Oración a San Miguel Arcángel

Me ha llamado mucho la atención que el Papa Francisco nos pida que recemos el Santo Rosario, que concluyamos con la oración “Bajo tu amparo” y con una antigua oración a San Miguel Arcángel. 

A ver, no es que me sorprenda que el Papa nos pida  rezar el Santo Rosario, pues también lo pidió San Juan Pablo II y el sabio Benedicto XVI, pero me llama la atención la inclusión de estas dos oraciones, sobre todo la del Arcángel San Miguel, para que éste defienda a la Iglesia de los ataques del demonio.

Esta es la novedad. Un Papa que habla abiertamente del demonio y de sus ataques, y de combatirle. Yo soy de una generación donde, desde la Iglesia, casi se ha negado la existencia del demonio y en la que se nos ha dicho que el infierno era una metáfora. El demonio sólo aparecía en películas de terror como “El Exorcista”, o en programas radiofónicos de misterio como “Milenio Tres”, o televisivos, más recientes, como Cuarto Milenio. De una generación en la que en los colegios religiosos ya no se rezaba el Rosario porque era cosa de abuelitas. De una generación en la que las religiosas y sacerdotes vestían de paisano y no usaban casullas en la celebración de la Eucaristía. Eucaristías donde nos sentábamos en el suelo alrededor del altar con muchas canciones, guitarras y palmas en iglesias donde desaparecían los reclinatorios de los bancos y los confesionarios. Mi generación perdió el santiguarse y el persignarse, el arrodillarse y la genuflexión. Mi generación, en fin, perdió la fe que habían heredado de sus padres.

Ahora el Papa Francisco nos urge, preocupadísimo por la situación de la Iglesia, a que volvamos al rezo del Santo Rosario y de estas dos oraciones porque realmente la Iglesia necesita del compromiso y de la oración de todos para afrontar los momentos de dificultades y desafíos que ésta vive.

La oración “Bajo tu amparo” dice así: 

“Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas nuestras súplicas en las necesidades que te presentamos. Antes bien, líbranos siempre de todos los peligros, Virgen gloriosa y bendita. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.” 

La oración del Arcángel San Miguel es la siguiente:

“Arcángel San Miguel,

Defiéndenos en la batalla;

Sé nuestro amparo

Contra la perversidad y asechanzas del demonio.

Reprímalo Dios, pedimos suplicantes;

Y Tú, Príncipe de la Celestial Milicia,

Lanza al infierno con el divino poder a Satanás

Y a todos los malignos espíritus

Que andan dispersos por el mundo

Para la perdición de las almas.

Amén.

El nombre de Miguel significa “Quién como Dios” y Satanás tiembla al escuchar su nombre, ya que le recuerda el grito que este arcángel dio cuando se rebelaron los ángeles contra Dios. San Miguel es la fortaleza y poder en la gran batalla contra Satanás. 

En el Antiguo Testamento San Miguel aparece como guardián del Pueblo Elegido: “Voy a enviar un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que te he preparado” (Ex 23, 20).

En el Nuevo Testamento la intervención de San Miguel también es muy importante, pues con sus ángeles continúa defendiendo al “nuevo pueblo de Dios” y libra la batalla victoriosa contra Satanás y los ángeles rebeldes, los cuales son arrojados en al infierno (Ap. 12, 7-9).

El origen de esta oración data del 13 de octubre de 1884 y fue escrita por el Papa León XIII después de que tuviera una visión horrible, tras celebrar la Eucaristía, mientras estaba reunido con sus cardenales. Y ¿qué vio León XIII? Pues vio demonios, oyó sus crujidos, sus blasfemias y sus burlas y la voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que él podía destruir la Iglesia y llevar a todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder y pidiendo 100 años para poder influenciar al mundo como nunca antes lo había podido hacer. También vio al Arcángel San Miguel aparecer y lanzar a Satanás con sus legiones al infierno, sufriendo una derrota humillante.

Luego llamó al Secretario para la Congregación de los Ritos, le entregó la oración que había escrito y ordenó que fuese  recitada después de cada Misa.

El mayor triunfo del demonio ha sido hacernos creer que no existe pero ya vemos que no es así. Y la Santísima Virgen de Fátima nos pidió que recemos el Santo Rosario en familia por la paz del mundo.

¿A qué esperamos? 

Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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