Los múltiples problemas morales de la subrogación gestacional

Suele suceder que cuando un matrimonio experimenta la infertilidad, la pareja toma la decisión de buscar los servicios de la subrogación gestacional, para poder tener un hijo.


Una gestante subrogada es una mujer que hace un pacto para que se le implante un embrión en su útero por medio de fertilización in vitro (FIV) y una vez cumplido el tiempo de gestación y el nacimiento, entregar el bebé recién nacido a la pareja que solicitó el proceso. En los últimos años, la subrogación gestacional se ha convertido en una industria multimillonaria, atrayendo una gran variedad de clientela, desde parejas casadas a mujeres solteras, parejas homosexuales o cualquier persona con el deseo de tener un hijo y con la disponibilidad de financiar la subrogación gestacional.


La subrogación gestacional plantea una preocupación moral peligrosa, y socava poderosamente la dignidad de la procreación humana, en particular cuando se trata de las mujeres y los niños involucrados en el proceso. Una de las preocupaciones morales más significativas que rodea la subrogación gestacional es la fractura de la paternidad por la multiplicación de los roles paternales y maternales. La subrogación gestacional obliga a los niños a involucrarse en situaciones en donde están sujetos a un estrés enfermizo de su origen confuso, quizá por haber sido concebido del óvulo de una mujer, gestado por otra mujer y criado por una tercer mujer, y quizá completamente desasociado de su padre por medio de una donación de espermatozoide anónima. Este tipo de prácticas son verdaderamente injustas y deshumanizantes para los niños que se encuentran en medio del proceso. Una mujer que fue concebida por una donación de espermatozoide anónima, describe su experiencia de esta manera: 
 
“Mi existencia le debe casi nada a la reproducción natural y espontanea del ser humano, en donde los bebes son la progresión natural de una relación adulta mutuamente gratificante; antes bien, mi existencia es una representación de un contrato verbal, una fría transacción financiera, y un dominio clínico de la tecnología médica”. 
 
Por otra parte, las mujeres que se someten a la subrogación gestacional, suelen encontrarse en conflicto profundo sobre la realidad de tener que desprenderse del bebé cuando nazca, desgarrando aquella conexión y relación importante que fue desarrollada y nutrida con cuidado por nueve meses.  No existe la menor duda de que los vendedores y los promotores de la subrogación gestacional explotan a las mujeres vulnerables con problemas económicos, que suelen estar en otros países, para someterlas a un embarazo inducido artificialmente por drogas. Los proponentes de este procedimiento suelen mostrar a estas mujeres como personas primordialmente motivadas por ayudar a los demás, las gestantes subrogadas, pero en privado indican que realmente lo hacen por el dinero, y con la ausencia de un pago sustancial no estarían dispuestas a continuar con el arduo procedimiento. En una entrevista con New York Times, Alex Kuczynski, describió su propia experiencia después de conversar con una gestante subrogada en el 2008; ella dice:
 
“Nos encontramos ante la misma regla: Las gestantes subrogadas nunca deben decir que están motivadas a quedar embarazadas por alguien únicamente por el dinero: todas están motivadas por el altruismo. Esta dulce hipocresía permite que la subrogación gestacional continúe. Sin esta regla, ambos lados tendrían que reconocer la verdadera repugnancia cultural de ponerle una figura monetaria a la creación de la vida humana”.
En efecto, la subrogación gestacional convierte la vida humana en una comodidad de varios niveles, así como lo relató Kathleen Sloan en su testimonio ante la comisión estatal de Minnesota, estudiando este caso. Al parecer, una inesperada adversaria del procedimiento, Sloan, trabaja como feminista, a favor del aborto y es directora de la Organización Nacional de la Mujer en Connecticut.


 Sin embargo, sobre la subrogación gestacional, está de acuerdo con las críticas pro-vida, indicando que efectivamente involucra a “niños que intencionalmente son arrancados de la identidad de su origen genético y biológico, condenando a los derechos humanos. En teoría, es la suma manifestación del proyecto neoliberal de la mercantilización capitalista de la vida, de generar ganancias y satisfacer los deseos narcisistas de una minoría selecta que se siente con derechos”.


 Aquellos deseos narcisistas se satisfacen fácilmente por la industria del FIV que genera familia en los laboratorios para sus clientes. En el proceso los embriones humanos que sobran, se producen, se guardan, y suelen hacerlos huérfanos al congelarlos, y hasta desecharlos catalogándolos como basura biomédica. De hecho, el proceso FIV, enfocándonos a la práctica de la subrogación gestacional, en general termina matando a más bebes de los que nacen. Además de que la pareja que hizo el contrato puede forzar a la madre gestante a someterse a un aborto si el bebé ya en el útero aparenta estar “imperfecto” o para eliminar a un gemelo en el proceso de “reducción selectiva” en un embarazo múltiple.


Sin duda alguna, los niños son peones de un desenlace sin misericordia de satisfacer los deseos paternales y del cliente, así como los motivos de las corporaciones para sus fines económicos. El poder reproductivo de una mujer y la fecundidad que Dios le dio jamás debe reducirse a un estatus de “se alquila reproductora”, como suelen ser llamadas por los que están muy metidos en la industria. Una mujer tampoco debe dejar que se aprovechen de ella, permitiendo un pago monetario por cosechar sus óvulos. Los poderes reproductivos de una mujer deben ser compartidos únicamente por medio del acto marital, con su esposo, para que todos los niños que nazcan de ella sean suyos genéticamente y en todo sentido. Todos los niños merecen esta consideración de amor, la seguridad de ser protegidos en el punto más frágil y sagrado del comienzo de sus vidas.


El Padre Tadeusz Pacholczyk hizo su doctorado en neurociencias en la Universidad de Yale y su trabajo post-doctoral en la Universidad de Harvard.  Es Sacerdote para la Diócesis de Fall River, Massachusetts, y se desempeña como Director de Educación en el Centro Nacional Católico de Bioética en Philadelphia. The National Catholic Bioethics Center:  www.ncbcenter.org   Traducción: Faviola Godfrey

P. Tad Pacholczyk

El Padre Tadeusz Pacholczyk hizo su doctorado en neurociencias en la Universidad de Yale y su trabajo post-doctoral en la Universidad de Harvard. Es Sacerdote de la Diócesis de Fall River, Massachusetts, y desempeña su trabajo como Director de Educación en el Centro Nacional Católico de Bioética en Philadelphia.

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