Acoso escolar

Yo fui un niño acosado en el colegio, durante años. Empezó a los 8-9 años. Por aquel entonces era bajito y delgaducho y a algún graciosillo se le ocurrió, como broma supongo, decir que parecía un “hueso”. Pero una broma, cuando no hace gracia a las dos partes, deja de ser una broma y pasa a ser una humillación. Entonces casi toda la clase empleó ese perverso mote “El hueso”.

Al principio, unos pocos, luego, toda la clase, incluso mis amigos. Es lo que se conoce como contagio social. Al insulto, le siguieron dibujos alusivos (una especie de tibia con brazos, nariz, ojos, boca…), los desprecios, los empujones y toda clase de humillaciones: quitarme objetos y pasárselos unos a otros, excluirme de los juegos en el patio… Eran los años 70-80, los patios no estaban tan vigilados como ahora, los profesores no eran tan accesibles para los alumnos y los padres… Mi padre me decía “eres un hombre, ¡defiéndete!” Sólo en una ocasión mis padres fueron a hablar con uno de los tutores, que se limitó a preguntar en público por el tema. Todos contestaron que era una broma. Asunto zanjado. Intenté tomarlo a broma y con humor. Ser indiferente. También defenderme, pero siempre salía escaldado. Funcionaba huir o esconderme en el patio… hasta que me encontraban.

Pero no sólo era aquello. Al mismo tiempo unos chicos mayores a los que nunca pude identificar (hablamos de un colegio de línea 4 con una media de 45-50 alumnos por clase) cada vez que se topaban conmigo me daban golpes en la cabeza porque llevaba el pelo corto en vez de la melenita tipo paje de moda en aquella época. 

Era un buen colegio religioso. Mis padres hacían un gran esfuerzo para que pudiese estudiar allí. Era apreciado y querido por los frailes y profesores. Mis padres…excepcionales, unas grandes personas, siempre preocupados por nosotros, siempre trabajando, siempre sacrificándose por mis hermanas y por mí. Y sin embargo…

¿Cómo me afectó? Baja autoestima, complejos, inseguridad, miedos, culpabilidad, soledad, incomprensión…

Se conoce como acoso o “bullying” a las situaciones de acoso, intimidación o victimización en la que un alumno o alumna está expuesto, de forma repetida y durante un tiempo, a las acciones negativas que llevan a cabo otros compañeros. Por acciones negativas se entiende tanto las cometidas verbalmente o mediante contacto físico como las psicológicas de exclusión.

Da igual el motivo. Ser alto o bajo, gordo o flaco, llevar gafas, tener algún defecto físico, ser un alumno con dificultades de diverso grado o ser de altas capacidades, que no se le dé bien el deporte, que no vista a la moda, que tenga intereses distintos a los de los demás… Pero todos tienen un denominador común: suelen ser niños buenos, inteligentes, muy responsables, prudentes, educados, sensibles, algo inocentes, niños sin maldad. Y las acciones cometidas muy similares a las que sufrí pero, con las nuevas tecnologías y las redes sociales, mucho más rebuscadas y crueles.

Los  acosadores suelen ser líderes, prepotentes, chulescos, envidiosos, rencorosos, graciosillos, provocadores, pueden destacar por su fuerza física o, al contrario, chicos que intentan disimular sus defectos o miserias. Necesitan dominar y controlar a los demás, no tienen control emocional con un temperamento explosivo, les falta empatía, tienen problemas a la hora de reconocer sus errores, no hay autocrítica, piensan que la suya es la única verdad existente, la verdad absoluta y, sobre todo, son personas manipuladoras, y su comportamiento siempre tiene un objetivo: sus propios intereses. Utilizan el chantaje para causar miedo en sus víctimas y son personas mentirosas. Siempre culpan a los además antes que a sí mismos. Cuando son desenmascarados actúan de víctimas.

Desde hace unos años parece que la sociedad está, aparentemente, algo más concienciada con este problema por el desenlace trágico (suicidios) de algunos  jóvenes e incluso de niños acosados.

Y cuando la prensa encuentra carnaza y repite la noticia sin cesar en programas de televisión, telediarios  y tertulias, hay reportajes en todo tipo de revistas, entonces parece que se hace algo: protocolos de actuación, campañas de sensibilización y prevención, charlas en los centros educativos, cursos para profesores, elaboración de sociogramas…

Papel mojado. La historia siempre termina igual. El acosado es trasladado  a otro centro educativo por iniciativa de la administración o de los padres y los acosadores a la espera de otra víctima. Por encima de las personas están el prestigio y buen nombre de los colegios e institutos, donde nunca pasa nada negativo. Donde se presume de los éxitos académicos y se silencian estas tragedias. Siempre ocurre en otro lugar. En nuestro centro no.

Los padres de los acosados habrán sufrido y tardarán en recuperarse. Los padres de los acosadores no saben lo que les espera, pues sus hijos, si no lo remedian, serán futuros delincuentes, o maltratadores familiares.

De lectura obligatoria “Wonder. La lección de August” de R. Palacios, o ver la película con el mismo título: no les dejará indiferentes.

Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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