¿Médicos o curanderos? La homeopatía en la consulta

El título es provocador, lo reconozco. Pero es que estoy muy preocupada, y tengo motivos para estarlo. Es alarmante la deriva hacia la Nueva Era que están tomando cierto número de profesionales de la salud, y es necesario hablar sobre ello. Obviamente, no son todos, ni mucho menos.

Gracias a Dios, seguimos contando con excelentes y generosos profesionales en el campo de la salud. Pero al tiempo, no hace falta ir muy lejos para constatar que hay un cierto sector de la medicina y de la enfermería que están dejando de ser profesionales avalados por la ciencia, para convertirse en “curanderos”. Sí, eso he dicho, curanderos. Un curandero, según define el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, es: “Persona que, sin ser médico, ejerce prácticas curativas empíricas o rituales”. Pues, desgraciadamente, con eso nos encontramos: con que ciertos profesionales de la salud están introduciendo en consultas y hospitales “prácticas curativas rituales”, a las que están disfrazando con el nombre de “técnicas y terapias no convencionales” (TTNC), pero que al final resultan ser “pseudoterapias” no científicas, no avaladas por la ciencia médica. Una de estas “pseudoterapias” es la homeopatía. 

Recuerdo la primera vez que escuché a una persona decir que estaba siguiendo un “tratamiento homeopático”. Le pregunté qué era eso. La respuesta fue, con tono bastante inseguro: “Pues… algo así como medicina natural”. Eso es lo que piensan de la homeopatía muchos de sus usuarios, sin pararse a reflexionar demasiado ni a investigar mucho más. Y cuando un médico, en su mismo centro de salud, propone al paciente el uso de medicamentos homeopáticos, el paciente se fía del médico, al que se le presuponen unos estudios, una formación y a experiencia que permiten que confiemos en él. Y sin embargo, la homeopatía no es medicina natural; en realidad, ni siquiera es medicina. Y entrar por este camino puede llegar a ser peligroso, a muchos niveles.

Empezamos por el principio. La enfermedad y la muerte entraron en el mundo a causa del pecado. Pero Dios es un Padre bueno, que no nos abandonó a nuestra suerte, sino que en la misma Creación nacida de sus manos nos dejó remedio para muchas de nuestras enfermedades. La humanidad ha trabajado durante siglos al servicio de la comprensión de la enfermedad y tratando de encontrar los remedios contra la misma. Y al fruto de ese esfuerzo se le ha denominado “ciencia médica”, que es el conjunto de “procedimientos y fármacos cuya eficacia se ha demostrado científicamente, (…) orientado a la curación de una enfermedad, al alivio de un padecimiento o a la promoción integral de la salud”. Estoy citando un texto de la Organización Médica Colegial de España (OMC), corporación que representa a los médicos colegiados de España, y que está también seriamente preocupada por la carencia de base científica de los -así llamados- “medicamentos homeopáticos”.

¿Qué dice en concreto la Organización Médica Colegial de España sobre la homeopatía? El 17 de diciembre de 2013, ante la publicación del borrador de la orden del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad para regular los medicamentos homeopáticos, publicó la “Declaración de la OMC acerca de las terapias no convencionales”. Allí afirmaba: “Todos los médicos deben tener presente que no son éticas las prácticas inspiradas en el charlatanismo, las carentes de base científica y que prometen a los enfermos la curación, los procedimientos ilusorios o insuficientemente probados que se proponen como eficaces, la simulación de tratamientos médicos o intervenciones quirúrgicas y el uso de productos de composición no conocida (Art. 26.2 CDM)”. (Para ver documento completo, pincha aquí).

El documento es más amplio, pero bastan estas líneas para poner en entredicho, desde varios frentes, toda la práctica homeópata y para manifestar la preocupación de la Organización Médica Colegial de España. El mismo vicesecretario de la Organización, el Dr. Jerónimo Fernández Torrente, afirmó en una Jornada-Debate sobre Homeopatía celebrada el 2 de noviembre de 2015 que: “cuando hablamos de Homeopatía y otras técnicas y terapias no convencionales (TTNC), nos movemos en un contexto de incertidumbre científica, de diversidad de competencias profesionales, de heterogeneidad de la práctica y de escasez de controles de calidad de su actividad”. Y Juan Esteva de Sagrera, Catedrático de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona señala: “Lo curioso de la homeopatía es que, siendo como es una teoría ajena a todos los avances de la biología molecular, de la bioquímica y de la farmacocinética, sigue siendo aplicada por médicos en ejercicio”. 

