¿Disolución química de los cadáveres como alternativa a la cremación o al entierro?

La hidrólisis alcalina es un nuevo método, desarrollado en Reino Unido, que pretende consolidarse como una alternativa “ecológica” al entierro y a la cremación. El proceso se inicia mediante la introducción del cuerpo de la persona fallecida en una cápsula, durante varias horas, siendo sometido a una solución compuesta por agua y químicos, a temperaturas que llegan a alcanzar los 150ºC.

Una vez finalizada esta primera etapa, se retira el líquido del interior de la cápsula, permaneciendo dentro únicamente los huesos de la persona fallecida. A continuación, los restos óseos son trasladados a otra máquina, que los secará y triturará, dando lugar a un polvo de consistencia similar a la harina. Esta máquina trituradora es también empleada en los procesos de cremación e incineración, por lo que es incorrecto emplear el término “cenizas” en dichos casos.

A día de hoy, la hidrólisis alcalina sólo es legal en catorce estados de EEUU y en tres provincias de Canadá. Se estima que el primer país europeo que podría legalizar este método sería Reino Unido.

Como plantea la experta en ética Renee Mirkes, el mayor cuestionamiento a la hidrólisis alcalina se deriva de que tras la finalización la primera etapa del proceso, la solución de agua y químicos (en la que están disueltos la piel, los músculos, los órganos y demás tejidos no óseos de la persona fallecida) es desechado como residuos, acabando en el mejor de los casos en plantas de tratamiento de aguas residuales. En esta línea, Philip Olson, filósofo en Virigina Tech, señala que esta realidad puede llevar a muchos a considerar que los restos de sus “seres queridos” están siendo tratados de forma “irrespetuosa”, como si se tratasen de “un desperdicio”. A las críticas y dudas de los expertos en bioética, se suma el rechazo de la Iglesia Católica norteamericana que, a través de instituciones como la Ohio Catholic Conference, ha manifestado que “disolver cuerpos en un conjunto de químicos, tirando el líquido resultante al alcantarillado, no es una forma respetuosa ni digna de disponer de los restos humanos”.

La implantación de la hidrólisis alcalina también ha generado polémica dentro del propio sector de los servicios funerarios. Numerosas empresas de servicios funerarios se niegan a brindar este servicio por considerar que dificulta el desarrollo de su actividad, la atención al cliente y supone una pérdida económica, mientras la cremación dura una hora, la hidrólisis alcalina requiere entre tres y cuatro horas.

Sin embargo, en los establecimientos en los que también se ofrece la hidrólisis alcalina, un 80% de los clientes opta por esta modalidad frente a un 20% que prefiere la cremación. Las razones que dan los clientes para optar por la hidrólisis alcalina van desde considerar que “el agua es menos dañina que el fuego” (no teniendo en cuenta el potente efecto abrasivo de los químicos que intervienen en el proceso), hasta considerar su elección como “un acto de firme compromiso con la ecología”.

Los empresarios a favor de la hidrolisis alcalina, promocionan el producto definiéndolo como “eco-friendly” o como una “cremación verde”, por su carácter “responsable y respetuoso con el medio ambiente”. Esta afirmación ha sido ratificada por sendos estudios publicados en 2011 y 2014 por la investigadora holandesa Elisabeth Keijzer, y financiados por la cadena de funerarias Yarden, en los que se señalaba que la hidrólisis alcalina consumía menos recursos y generaba menos huella ecológica que un entierro o una cremación. Sin embargo, ambos estudios señalaron que la forma de disponer de los restos mortales apenas representa entre un 0,001% y un 0,003% de la huella ecológica que genera una persona a lo largo de toda su vida.

Publicado en www.observatoriobioetica.com 

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