Viernes, 12 Marzo 2021 00:00

Aborté

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No hablaba de ello. Nunca. Tan solo lo hice en confesión cuando quise volver a Casa, a la Iglesia.

Recuerdo que lloré absolutamente cada segundo que estuve dentro del confesionario, que no fue poco, pues gracias a Dios me topé con un sacerdote maravilloso que me mostró la mirada misericordiosa del Padre. Ni un atisbo de reprobación o condena en su mirada ni en sus palabras.

No he vuelto a hablar de ello, excepto con alguna persona muy allegada y ahora en estas letras. Me propusieron hacerlo y creo que sí, que es urgente hablar de esto. No diré nombre ni datos, pues a pesar de sentirme perdonada, me cuesta quizá aún perdonarme a mí misma y no me veo capaz de contarlo, como he visto a otras mujeres, a los cuatro vientos. A lo mejor el Señor un día me da la gracia de hacerlo.

Yo aborté.

Era muy joven. Siempre dije que nunca abortaría llegado el caso, pero cuando llega… ¡qué miedo, qué desesperación, qué sensación de que el mundo se viene abajo! Te da tanto pánico, que en tu cabeza lo único que puedes escuchar es: “no puedo tener un bebe”, “no puedo tener un bebé”… Y esa afirmación se reafirma con tu círculo más próximo, pues… tu pareja y amigas piensan lo mismo. Y a ellos lo del aborto no les parece mal. Te autoconvences de que no hay otra salida. No piensas en el bebé, nada… Quizá porque sabes que, si lo haces, nunca tomarías esa decisión.

Buscas una clínica, llamas, conciertas una cita. Acudes el día señalado. Está en un barrio bonito, adinerado. En la entrada te reciben dos mujeres jóvenes, guapas, altas, con visibles operaciones de cirugía estética, como sacadas de un desfile de moda… Sonríen, te tratan amablemente. Te conducen a la sala de espera. Hay un montón de chicas… algunas con sus parejas, otras incluso con sus padres… Después de esperar, pasas a una sala con un doctor que te hace una ecografía para saber de cuánto estás. No te enseñan la pantalla. Su comentario: “¡Ah! Esto es muy fácil. Casi ni se ve”. En tu ceguera, te sientes un tanto aliviada. Te pasan con el psicólogo. Es necesario entrar en alguno de los supuestos por los que es legal abortar (antes los había, al menos en teoría). Te dice que tienes que rellenar un formulario, pero que “mejor lo hago yo para que encajen las respuestas”; ni siquiera te deja leer el papel. Realmente, en ese momento solo quieres que todo termine rápido, así que no le contradices. Te mandan a casa y te dan cita unos días después para la intervención. Vuelves, muerta de miedo, no quieres pensar, eres como un autómata. Vas y punto. Las mismas caras sonrientes, palabras que quitan hierro al asunto… Nadie, en ningún momento, pronuncia nada relativo a un bebé. “Cinco minutitos y cuando despiertes, para casa”. Como si nada hubiese pasado. Yo lo borré de mi cabeza, imagino que como medio de autodefensa: si no pienso en ello, no duele.

Así lo trata el mundo: como si nada hubiese pasado. Y la realidad es que, en ese pequeño lapso de tiempo, ha pasado lo peor que podía pasar: se ha asesinado (literalmente) a un bebé con el consentimiento de su madre… y el visto bueno de la sociedad que lo avala incluso con leyes. ¿Qué puede haber peor?

¿Por qué intentan disfrazar algo que supuestamente es bueno? ¿Para qué evitan cualquier tipo de conversación o referencia a un bebé, un embarazo, un vistazo a la ecografía… si están haciendo algo bueno por mí? Porque saben que si una mujer, aun desesperada, se da cuenta de que ya es madre, que en su vientre hay un bebé y no “algo que casi ni se ve”… corren el riesgo de que salga corriendo y se queden sin clienta.

Escribo esto porque hay que hablar de ello. Porque quiero que, si alguna mujer piensa en ir a abortar, tenga a alguien que le dé la otra versión, que le pueda abrir los ojos. Hay que decir claramente que un aborto es un asesinato…¡de tu propio hijo! Que no te lo vendan de otra manera. Muy poca gente habla sobre ello. Las que lo hacen es para decir que “es un derecho de la mujer”. Las mujeres provida tenemos que hablar de ello, sin temor, sin miedo al qué dirán. Que no haya ninguna chica que no tenga, al menos, la oportunidad de toparse con la verdad.

Si te quedaste embarazada y no es el momento… (o eso consideras): ¡no es una tragedia! Abortar, sí.

Sí, seguramente no será fácil. Pero la losa del aborto sobre tus hombros pesará más que la “carga” de tener un hijo. Por experiencia lo digo. Volví a quedarme embarazada al poco tiempo, con 19 años, y decidí tener a mi hija. No fue fácil. Tuve que estudiar, trabajar y cuidar de ella. Madurar de golpe. Pero lo que gané en madurez, responsabilidad, paciencia, superación, olvido de mí misma, entrega, capacidad de amar… no lo hubiese conseguido de otra manera. Ser madre, contra todo pronóstico, fue una bendición.

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