No son solo los médicos españoles los que se expresan así. La Academia de Ciencias de Rusia declaró que la homeopatía “es una pseudociencia (…) que carece de fundamento científico”, agregando que “los principios que rigen en la homeopatía son propios de la etapa protocientífica de desarrollo de la fisiología y la medicina”. La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos recomendó al gobierno del país que los productos utilizados en homeopatía se vendiesen debidamente etiquetados informando que “no hay evidencia científica de que este producto funcione”. En Australia, el Consejo Nacional de Salud e Investigación Médica también se posicionó en contra de la homeopatía afirmando, en octubre de 2013: “Quien escoja la homeopatía puede poner en peligro su salud”. En Reino Unido, aunque dos hospitales del sistema nacional de salud ofrecen homeopatía, declaran que “no hay evidencia de que sea un tratamiento efectivo”. Además, en 2010, el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes constató que los principios en los que se basa la homeopatía son “científicamente improbables”.

Hasta aquí lo que dicen voces autorizadas de la comunidad médica: no hay evidencia científica que avale a la homeopatía. Su eficacia no va más allá –en el mejor de los casos- que la eficacia que pueda tener un placebo. Eso sí, es una industria que produce pingües beneficios, miles de millones al año, por eso hay a quien interesa mantenerla. 

No es poco lo que sabemos ya. Pero no es todo. Porque, ¿qué es realmente la homeopatía? ¿En qué consiste? ¿Cuáles son los principios activos de estos supuestos medicamentos? 

La homeopatía fue inventada hace algo más de doscientos años por el médico alemán Christian Friedrich Samuel Hahnemann (1775-1843), que no tenía problema en declarar que era masón y ocultista y que aborrecía a Jesucristo. No son anecdóticos estos datos, es más, están en la misma base de la doctrina que elabora.

Su doctrina se basaba en el principio de que «lo similar cura lo similar». En efecto, el doctor afirmó haber descubierto que la sustancia que provoca la enfermedad, disuelta infinitesimalmente, produce la curación de los síntomas por la llamada “memoria del agua”, que recuerda con qué sustancias ha estado en contacto. La forma más habitual de preparación de una dilución homeopática es la siguiente: se coge 1 ml de la sustancia original (llamada “tintura madre”) y se mezcla con 99 ml de agua. Se agita este preparado y se obtiene una dilución de 1 CH (Centesimal de Hahnemann). A continuación, se coge 1 ml de este producto y se repite la operación: así se consigue una dilución de 2 CH. Cada vez que se realiza una de estas mezclas, la sustancia original queda diluida cien veces más en el preparado final. Se supone que estos productos son más efectivos cuanto más diluidos están. Un simple cálculo permite saber que una dilución de 12 CH no contiene ya ninguna molécula del principio activo. Es, en otras palabras, simplemente agua. Sin embargo, no es raro ver medicamentos homeopáticos con diluciones de hasta 30 CH. Para saber qué significa esto, podemos acudir al ejemplo perfectamente planteado por Ben Goldacre en su libro Bad Science: Imagina una esfera de agua con un diámetro de 150 millones de kilómetros (es la distancia que hay entre la Tierra y el Sol). Imagina una esfera de agua de ese tamaño con una molécula de una sustancia disuelta en ella: eso es una dilución 30 CH. El mismo Hahnemann confesaba en su libro fundamental, Organon (2:12), que “la curación proviene del poder cósmico transferido al remedio por medio del ritual de potenciación”. El ritual de potenciación del doctor Hahnemann consistía en una agitación metódica y vigorosa del preparado a la que daba el nombre de “sucusión” y que el médico alemán realizaba golpeando con su Biblia el recipiente que contenía la mezcla.

Después de esta larga explicación, la gran pregunta a hacer es esta: si no hay principio activo que cura, ¿qué es lo que provoca la curación –cuando cura- la homeopatía? ¿Qué tipo de “poder curativo” es ese “poder cósmico transferido al remedio por medio del ritual de potenciación”? Como creyentes, sabemos que podemos obtener la curación de nuestras enfermedades a través de dos caminos: la curación a través de la intervención de Dios, es decir, un milagro; y la curación a través de la medicina y la farmacología, que utilizan los recursos de la naturaleza. La homeopatía no encaja con ninguna de estas dos posibilidades. Y sin embargo, hay pacientes que afirman ser curados. Al margen del posible efecto placebo, hay que tener en cuenta los contactos de Hahnemann con el ocultismo, y sospechar que este método de curación tiene relación con el poder de las tinieblas, confirmando lo que decíamos al inicio del artículo, que nos encontramos ante “prácticas curativas rituales”. 

