Responsabilidad

Si el artículo pasado hablaba de la disciplina, en el presente quiero tratar la necesidad de educar en la responsabilidad, de enseñar a nuestros hijos a vivir, a elegir responsablemente. 

Cuando hablo de responsabilidad no me refiero a las costumbres que tienen muchas familias, a veces orientadas desde los colegios, y no digo que esté mal, de que los niños deben tener ciertas responsabilidades en sus casas: limpiar zapatos, regar las plantas, cuidar una mascota o preparar sus carteras y útiles para el colegio, sino a la importancia de tomar decisiones responsables porque cada decisión que tomamos conlleva unas consecuencias, positivas o negativas. Y también esto es importante trabajarlo, enseñarlo y vivirlo desde pequeños en la familia.

Todos nosotros tomamos decisiones a diario. Unas tienen más importancia que otras, en unas ocasiones, la elección es prácticamente automática y otras requiere de cierta reflexión. A la hora de elegir camisa, lo mismo da la de rayas que la de cuadros, no tiene mayor consecuencia; sin embargo a la hora de elegir calzado dependerá si llueve o no pues la consecuencia puede ser un resfriado. Cuando el niño llega a casa después del colegio debe decidir si hacer los deberes y estudiar o “tirarse” en el sofá a ver la tele. Esta decisión, como les digo a mis alumnos, sí tiene consecuencias: positivas, obtener buenos resultados en la evaluación, lo que conlleva una gran satisfacción para él y su familia, o negativas, no aprobar la evaluación, lo que conlleva un gran disgusto para todos. Y a medida que los chicos crecen las elecciones se complican y las decisiones son más difíciles de tomar: elección de amigos, opciones de estudios, temas vocacionales…

Todo acto y toda elección tienen consecuencias positivas o negativas. Consecuencias que afectan no sólo a sí mismo, sino también a las personas que le rodean. Por tanto, la responsabilidad es dar respuesta de los actos o decisiones que tomamos ante los demás y ante uno mismo. Ser responsable de las acciones es tomar conciencia de estas y de sus consecuencias, de las buenas o de las malas.

¿Cómo elegir responsablemente? Mediante la conciencia y la libertad.

Las personas tenemos una “voz” interior, que nos indica lo que está bien y lo que está mal: la conciencia, es decir,  la capacidad de reflexión que tiene todo ser humano sobre aquello que es correcto en relación con el obrar. La conciencia moral muestra la rectitud ética del ser humano que a través del juicio racional es capaz de discernir aquella acción buena de aquella que no lo es (DefiniciónABC). 

En román paladino: la conciencia nos ayuda a reflexionar sobre nuestras acciones y a extraer conclusiones de sus consecuencias. 

Por otro lado las personas somos libres, y conviene recordar que la libertad no es hacer lo que me da la gana, cuando quiero, como quiero y donde quiero. A esto lo llamamos libertinaje. La libertad es la capacidad de elegir entre el bien y el mal. La persona verdaderamente libre es la que elige el bien, pues si elige el mal, la libertad se debilita y se deja de ser libre pues se convierte en esclavo: esclavo del mal y del pecado. Dejarse llevar, actuar sin control, reírse y pasar de todo, es una forma de vivir que genera problemas y que nos impide convivir con los demás.

En algunas ocasiones, a la hora de tomar una decisión, podemos pedir consejo a personas cercanas: padres, abuelos, hermanos mayores, profesores, sacerdotes… que normalmente intentarán guiarnos por el buen camino y actuar de manera adecuada. El problema puede radicar en que un muchacho, al preguntar a otra persona, normalmente mayor que él, se piense que ya no es tan responsable de la decisión que toma pues ha sido otro el que se lo ha dicho. Si se acierta no pasa nada, pero si se equivoca, echará la culpa al que le dio el consejo. Los demás pueden dar su opinión, orientar, aconsejar… pero no son responsables de lo que cada uno decide o hace. Hay que enseñarles que siempre hay que asumir las decisiones y las equivocaciones. Y más si la decisión que se toma puede influir en los demás. La mejor elección muchas veces no es la que más convenga a uno mismo sino al grupo, a la comunidad o a otra persona.

En resumen, tenemos la conciencia para valorar nuestras acciones y la libertad para elegir entre el bien y el mal cada vez que se actúa, pero sea cual fuere la decisión última, se es responsable último de las propias decisiones.

La Biblia nos presenta infinidad de ejemplos de tomas de decisiones, unas veces buenas y otras erróneas y, por supuesto, sus consecuencias: Adán y Eva decidieron comer del árbol prohibido, Caín mató a Abel, Abrahán abandonó su tierra y marchó a la tierra que el Señor le había indicado, David confió en el Señor frente a Goliat pero se aprovechó de Betsabé, Jonás decidió no acudir a Nínive cuando se lo ordenó el Señor o la irresponsable venta de la primogenitura de Esaú a Jacob por un plato de lentejas.

Pero es Jesús, nuestro Señor, el mejor Maestro. “Quien sigue el ejemplo de Jesús sabe que tomará buenas decisiones […]. Para el cristiano, la satisfacción personal coincide con la realización de la voluntad de Dios.”

Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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