Considerando las opciones para las parejas infértiles

Cuando las parejas católicas tienen dificultad para tener un embarazo, suelen buscar ayuda médica y comienzan a buscar las opciones disponibles. Una cantidad de consideraciones y preguntas morales surgen de este proceso: ¿por qué es que la técnica de fecundación in vitro se considera inmoral? ¿Qué estrategias estarán permitidas por la Iglesia? Espiritual y personalmente, ¿qué significa nuestra infertilidad, al encararnos con nuestro ferviente pero frustrado deseo de tener un bebé?

Cuando una pareja, luego de tener relaciones sexuales sin anti conceptivos por más de un año comienza a investigar si existen problemas relacionados con la infertilidad, algunos médicos simplemente los animan a buscar la industria de infertilidad e intentar la FIV (IVF siglas en inglés) o una técnica relacionada como lo es la inseminación artificial. Sin embargo, estos métodos producen una variedad de preocupaciones morales, incluyendo el hecho de que sustituyen el acto de “producir” por el acto de entregarse en el matrimonio, permitiéndole a terceras personas, fuera del matrimonio, a ser la causa de la concepción; suelen requerir la masturbación, y pueden resultar en daños colaterales significativos, incluyendo la destrucción de un embrión, el proceso de congelar los embriones y los efectos perturbadores en la fisiología de la mujer como son los fuertes medicamentos para ovular que se utilizan como parte de estos métodos

Puede ser de mucha utilidad recordar esta “regla general” para determinar si un método está moralmente aceptado o no: los tratamientos que ayudan al acto marital están permitidos, mientras que los que lo reemplazan, o lo sustituyen por el acto marital traen consigo objeciones morales serias

El enfoque ideal para resolver la infertilidad es la identificación de las causas subyacentes (la endometriosis, la obstrucción en las trompas de Falopio, los problemas para ovular, etc.) y resolver estas causas para que el acto marital pueda resultar en la concepción. 

Aunque esto parezca prudente y quizá obvio, muchos obstetricitas y ginecólogos hoy en día no suelen ofrecer más que un examen superficial antes de recomendar a esa pareja para que vaya a un centro de fertilidad y los contraten para producir un bebe por medio de la FIV. 

Antes bien, estas parejas deben buscar técnicas que puedan hacer un diagnóstico metódico y sanar aquellas causas subyacentes de la infertilidad. La Dra. Pilar Vigil fundadora de FEMM, (Fertility Education & Medical Management, https://FEMMHealth.org– Educación de Fertilidad y Manejo Médico) y el Dr. Tom Hilgers, fundador de la tecnología NaPro (Natural Procreative Technology - tecnología procreativa natural), ver http://www.naprotechology.com, son dos médicos católicos que poseen una gran trayectoria ayudando a resolver las cuestiones de infertilidad subyacente y por lo tanto ayudan a las parejas a concebir naturalmente. 

NaPro tiene más tiempo y emplea una variedad de tecnología lo cual puede incluir la modulación hormonal de las irregularidades del ciclo menstrual; la corrección quirúrgica de algún daño u obstrucción en las trompas de Falopio; los medicamentos de fertilidad para ayudar a que los ovarios de la mujer ovulen; el Viagra y otros métodos para eliminar la disfunción eréctil; corregir los defectos estructurales como el hipospadias; la eyaculación prematura; utilizando NFP (Natural Family Planning - planificación familiar natural) para observar signos de fertilidad que ocurren naturalmente durante el ciclo de la mujer al tiempo de la relación sexual; utilizando LTOT (la transferencia del óvulo a la parte baja de la trompa) es decir, los óvulos son trasplantados en el útero o en la trompa de Falopio en un punto en donde pueda resultar la fertilización luego del acto marital; y la resolución quirúrgica de la endometriosis. El Dr. Hilgers ha formado y entrenado a una cantidad de médicos que trabajan como especialistas independientes de NaProTechnology en los Estados Unidos y en el extranjero. FEMM, actualmente, está formando un sistema similar. 

Por otro lado, existe un gran número de técnicas disponibles que en vez de ayudar en el acto marital lo reemplazan con un acto completamente diferente, más bien en un acto de “producir” o de fabricar niños en laboratorios. Estas técnicas, como el FIV; la inyección de esperma intracitoplasmática (ICSI), la inseminación artificial, el contratar una madre gestante; y la clonación obviamente traen consigo objeciones morales serias. 

En algunos casos, la infertilidad de la pareja puede ser que no tenga remedio. Aun cuando el esposo y la esposa se enfrentan con el duelo de no poder concebir a sus hijos naturalmente, aún pueden realizar sus deseos paternales y maternales de maneras significativas, que den fruto y amor. Por ejemplo, pueden discernir el llamado a adoptar a un niño, convirtiéndose en mamá y papá de un niño cuyos padres, quizá fallecieron, o quizá sintieron que no podían cuidar a ese niño. Pueden decidir convertirse en consejeros o en maestros, o darle acogida temporal a un niño en crisis, generosamente siendo padres auténticos. Pueden convertirse en “Big Brother o Big Sister” para los jóvenes en la comunidad que están deseosos de una figura paterna y materna en sus vidas. 

Aunque estas soluciones no hacen que desaparezca el dolor, son medios que Dios nos dio para sacar un bien de esa situación. Con estos medios, las parejas son retadas a pensar más allá de su situación, a formar parte del diseño misterioso de Dios dentro de sus matrimonios. Apartándose del deseo de concebir y de criar a sus hijos biológicos, las parejas infértiles pueden descubrir caminos nuevos e inesperados que lleven a un matrimonio lleno de frutos; caminos que traen consigo grandes bendiciones para los demás, y que produzcan un gozo duradero y por consiguiente la realización matrimonial.

P. Tad Pacholczyk

El Padre Tadeusz Pacholczyk hizo su doctorado en neurociencias en la Universidad de Yale y su trabajo post-doctoral en la Universidad de Harvard. Es Sacerdote de la Diócesis de Fall River, Massachusetts, y desempeña su trabajo como Director de Educación en el Centro Nacional Católico de Bioética en Philadelphia.