¿Cultura o proselitismo?

Como muchos de ustedes sabrán, este año se celebra el bicentenario del Museo del Prado (1819 – 2019).  En muchos centros educativos, el “leitmotiv” (que dirían los “horteras”), el eje vertebrador, el centro de interés para fiestas, semanas y eventos culturales, proyectos, etc., ha sido precisamente este hecho, dada su importancia cultural e histórica. 

Así ha ocurrido en el colegio en el que trabajo. La fiesta de carnaval, la semana cultural, el certamen literario y salidas extraescolares han versado sobre el tema del arte, sobre todo de la pintura, en el Museo del Prado. 

De esta manera, en carnaval, los niños tenían que disfrazarse de algún pintor o personaje de cuadros del citado museo. ¡Por fin los niños iban a aprender algo de aquella fiesta! Los profesores optamos por disfrazarnos de Velázquez o de “meninas”, a gusto del consumidor. Servidor optó por el primero, vistiendo de negro, con una “gola” hecha con una blonda de papel para tartas y una hermosa Cruz de Santiago en el pecho. Una vez en el patio, se me ocurrió preguntar, no sin cierta mala uva, que, de aquellas “meninas”, cuál era “Mari Bárbola”.  Pero aquella broma no tuvo el efecto esperado. Mis compañeras más jóvenes, víctimas de la LOGSE, y no tan jóvenes, no sabían quién era aquel personaje. En realidad, les hubiera dado igual si hubiese preguntado por Isabel de Velasco, María Agustina Sarmiento de Sotomayor, Marcela de Ulloa o la propia Infanta Margarita. ¡Pues vamos bien!, pensé.

A lo largo del curso, todos los alumnos han visitado el Museo del Prado acompañados de monitores que les han presentado alguna de las obras principales de Francisco de Goya y Diego Velázquez, siendo la gran protagonista “Las Meninas”, como no podía ser de otra manera.  

En la semana cultural, se adornó el colegio con diversos motivos relacionados con el tema, se reprodujeron cuadros con muchísima imaginación, empleando diversos materiales; se representaron, dramatizando las escenas representadas en estos; se estudiaron los personajes que aparecen en ellos y, por supuesto, la biografía de los grandes maestros, y se realizaron otras muchas actividades relacionadas. Fue una auténtica semana cultural, aunque los chicos acabaron un poco “saturados” de tanto arte.

Paralelamente a estos acontecimientos, servidor realizó un curso, propuesto desde el Arzobispado de Madrid, en el CTIF Madrid Norte, titulado “El Nuevo Testamento en el Museo del Prado”.  Las ponentes del curso fueron Doña Alicia Pérez Tripiana y Doña Mª Ángeles Sobrino López, autoras, a su vez, de dos maravillosos libros titulados “Jesús en el Museo del Prado” y “María en el Museo del Prado”. Como podrán suponer, el curso hizo un recorrido por el Nuevo Testamento a través del análisis de más de setenta obras pertenecientes a la colección de la citada pinacoteca, obras de Fra Angélico, Roger van der Weyden, Tiziano, Velázquez, Murillo, El Greco, Rubens, Zurbarán… y diferentes estilos y escuelas pictóricas. Charlando con las ponentes en los descansos, nos contaron alguna anécdota divertida, alguna curiosidad del Museo, de las restauraciones, etc., pero hubo dos comentarios que me llamaron la atención. El primero, un dato interesante: sobre el 65 – 70% de los cuadros del Prado (contando los no expuestos) eran de carácter religioso; el segundo, un “piropo” hacia los profesores de Religión, pues vinieron a decir que era muy fácil darnos el curso, pues teníamos “las claves” para entender el contenido de las obras.

Esto me hizo reflexionar. ¿Estaría transmitiendo a mis alumnos esas “claves”, esos conocimientos, para que ellos también fueran capaces de entender el contenido de los cuadros, identificar los personajes y entender la historia que el pintor tenía la intención de transmitirnos? Tenía que salir de dudas. Y así, en la semana cultural, hice un paréntesis en mi programación y dediqué varias sesiones para comprobarlo. A los alumnos de 6º de E.P.O. (11 – 12 años), les fui poniendo en la pizarra digital muchos de los cuadros que había estudiado en el curso, cerca de cuarenta obras: “La Anunciación” de Fra Angélico, “La Visitación” de Rafael Sanzio de Urbino, “La adoración de los pastores” de Maino, “La adoración de los Reyes Magos” de Rubens, “El bautismo de Jesús” de El Greco, “Jesús y el centurión” de El Veronés, “La resurrección de Lázaro” de Juan de Flandes, “La Última Cena” de Juan de Juanes, “Cristo crucificado” de Velázquez, “Noli me tangere” de El Correggio… entre otras muchas. Realmente fue un éxito. Los chicos reconocieron todas y cada una de las escenas, identificaron los personajes, conocían las historias… bueno, para ser sinceros, fallaron en una obra, “La transfiguración del Señor” de Penni, pero, también es cierto, que no la habíamos estudiado. Además, los chicos disfrutaron mucho y fueron conscientes de todo lo que habían aprendido estos años en Religión. “Los de Valores no hubiesen acertado ni uno”, decían por el pasillo.

Pero quise rizar el rizo y probar con mis alumnos de 1º de E.P.O. (6 – 7 años), y en una sesión los junté con una clase de 2º que lleva Amparo, la otra profesora de Religión del colegio, y les presentamos unos 20 cuadros de los anteriores, los relacionados con el nacimiento e infancia de Jesús, y alguno de la Pasión y Resurrección de Jesús. Estos pequeños no fallaron ninguno.

Recurrentemente, desde ciertos sectores de la sociedad y de la política, se acusa a la Iglesia y a la asignatura de Religión de hacer proselitismo, de ser una asignatura sin valor académico ni científico y fuera de lugar en un espacio educativo y cultural como son los colegios e institutos. Yo siempre he mantenido que, para conocer nuestro mundo, nuestra sociedad, nuestra cultura, es necesario el conocimiento del hecho religioso y, en nuestra España, del cristianismo. La clase de Religión es principalmente el diálogo fe – cultura.

Saquen sus conclusiones.

Por cierto, Mari Bárbola (María Bárbara Asquín) entró en Palacio en 1651, año en que nació la infanta y la acompañaba siempre en su séquito, «con paga, raciones y cuatro libras de nieve durante el verano». Es la enana acondroplásica que vemos a la derecha de la obra.

Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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