Navidad, ¿qué celebramos?

Precisamente esa es la pregunta clave. ¿Qué celebramos en Navidad? No crean que la respuesta que se recibe es la que esperamos, ni siquiera si se formula en un ambiente católico.

Hace unos años, cuando preguntaba a mis alumnos, había respuestas de todo tipo: Papá Noel, Nochevieja, Año nuevo, las uvas, los Reyes, los regalos, las cenas, el turrón, la paz e incluso la lotería… algunos decían el belén y siempre había unos pocos que mencionaban el Nacimiento de Jesús. Este año la lista de respuestas se reduce apenas a dos o tres: Papá Noel y los regalos. No es extraño: llevan vendiendo turrón desde finales de octubre, cenas y comidas con abuelos o tíos las tienen muchos fines de semana, ya no necesitan que llegue Nochevieja para trasnochar un poco y la lotería se ha diluido entre primitivas, euromillones, cuponazos, rascas y no sé cuantos juegos de azar todas las semanas. Por otro lado, cada vez hay más personas a las que no les gusta la Navidad por diversos motivos: la nostalgia de los seres queridos que han fallecido, los problemas económicos en una sociedad tremendamente consumista, las disputas y disgustos familiares que generan encuentros, cenas y comidas, la artificialidad de la fiesta… En la última semana conversando en el trabajo, hablando con amigos y conocidos, de una manera u otra me dijeron hasta en cuatro ocasiones: “qué pocas ganas de Navidad”. Hasta aquí anécdotas que reflejan una realidad que está ahí. El hecho religioso, el verdadero motivo de la celebración de la Navidad no ha aparecido. ¿Verdad?

Si se han fijado, desde hace unos años, la maquinaria de la ingeniería social ha empezado a trabajar para que desaparezca el significado y la vivencia de la Navidad. Si bien hay algún grupo que claramente aboga para que las fiestas de Navidad se conviertan en “las fiestas del invierno” y carezca de significado religioso, lo que más daño hace es la transformación sutil que las fiestas de Navidad están sufriendo. Algunos ejemplos: 

Cuando éramos niños, las luces navideñas de nuestras ciudades dibujaban estrellas, angelitos, árboles navideños, escribían “FELIZ NAVIDAD”….  Evolucionaron hacia los copos de nieve, alusiones a Papá Noel y sus renos, muñecos de nieve… Después llegaron los diseños modernistas con sus formas geométricas, desaparece la palabra Navidad y llega el políticamente correcto “FELICES FIESTAS” y palabras como paz o solidaridad, en no sé cuántos idiomas.

En nuestras calles se ponían árboles de Navidad, los tradicionales abetos, con sus bolas y luces (con todo el significado religioso que tiene), pero también evolucionaron sospechosamente hacia abetos hechos con aros, muelles, y otras figuras geométricas, y ahora están en extinción.

Cuando de niño paseaba con mi madre y mis hermanas, nos parábamos en cada escaparate por el que pasábamos porque nos encantaba ver los belenes que los adornaban. Hoy han sido sustituidos por espantosos Papá Noel, muñecos de nieve, renos, elfos, osos polares, pingüinos…

En Madrid era costumbre ir a visitar belenes: el del Hospital de San Rafael, el de Palacio y los de algunas iglesias emblemáticas. Además, los belenes instalados por el Ayuntamiento en la Puerta de Alcalá con figuras de más de un metro de altura, el de la Plaza Mayor, y, en los últimos años, el del Ayuntamiento en Cibeles o el de la Comunidad de Madrid en la Casa del Reloj. Este año los belenes municipales han desaparecido o han sido reducidos a la mínima expresión y es que “el ayuntamiento representa no sólo a los católicos…”, la alcaldesa dixit.

Más de lo mismo pasa con las cabalgatas de los Reyes Magos. Se han ido perdiendo los símbolos cristianos y el fin último de la cabalgata. En Madrid, la organizada por el Ayuntamiento, terminaba con la adoración de los Reyes al Niño Jesús, pero hace años que fue suprimida, y los discursos de sus “majestades” hablan de ecología, convivencia, ilusión, imaginación y magia. Todo políticamente correcto. Y en los barrios y pueblos del cinturón industrial se han convertido en un carnaval más donde tienen cabida, todo tipo de carrozas y disfraces: piratas, extraterrestres, egipcios, zombis, animales, vikingos, futbolistas,…

