Exhortación apostólica "Gaudate et Exultate"

El pasado 9 de abril, la Santa Sede ha dado a conocer la exhortación apostólica “Gaudete et Exultate”, del Papa Francisco, sobre la llamada a la santidad en el mundo actual, y que es de obligada lectura para cualquier hermano que quiera hacer realidad la vocación a la cual ha sido llamado por nuestro Señor Jesucristo, que no es otra que su santificación personal, a ejemplo e imitación del Señor.

 El documento está dividido en cinco capítulos. En el primer capítulo, titulado “El llamado a la santidad”, el Papa Francisco señala que hay muchos tipos de santos, más allá de los santos que todos reconocemos oficialmente como tales. Los santos son personas corrientes que, viviendo los misterios de la vida de Cristo, y reproduciendo en la propia existencia distintos aspectos de la vida terrena de Jesús, contribuyen con su ejemplo a la misión de construir el reino de amor, justicia y paz universal del Evangelio. La santidad no es sólo para el clero, los consagrados, o los que viven una vida contemplativa. Todos estamos llamados a la santidad, cualquiera que sea nuestro papel. La santidad nos mantiene fieles a lo más profundo de nosotros mismos, nos libera de toda forma de esclavitud, y nos hace dar fruto en nuestro mundo. La santidad es un encuentro entre nuestra debilidad y el poder de la gracia de Dios. 

 En el segundo capítulo, el Papa nos advierte sobre dos enemigos de la santidad. El primero considera que la perfección de la persona se mide únicamente por su inteligencia, de forma tal que sólo los más sabios serían santos, independientemente de sus actitudes y comportamientos para con los demás. El segundo pretende que la santidad es posible únicamente con la sola voluntad humana, que se hace por sí misma merecedora de la gracia, negando por ello el don que Dios nos da por propia iniciativa y amor.

 El capítulo tercero nos propone un camino para la santidad concreto, el de las bienaventuranzas, programa perfecto para desarrollar nuestra vocación. Ser pobres en el corazón, reaccionar con humildad y mansedumbre, llorar con los demás, buscar la justicia, mirar y actuar con misericordia, mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, sembrar paz a nuestro alrededor, y aceptar cada día el camino del Evangelio, aunque nos traiga problemas. Todo esto es santidad.

 Profundizando en este programa para la santidad, el Papa Francisco se detiene en cinco signos que revelan la santidad en el mundo de hoy. El primero es la perseverancia, la paciencia y la mansedumbre; el Papa señala que es necesario reconocer y combatir nuestras inclinaciones agresivas y egoístas. Y se detiene, especialmente, en el mal uso que los cristianos hacemos en ocasiones de las redes sociales y medios de comunicación en internet. No hay que olvidar que los cristianos “pueden formar parte de redes de violencia verbal a través de internet y de los diversos foros o espacios de intercambio digital.” Los límites pueden sobrepasarse incluso en medios de comunicación católicos, y la difamación y la calumnia pueden convertirse en lugares comunes. “Es llamativo que a veces, pretendiendo defender otros mandamientos, se pasa por alto completamente el octavo: «No dar falso testimonio ni mentir», y se destroza la imagen ajena sin piedad.” El segundo, la alegría y el buen humor. El tercero, la audacia y el fervor; la Iglesia necesita misioneros apasionados, devorados por el entusiasmo de comunicar la verdadera vida. El cuarto, la disposición para compartir la vida con la comunidad, y el quinto, la oración constante.

Por último, en el capítulo quinto, el Papa nos anima a estar en guardia contra el gran enemigo de la santidad, el diablo, que es una realidad cierta que siempre busca robarnos la paz interior. 

José A. Jiménez

InfoFamiliaLibre

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