Del piropo al absurdo

En verano, mientras estoy trajinando por la casa, me gusta escuchar zarzuela. Hoy he elegido “La del Manojo de Rosas” (1934) del Maestro Sorozábal:

JOAQUÍN: Hace tiempo que vengo al taller / y no sé a qué vengo.

ASCENSIÓN: Eso es muy alarmante; / eso no lo comprendo.

JOAQUÍN: Cuando tengo una cosa que hacer, / no sé lo que hago.

ASCENSIÓN: Pues lo veo cesante, / por tumbón y por vago.

JOAQUÍN: En todas partes te veo.

ASCENSIÓN: Y casi siempre en mi puerta.

JOAQUÍN: Me tiene loco ese cuerpo / retrechero y juncal, / que nació en Chamberí / con la gracia y la sal de Madrid.

ASCENSIÓN: Le da muy fuerte.

JOAQUÍN: Hasta la muerte he de quererte, / ya ves si mi amor es firme y fuerte.

ASCENSIÓN: Si no me engaño, / sus palabras me hablan / de un cariño sincero.

JOAQUÍN: Muy sin cero... cincuenta.

ASCENSIÓN: ¡Chulo!

JOAQUÍN: ¡Guapa!

ASCENSIÓN: ¡Castizo!

JOAQUÍN: Cuando Dios te echó al mundo, / ¡qué faena me hizo!”

¡Madre mía! Con tanto piropo, como me oiga la vecina me denuncia. Por ello, cambio a “El Huésped del Sevillano” (1926) del Maestro Guerrero, pero Juan Luis, el protagonista, le dice a Raquel: “Toledana, castellana / por besar tus labios grana / perdiera vida y honor…” Este no era ni pintor, ni espadachín; es un depredador sexual, pues, ¿no la quiere besar?

Pruebo con “La Tabernera del Puerto” (1936), también del Maestro Sorozábal. Todo va bien hasta que Leandro le dice a Marola: “Si no existieran tus ojos / radiantes y bellos / no habría en mi alma / ni penas, ni sueños” ¿Cómo se le ocurre a un bizarro marinero decirle semejantes cosas a la pobre tabernera?

Me arriesgo con “Los claveles” (1929), esta vez del Maestro Serrano. En la fábrica donde se desarrolla la acción todo es correcto hasta que Rosa una empleada, le recrimina a Fernando que no la ha saludado, a lo que él responde: “Yo he debido estar ciego, / Rosa hechicera, / cuando no me he quemado / con su mirar, / pues sus ojos ladrones / son dos hogueras…” Por muy señor cajero que sea, no puede decirle eso a una operaria de la fábrica. Acosador.

“Luisa Fernanda” (1932), del Maestro Moreno-Torroba, ni siquiera pensarlo. Cuando Vidal canta aquello de: “Los hombres de mi tierra cuando quieren / no pierden la esperanza de triunfar/ ¡Ah! Montaraza de mis montes, / amapola de mis trigos, / relicario de mis sueños, / manantial de mi cariño...” Es de juzgado de guardia.

Para tranquilizarme, pues ya estoy de los nervios, busco el “Coro de Románticos” perteneciente a la zarzuela “Doña Francisquita” (1923) del Maestro Amadeo Vives. Música tranquila empezando en un suave piano que poco a poco va “in crescendo”, aunque no demasiado, lo suficiente para llegar a un “mezzo forte”: “¿Dónde va la alegría?/ ¿Dónde va la hermosura?/ Diga “usté”, por favor, vida mía, / que la noche está oscura/ y el amor no es amigo del día. / Venga “usté”, por Dios, / madrileña guapa, que en esta capa / cabemos los dos.” ¡NO, NO, NO! ¡BASTA!

En conclusión: no se puede oír zarzuela con tanto piropo y tanto devaneo amoroso. “La verbena de la Paloma”, “La Revoltosa”, “Molinos de viento”, “Marina”, “Katiuska”, “La Canción del Olvido”, “Los Gavilanes”, “Gigantes y cabezudos”, “Don Manolito”, “La Dolores”, “La Alegría de la Huerta”, “La Rosa del Azafrán”,… ¡NI UNA SOLA SE SALVA!

En fin, para no acabar en los tribunales, escucharé ópera: “Madame Butterfly”, “Tosca”, “La Boheme”, “Turandot”, “Rigoletto”, “Los pescadores de perlas”, “La Traviata”, “El Elixir de Amor”, “Lucia Lammermoor”, “El amigo Fritz”,…, que como cantan en italiano, aunque digan lo mismo, no se entera nadie.

Elijo “Aida” (1871) de Giuseppe Verdi: Celeste Aida, forma divina, / mistico serto di luce e fior, / del mio pensiero tu sei regina, / tu di mia vita sei lo splendor. /  Il tuo bel cielo / vorrei ridarti, / le dolci brezze del patrio suol, / un regal serto / sul crin posarti, / ergerti un trono / vicino al sol, ah!, etc.

A pesar del tono irónico del presente artículo, vaya por delante que nunca he estado de acuerdo con los piropos zafios y groseros, ni con cualquier palabra que haga sentir incómoda a una mujer. Pero de ahí a la prohibición del mismo, siendo una costumbre tan española, me parece llegar al absurdo.

He elegido la zarzuela por ser un género puramente español, pero perfectamente podría haber elegido poesía, teatro, cine, novela,…Comprueben sin el piropo, sin el requiebro, sin el galanteo, lo que nos hubiéramos perdido.

Si no hubiese llegado a piropear a mi mujer por sus ojos, ciertamente preciosos, cuando íbamos a la universidad, seguramente no estaríamos casados ni hubiéramos formado una familia:

Calor del nido, paz del hogar” (“Katiuska” del Maestro Sorozábal)

Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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