En los colegios públicos como en el que trabajo, salvo raras excepciones, no se celebran teatros o festivales de Navidad, no se cantan villancicos, no se pone el Belén, y la decoración, si la hay, es de lo más laico posible. Todo en defensa de la laicidad y el respeto a los no creyentes y seguidores de otras religiones. Cómo anécdota, les contaré que hace tres o cuatro años, desde la clase de Religión, organizamos un concurso de belenes, consistente en que cada familia hiciese un “misterio”, un portal de Belén con el Niño Jesús, la Virgen, San José y alguna figura tradicional, el buey, la mula, los Magos, Pastores… con un máximo de ocho figuras en total y unas dimensiones de 20 cm cuadrados, aunque no fuimos muy exigentes al respecto. Podían utilizar cualquier material y técnica. Si bien la directora había autorizado la actividad, cuando llegó el momento, nos prohibió exponer los trabajos en el hall del colegio o en los pasillos, porque en un colegio público no puede haber símbolos religiosos, únicamente en el aula de Religión. Alegamos que en las aulas no había sitio, y nos contestó que para 5 ó 6 belenes que iban a traer, nos habilitaría parte de un aula de psicomotricidad. Nos juntamos con 137 belenes y evidentemente los expusimos en el hall, que era el único lugar donde había espacio suficiente. Exactamente igual que habían hecho un mes antes los profesores de inglés con sus actividades de Halloween. Desde entonces, viendo el éxito que tuvimos, y por la demanda de numerosas familias, no sólo de las que eligen Religión, organiza (con mi ayuda) un “belén cultural” para que participen todos los niños del colegio.

Es lo que yo he bautizado como “navidades Disney”. Mucho Santa (Santa Claus o Papá Noel) con su trineo y sus renos voladores, mucho espíritu y magia de la navidad (con minúscula), abetos con caramelos, dulces y lazos, chimeneas con calcetines, regalos, muchos regalos, y muérdago en las puertas y deseos de paz y felicidad…

Todo esto ha calado y bien en nuestra sociedad, en nuestras familias. En muchos hogares se ha perdido la tradición del belén, el árbol ya no significa nada, los villancicos hablan de nieve, o de turrones, o de burritos sabaneros… Y no hablemos de asistir en familia a la Misa del Gallo. Quieren terminar con nuestras tradiciones, con nuestra cultura y nuestra FE.

En Navidad celebramos EL NACIMIENTO DE JESUCRISTO, LA ENCARNACIÓN DE NUESTRO SEÑOR.  Todo lo demás no tiene valor si no tenemos presente el nacimiento del NIÑO DIOS. A mis alumnos se lo explico así: organizamos una fiesta de cumpleaños en honor a Jesús, pero a la hora de la verdad, dejamos a Jesús fuera de su fiesta. Está todo el mundo pasándoselo fenomenal menos el “cumpleañero”, a quien le hemos echado de su fiesta. O, directamente, no le hemos invitado.

En las fiestas de Navidad, celebramos ante todo el Nacimiento de Jesús el 25 de diciembre y además, la Maternidad de María (María, Madre de Jesús) el 1 de enero y la Epifanía o manifestación a los Magos el 6 de enero.

Si realmente celebrásemos el Nacimiento de Jesucristo, no diríamos eso de “qué pereza de Navidad”. No sería una fiesta consumista. El juntarnos en familia no sería una experiencia traumática.

Les propongo algunas ideas para recuperar el sentido verdadero y cristiano de la Navidad. No son teorías y en mi familia intentamos llevarlo a la práctica:

Pongan el Portal de Belén en casa, aunque sea el misterio. Y que participe toda la familia. No hace falta ser un artista belenista. Un papel roca, un portalito, figuras que no se rompan y una estrella. Un poco de imaginación y tenemos a Jesús presente en nuestro salón. Es la representación del Nacimiento de Jesús iniciada por San Francisco de Asís en el año 1223. Podemos aprovechar para leer los relatos de infancia de los Evangelios de San Mateo y San Lucas a nuestros hijos.

Pongan el árbol de Navidad. Es un símbolo cristiano. Su forma triangular representa la Santísima Trinidad. San Bonifacio lo adornó con manzanas que representaban el fruto del pecado original (nuestras bolas) y con velas (nuestras luces parpadeantes) que recordaban la luz de Cristo. Cristo es la LUZ del mundo. 

Canten villancicos, pero los auténticos, los que pregonan la “Buena Nueva”. Precisamente ese es su origen: evangelizar, llevar la Buena Noticia del nacimiento de Jesús a los campesinos en el siglo V.

Bendigan la mesa de una manera especial.

Vayan a visitar belenes. Los hay de lo más curioso y variado; vean las diferencias entre unos y otros, los distintos estilos, los paisajes representados, los personajes, los símbolos representados (el río es el Jordán, el lago es el Mar de Galilea, el palacio de Herodes, Jerusalén).

Acudan en la medida de lo posible a la Misa del Gallo. Asistan en familia a las celebraciones religiosas. La Eucaristía sigue siendo la principal celebración de las fiestas cristianas católicas.

Participen en familia en alguna actividad solidaria: operación kilo, reparto de cestas o comida a familias necesitadas, visiten a personas enfermas, ancianos…

Y sean austeros, salgamos del consumismo atroz. Lo importante es el detalle, no el valor material del mismo.

Y deseen, como yo les deseo, una MUY FELIZ NAVIDAD Y QUE EL NIÑO DIOS QUE NACE LES BENDIGA.

Alberto Cañas

Mi blog "Desde mi clase de reli" 

Diplomado en profesorado de EGB, en la especialidad de educación especial/pedagogía terapéutica. Profesor de religión y moral católica. Casado y padre de 4 hijos.

Alberto Cañas es autor, editor y responsable del Blog Desde mi clase de reli, alojado en el espacio web de www.infofamilialibre.com 

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