A este respecto, es interesante el testimonio de la doctora Emilia Vlcková quien, tras años de ejercer la medicina tradicional, comenzó a interesarse por la homeopatía e incluso llegó a practicarla sobre sus propios hijos. Un sacerdote amigo la avisó de la relación de la homeopatía con la Nueva Era, pero Emilia estaba tan entusiasmada con la nueva terapia que no le hizo caso. El testimonio completo es accesible en internet, por eso no voy a entrar en detalles. Para Emilia, la voz de alarma llegó cuando sus cuatro hijos comenzaron a experimentar “extraños síntomas de deterioro psicoanímico que estaban erosionando su salud”. Las pesadillas y terrores nocturnos hacían imposible el descanso de la familia. La doctora Vlcková comprendió que tenía que investigar más. 

En su búsqueda encontró un pequeño libro titulado “A propósito de magia y demonología”. Se trataba de una nota pastoral de los Obispos de la región italiana de la Toscana, publicada el 23 de febrero de 1997. En el punto 6 de este documento, los obispos toscanos hacen una enumeración de los distintos tipos de magia: la magia “por contagio”, la magia a través de “hechizos”… y la magia “imitativa” que consiste –precisamente- en que “lo similar produce lo similar: derramar agua por tierra traerá la lluvia, traspasar los ojos de un muñeco dejará ciega o incluso hará morir a la persona que representa”. La doctora cayó en la cuenta de que el principio de actuación de la magia imitativa era exactamente el principio fundamental de la homeopatía: «lo similar cura lo similar». Para la doctora Emilia Vlcková la conclusión fue evidente: “Comprendí que los principios de la homeopatía están basados en la magia”. Es decir, que si la homeopatía tiene algún resultado sanador, lo debe a su relación con la magia. Habrá quien quiera poner la etiqueta de “magia blanca” a esta magia aparentemente “buena”, destinada a hacer “el bien”. Pero la magia, del color que sea, es siempre magia, e implica ponerse en relación con Satanás de una u otra manera. Y esto aún cuando desconocemos la conexión. 

Obviamente, este es un camino tremendamente peligroso. ¿Por qué? Porque Dios, cuando nos concede algún beneficio, lo hace porque es bueno y nos ama. Su amor es gratuito y no pide nada a cambio. En cambio, el demonio no es bueno, es un ser malvado que no conoce el amor. Es incapaz de amar y desconoce por tanto la gratuidad. Por eso, cualquier “beneficio” que nos conceda, cualquier aparente “favor” que nos haga, será siempre interesado, será siempre “a cambio de”. Entrar en relación con él puede tener consecuencias funestas no solo en este tierra, sino incluso eternas.

En este nuevo paganismo en el que vivimos, en el que muchas almas no han recibido ya la más mínima formación cristiana, a muchas personas les da lo mismo encender una vela a Dios o encendérsela al diablo. Con tal de que alguien les cure y proteja, les da lo mismo quién sea. Pero hay que avisar que no da lo mismo, y decirlo claramente: no da lo mismo a quien pedimos protección.

¿Qué hacer entonces cuando un médico nos proponga hacer uso de “preparados” (me niego a llamarlos medicamentos) homeopáticos? Con toda firmeza rechazar esa propuesta y exigir al médico que sea médico, es decir, que ponga los conocimientos de la ciencia al servicio de nuestra salud, dejando sus “creencias” fuera de la consulta.  ¿Y si es un amigo o una amiga el que me dice que lo tomó y le hizo bien? Pues entonces, quizás convenga que te vuelvas a leer este artículo para que tengas información suficiente (tanto a nivel médico, como histórico, como sobrenatural) para explicarle por qué no quieres hacer uso de los preparados homeopáticos.

Evidentemente, la homeopatía no es la única peudoterapia empapada de esoterismo que ha penetrado en consultas y hospitales. Hay otras muchas cosas de las que tendremos que hablar, a comenzar por el reiki y a continuar por otras muchas prácticas. Es curioso, y es para reflexionar un rato. Durante mucho tiempo se ha acusado a la Iglesia de oscurantismo y de resistencia a la evolución científica. De hecho, no pocas voces continúan acusándola de lo mismo aún hoy. Y sin embargo, llegamos al siglo XXI –siglo del más alto desarrollo de la ciencia médica- y nos encontramos con que el oscurantismo está invadiendo el mundo de la salud, de la mano de los mismos “profesionales de la salud”. A mí no me cabe duda de que es el “pago” al paganismo reinante. Y solo hay un camino de salida de este atolladero en el que estamos metidos: abrir de par de par las puertas a Cristo y permitir que su luz penetre nuestras inteligencias y nos guíe hacia la verdad.

Hna. Beatriz Liaño

Sierva del Hogar de la Madre

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