¿Conseguirán el transgénero de nuestros hijos?

El día 2 de febrero celebramos la Presentación del Niño Jesús, o Candelaria, y también la Virgen del Buen Suceso, cuyas apariciones comenzaron el 2 de febrero de 1.594 en Quito. Allí dio una profecía para nuestro tiempo, que parece muy apropiada al objeto del tema de hoy:

“...Se desbordarán las pasiones y habrá una total corrupción de costumbres, por casi reinar Satanás con las sectas masónicas, tendientes principalmente a corromper a los niños para sostener con ese medio la corrupción general. ¡Ay de los niños de ese tiempo!: el sacramento del Bautismo lo recibirán difícilmente; la Confirmación, de igual manera”.

“Habiéndose apoderado la secta de todas las clases sociales, tendrá tanta sutileza para introducirse en los hogares domésticos, que perdiendo a la niñez, se gloriará el demonio de alimentarse con el exquisito manjar de los corazones de los niños. En esos aciagos tiempos, apenas se encontrará inocencia infantil, de esa manera irán perdiéndose las vocaciones para el sacerdocio, que será una verdadera calamidad”.

Parece plausible explicación (la de la masonería), el asombroso acuerdo de todos los partidos políticos en este asunto: inducir a nuestros hijos a la transexualidad u homosexualidad.

El nuevo proyecto de Ley Valenciana, de “Identidad y expresión de Género” a propuesta de la coalición PSOE-Compromís es igual a la primera de las leyes ya aprobadas por la Comunidad de Madrid, de 17 de marzo de 2016, esta vez promovida por el PP. 

En su Preámbulo efectúa unas consideraciones sobre el principio de igualdad y no discriminación contenidas en la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Constitución y otras normas internacionales para, so pretexto de conjurar una pretendida discriminación transexual, imponer en todos los órdenes sociales la llamada “identidad de género” sustituyendo la distinción biológica y legal entre hombre y mujer.

¿Es legítimo oponerse? El proyecto vulnera numerosos derechos fundamentales, en concreto la libertad religiosa, la libertad de expresión, la libertad de cátedra, la libertad de enseñanza y la libertad de educación; tratándose de una ley injusta, conforme al criterio cristiano del Derecho en su necesaria conformación al Derecho Natural e inmutable: ius est ipsa res iusta (derecho es la misma cosa justa), Sto Tomás de Aquino; no siéndolo aquel que quiebra los conceptos morales más elementales. 

Tanto S. Juan Pablo II como Benedicto XVI alertaron contra el peligro de la aparente legitimidad de las mayorías democráticas, para la fe cristiana:

S. Juan Pablo II, Veritatis Splendor: “Una auténtica democracia es posible solo en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana…Después de la caída de las ideologías que llevaban a una concepción totalitaria del mundo, y la primera entre ellas el marxismo, se perfila hoy un riesgo no menos grave por la negación de los derechos fundamentales de la persona humana y por la absorción en la política de la misma demanda religiosa que habita en el corazón de todo ser humano: es el riesgo de la alianza entre democracia y relativismo ético, que quita a la convivencia social cualquier punto seguro de referencia moral y la priva del reconocimiento de la verdad”. 

Benedicto XVI, discurso a la Comisión Teológica Internacional, 2007: “…la sociedad civil y secular hoy se encuentra en una situación de desvarío y confusión; En muchos pensadores parece dominar una concepción positivista del derecho. Según ellos…la mayoría de los ciudadanos se convierte en la fuente última de la ley civil. El problema por tanto que se plantea no es la búsqueda del bien sino del poder…en la raíz se encuentra el relativismo ético que algunos ven incluso una de las condiciones de la democracia porque…garantizaría la tolerancia y el respeto recíproco de las personas….La historia demuestra que las mayorías pueden equivocarse. La verdadera racionalidad no queda garantizada por el consenso…sino por la transparencia de la razón humana a la razón Creadora…Cuando están en juego…la dignidad de la persona, la institución familiar….es decir, los derechos fundamentales del hombre, ninguna ley puede trastocar la norma escrita por el Creador en el corazón del hombre sin que la sociedad misma quede herida…”

Sin necesidad de considerar la legitimidad cristiana, sino la pura legalidad secular, es posible una resistencia a esta norma, como veremos.

Sintetizando el contenido de la ley:

- Reconoce a la persona el derecho a declarar un género independiente del propio sexo.
- Si se trata de un menor, es la Generalitat, si sus padres se oponen, quien promueve este cambio de género, con autorización judicial si comporta tratamiento hormonal o quirúrgico, donde el menor solo será oído. Puede serles sustraída la guarda, si los padres se oponen. 
- Se prohíbe la práctica de terapias de aversión (para revertir la orientación sexual).
- Se expedirá por la Generalitat documentación administrativa conforme a la identidad de género manifestada, con el nombre elegido, incluso en contradicción con el DNI.
- Imposición de contenidos promoviendo la diversidad de género en todos los centros educativos, y en todos los grados de enseñanza, con programas y contenidos específicos.
- Imposición al centro educativo de la utilización por el alumno del nombre e identidad “elegidos”, a usar la indumentaria correspondiente, así como acceso a lavabos y vestuarios conforme al género elegido, incluso esta medida a las universidades.
- Imposición de la contratación y mantenimiento del empleo de personas trans, castigada con multa de 3.000 a 20.000 € y pérdida de ayudas públicas.
- Participación en competiciones deportivas conforme al género manifestado.

