Los atletas que se dopan

El que un atleta utilice drogas para mejorar su rendimiento en un deporte, no sólo lo reta a mantener un rendimiento competitivo, sino que también pone en cuestión la amplitud de puntos éticos. 

Algunas de estas cuestiones salen a relucir en el 2015 cuando la campeona de tenis Maria Sharapova, número uno del ranking mundial, fue suspendida del juego competitivo por la federación Internacional de Tenis (ITF siglas en inglés) por dos años, tras haber salido positiva con la sustancia prohibida meldonio. La corte de arbitraje del deporte luego redujo la sentencia a 15 meses.

La droga es una sustancia que se consigue sin receta, dilata los vasos sanguíneos y aumenta la fluidez de la sangre; puede contribuir a una mejoría en el rendimiento físico de un atleta. El caso de Sharapova se complicó más tras su declaración de que utilizaba la droga por cuestiones de salu. Dicha declaración fue recibida con escepticismo por otros atletas y finalmente fue rechazada por el tribunal independiente asignado por la ITF para revisar el caso. 

Craig Pickering, velocista olímpico inglés y ganador de la medalla de bronce en el campeonato mundial, describió la verdadera presión que algunos atletas llegan a enfrentar: “Les puedo apostar los ahorros de mi vida a que Sharapova tomó este medicamento por los supuestos efectos de rendimiento… Los atletas siempre van a provocar sus límites para lograr una oportunidad más al éxito. Esto sucede cuando se es competitivo”.

En los deportes competitivos, la suposición es que los competidores juntos comienzan a la par, es decir, que nadie tiene ventaja injusta sobre el otro que también compite. En la línea de salida, llegan como iguales en el sentido de que llegan con lo que nacieron y con lo que hayan podido lograr por medio de la práctica, disciplina y trabajo duro. El engaño por medio del dopaje involucra el intento de salirse de estos reglamentos y suposiciones y jugar de diferente manera, una que esquiva o quita la suposición de “a la par” sin dar a conocer el hecho. En este sentido, hacer trampa por medio del dopaje está mal porque es una manera de mentir, una manera de mostrar las aptitudes físicas como si fueran naturales o un resultado de disciplina atlética, aunque en realidad no es nada de eso. 

Algunos de los rivales de Sharapova expresaron su frustración a lo que consideraron una injusticia más. En abril del 2017, cuando le dieron un comodín para volver a entrar en el torneo de la asociación mundial del tenis (WTA siglas en inglés) jugado en Alemania. Insistieron que, por lo menos, debería esforzarse y trabajar por lograr un buen nivel tras estar fuera por más de un año. Otros compañeros atletas, como Eugenie Bouchard, dijeron que la transgresión del dopaje es muy seria y argumentó que Sharapova debió haber sido suspendida de por vida: “Es una tramposa, así que para mí… considero que a ningún atleta que haga trampa en cualquier deporte, se le deba permitir jugar nuevamente. Es muy injusto para los demás competidores que hacen todo conforme a las reglas. Considero que la WTA le envía un mensaje erróneo a los jovencitos – hagan trampa y los volveremos a recibir con los brazos abiertos”. Algunos comentaristas notaron cómo a los organizadores de eventos les gusta incluir nombres de notoriedad como el de Sharapova en sus alineaciones. La antigua jugadora número uno, Carolina Wozniacki, opinó que “es obvio que las reglas están torcidas a favor de quien ellos quieren”. Otros expresaron su preocupación por los patrocinadores corporativos y anunciantes, quienes continúan promoviendo personalidades deportivas de renombre que han sido suspendidos por dopaje; individuos que quizá pueden estar entre los atletas más ricos del mundo. 

Es justo concluir afirmando que el dopaje es una manera de engañar no sólo a los rivales competidores, sino también a los aficionados, a uno mismo y a la integridad del deporte en sí. Por medio de una búsqueda honesta de la medalla de oro, podemos encontrarnos con la posibilidad de sobrepasar quiénes somos de maneras limitadas, pero importantes. Un entrenamiento y una preparación auto dirigidos por el atleta ayuda a desarrollar y a perfeccionar una variedad de cualidades personales importantes: fortaleza, coordinación, rendimiento, empuje, agilidad, disciplina, rapidez, vigilancia, astucia, visión y reto. Eso nos impulsa hacia una perfección auténtica de nuestros cuerpos, de nuestro carácter y de nosotros mismos – una orden y disciplina que salen desde el interior de nosotros mismos y nos forman de una manera en la que logramos aún más de lo que alguna vez pensamos que alcanzaríamos y, por medio de ese crecimiento personal, logramos vivir la verdadera medida del logro humano. Y eso es algo de lo que los atletas que se dopan, tristemente se privan de vivir de lleno. 

P. Tad Pacholczyk

El Padre Tadeusz Pacholczyk hizo su doctorado en neurociencias en la Universidad de Yale y su trabajo post-doctoral en la Universidad de Harvard. Es Sacerdote de la Diócesis de Fall River, Massachusetts, y desempeña su trabajo como Director de Educación en el Centro Nacional Católico de Bioética en Philadelphia.