (error muy frecuente entre las maestras de Ed. Infantil), o nos empeñamos en que todos “seamos amigos”, en vez de que todos nos llevemos bien. En el mundo de los adultos nos movemos por conveniencias, intereses, búsqueda de favores, la utilización del otro, el hedonismo… 

Cicerón en su tratado sobre la amistad, igual que Aristóteles en su “Ética para Nicómaco”, nos enseña que debemos anteponer la amistad a las otras cosas humanas, que la amistad nace de las buenas personas y que la amistad hay que cuidarla. Nos recomienda que primero hay que ser bueno antes de pretender la bondad de un amigo. Resalta la superioridad de la amistad sobre el parentesco, pues este viene determinado por la sangre, pero la amistad nos la impone la naturaleza del corazón, no proviene de la necesidad o la utilidad, sino de la naturaleza y del amor. El verdadero amigo está más preocupado por la salud, bienestar y buen nombre de su amigo que por el suyo propio, y como les digo a mis alumnos, no te invita a hacer el mal, o algo que te perjudique, sino el bien y aquello que te beneficie: “Los buenos amigos no dan mal ejemplo, sino buenos consejos”. Igualmente nunca debemos pretender de un amigo algo que no sea recto, ni tampoco concederlo. Entre amigos hay que decir siempre la verdad, hasta aquella que amonesta y reprende. Cuando sea así, el que corrija lo ha de hacer con sinceridad, con libertad, pero no con aspereza, y el otro lo debe recibir con paciencia y no con disgusto. De igual modo hay que servir y dar consejos al amigo, y por otro lado recibirlos. Y si queremos saber si alguien es un buen y verdadero amigo, lo sabremos en los momentos de dificultad, de dolor, “de mala suerte” en palabras de Cicerón.

Por esto último, tengo la seguridad de que mis amigos lo son de verdad, porque en los momentos más difíciles y amargos de mi vida estuvieron a mi lado, como ángeles de la guarda que pusiera el Señor.

Termino con una frase textual de Marco Tulio Cicerón “Verus amicos est tanquam alter idem “: “El verdadero amigo es como otro yo”.

Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com