Frente a esto:

La determinación del sexo forma parte del estado civil, es competencia del Estado, y no de la Comunidad autónoma. También es competencia del estado la expedición del Documento Nacional de Identidad: ésta es la identidad y sexo de la persona, y no la “manifestada”, pues es una cuestión de Orden público, y no susceptible de cambio puramente voluntario, sin ninguna garantía: el construirse una identidad falsa puede ser fuente de fraude. Ningún valor tienen estos documentos expedidos por la Generalitat, frente al DNI. 

En cuanto a los menores, el cambio de sexo en el Registro Civil, y por tanto a efectos del DNI, exige:

- Ser mayor de edad.
- Certificado médico sobre discrepancia sexo biológico y género querido, así como no ser producto de un trastorno de la personalidad.
- Acreditar tratamiento médico hormonal o quirúrgico de reasignación de sexo.

Por tanto, el pretendido cambio de género de menores, está en contradicción con la Ley estatal.

El centro educativo debe oponerse al uso de esta identidad fabricada, invocando la identidad civil del menor, la incerteza de su elección, tratándose de un menor que carece de plena capacidad, la imposibilidad legal de cambio de sexo, siendo menor; así como la intimidad de los demás menores, en cuanto al uso de vestuarios y lavabos, al ser incierto este género o sexo.

En cuanto a las terapias de aversión, la propia Ley estatal 3/07, de cambio de sexo ante el Registro Civil, reconoce que la disforia de género puede ser producto de una patología psíquica. La normativa sanitaria cataloga estas patologías como enfermedades, y deben ser tratadas médicamente; así que esta prohibición está en contradicción con la normativa sanitaria, que reconoce a todo enfermo el derecho a recibir tratamiento. 

Sobre la imposición de programas educativos trans a los colegios católicos, hay que invocar el Acuerdo entre la Santa Sede y el Estado Español de 1979 sobre enseñanza y asuntos culturales:

Art. I: A la luz del principio de libertad religiosa, la acción educativa respetará el derecho fundamental de los padres sobre la educación moral y religiosa de sus hijos en el ámbito escolar. 

En todo caso, la educación que se imparta en los centros docentes públicos será respetuosa con los valores de la ética cristiana.

El art. 6 Ley Orgánica de libertad religiosa:

1. Las Iglesias, Confesiones y Comunidades religiosas inscritas tendrán plena autonomía y podrán establecer sus propias normas de organización, régimen interno y régimen de su personal. En dichas normas, así como en las que regulen las instituciones creadas por aquéllas para la realización de sus fines, podrán incluir cláusulas de salvaguarda de su identidad religiosa y carácter propio, así como del debido respeto a sus creencias, sin perjuicio del respeto de los derechos y libertades reconocidos por la Constitución, y en especial de los de libertad, igualdad y no discriminación.

El Catecismo, nº 2357, establece sin perjuicio del respeto, compasión y acogida a estas personas, que la conducta homosexual es intrínsecamente desordenada, contraria a la ley natural, y que las mismas están llamadas a vivir en castidad.

No puede enseñar otra cosa un colegio católico.

La ley valenciana vulnera un tratado internacional, cual es el Acuerdo de 1979, y también la Ley Orgánica estatal, cuando pretende imponer a los colegios una enseñanza contraria al ideario cristiano. Así como el derecho que asiste los padres a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones, art. 27.3 Constitución. 

Sobre el personal contratado: el derecho a introducir en el contrato cláusulas de salvaguarda, ha garantizado siempre a la Iglesia la potestad de prescindir de los servicios de las personas cuyo modo de vida suponga un testimonio contrario a la fe. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos siempre ha confirmado que el derecho fundamental a la libertad religiosa en su vertiente pública, que garantiza que la Iglesia pueda contar para sus servicios exclusivamente con personas que vivan en coherencia a su fe, y prescindir del resto, es superior al derecho individual del trabajador a mantener un ideario contrario y, sin embargo, mantener dicho puesto. El Tribunal se ha pronunciado recientemente en sentencia de 12 de junio de 2014.

Por tanto, nunca puede ser sancionado un colegio por motivo de prescindir de los servicios de una persona trans, pues su modo de vida contradice la fe cristiana.

6º A título anecdótico, se cita lo dispuesto para las competiciones deportivas: causa hilaridad imaginar una competición donde hombres digan sentirse mujeres, y se alcen con el podio femenino; es el colmo del desvarío social, a que se refería el Papa emérito. 

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